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La desfachatez que evidencia la corrupción en el Legislativo

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Quien iba a pensar que el resentimiento combinado con el enojo y la decepción entre el personal que labora cerca de la diputada del PT, María Félix Pluma Flores, fuera el estímulo para que soltarán la lengua y se conocieran los excesos y las transas que por meses ha llevado a cabo esa bisoña legisladora que ocupa ese cargo sólo y simplemente por ser hija del aún alcalde de Tlaltelulco, Rubén Pluma Morales.

La indiscreción de ese personal recientemente permitió conocer que la “honesta” diputada del Partido del Trabajo guardó por 10 meses los cheques que cada 30 días recibía puntualmente del Congreso del Estado para financiar sus actividades y llevar a cabo gestiones entre sus electores, demostrando que esos recursos públicos nunca se utilizaron para el fin y el objetivo que tiene su origen.

Oye, la diputada no tiene vergüenza. Es un descaro de su parte no apoyar a la gente ni a nosotros que somos los que realmente trabajamos en el Congreso, diría un colaborador de esa legisladora que al parecer es el orgullo del Partido del Trabajo.

Si, se pasa y sigue los pasos de su voraz papá en Tlaltelulco, habría respondido el otro empleado sin percatarse de la presencia de otras personas que no perdieron detalle de ese revelador diálogo.

Guardar los cheques por cien mil pesos de gestión que cada mes recibe la diputada y depositarlos juntos en su cuenta personal para presumir que ahora es más rica porque de un día a otro su saldo aumentará en un millón de pesos es un exceso y una tontería, agregaría el empleado de la legisladora Pluma Flores.

Fue así como la indiscreción poco a poco empezó a correr hasta que llegó a oídos del quisquilloso Nils Gunnar Jaime Robles Andersson, el contador y responsable de la Secretaría de Administrativa del Poder Legislativo de Tlaxcala que terminó por comprobar el mayúsculo descuidó de la diputada María Félix Pluma, por lo que de inmediato corrió a alertar de ese estúpido movimiento bancario al legislador morenista y presidente del Comité de Administración del Congreso de Estado, Rafael Ortega Blancas, quien hizo el coraje de su vida.

Los movimientos bancarios están registrados y debidamente documentados. Esos recursos públicos fueron a parar la cuenta personal de la inexperta legisladora que cometió el gravísimo error de no preguntar a su insaciable papá y presidente municipal de Tlaltelulco los pasos a seguir para simular la aplicación de esos fondos sin tener problemas o dejar huella de su destino final.

La preocupación de los responsables de las finanzas del Congreso del Estado radica en que se trata de recursos públicos que salieron de una partida que en teoría debe justificarse, de ahí que resulta un desvío a la hacienda pública del Legislativo que esos fondos destinados para solventar las actividades de la diputada y para entregar apoyos a los ciudadanos hayan terminado íntegramente en su cuenta bancaria.

La legisladora del PT tendrá mucho que explicar y aclarar. Recibir cheques para gestión que nunca utilizó para entregar apoyos a sus electores de los municipios de Tlaltelulco y Chiautempan o de cualquier otra región de la entidad resultaría una brutal ofensa y una enorme transa.

María Félix Pluma no puede argumentar que durante diez meses no hubo tlaxcaltecas que la buscaron o le solicitaron una ayuda económica, sobre todo porque en las últimas semanas cientos de personas han enfrentado una difícil situación por la actual emergencia sanitaria provocada por la pandemia de Covid-19.

A esta diputada que forma parte de la Cuarta Transformación se le olvidaron muy pronto los tres mandamientos que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, pregonó durante su campaña, en el sentido de «no mentir, no robar y no traicionar».

Esos compromisos fueron arrojados a un hediondo excusado, donde hace tiempo también se perdió la buena fama y prestigio de la familia Pluma Flores, cuyos integrantes podrán seguir disfrutando por unos meses más de poder y de la disposición de recursos públicos para después nadar y disfrutar desde las cañerías su fortuna.

Mucha razón tuvo el diputado morenista Víctor Manuel Báez López cuando subió a la tribuna del Congreso del Estado para reconocer que los ciudadanos tienen toda la razón al catalogar a los actuales diputados de pendejos y transas.

Qué asco.

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