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Héctor Maldonado Bonilla, presidente del Tribunal Superior de Justicia en el Estado, debería ser más sensible y dejar de mofarse de los abogados tlaxcaltecas que tiene maestrías, doctorados o alguna especialización, porque para muchos fue un insulto conocer que tres ex magistrados de muy dudosa reputación se incorporarán al Claustro Académico del Instituto de Especialización Judicial.

Una de las pocas cualidades que hay que reconocerle al magistrado presidente del TSJE, Héctor Maldonado, es la facilidad que tiene para asumir decisiones de conveniencia que le permiten quedar bien con todos y llevar la fiesta en paz, al menos al interior del Poder Judicial donde los marianistas encontraron refugio para hacer contrapeso a los menistas.

Una vez que Maldonado Bonilla logró ubicar a la michoacana Georgette Alejandra Pointelin González como Secretaria Ejecutiva del TSJE, el malestar de los trabajadores del Poder Judicial de Tlaxcala se hizo evidente, pues muy pocos aceptaron que la consentida y amiga del magistrado presidente desempeñara un papel más protagónico, sobre todo porque su postura de diva la lleva a cometer desplantes que le han generado rechazo.

Y antes de que el clima al interior del TSJE se descompusiera más, se dice que el ex consejero jurídico del gobernador Mariano González Zarur habría decido apapachar a tres ex magistrados en retiro para pedirles su ayuda para calmar las muestras de inconformidad que existían, pues muchos de los empleados llegaron a su cargo por alguna recomendación o favor de esos abogados.

Al parecer los ex magistrados aceptaron y terminaron por mediar a favor del poblano y la michoacana. A cambio de ese gesto Héctor Maldonado optó por incorporar a los ex magistrados en retiro Rafael Juárez Castañeda, José Amado Justino Hernández Hernández y Pedro Molina Flores al Claustro Académico del Instituto de Especialización Judicial, donde se dice que compartirán sus conocimientos y experiencia en materia jurídica.

Si el nivel académico de Héctor Maldonado que presume ser Doctor en Derecho se circunscribe a los conocimientos y experiencia de esos ex magistrados estamos jodidos, porque habría que revisar sus antecedentes para llegar a la conclusión que ninguno goza de prestigio académico y laboral.

Justino Hernández es recordado por llegar ebrio a dar clases a los estudiantes de derecho de la UAT, así como de hacer espectáculos de borracho cuando acudía a congresos como presidente del TSJE, al grado que sus asistentes tenían que ayudarlo a bajar el cierre del pantalón para que éste distinguido abogado pudiera hacer “pipi” sin mojar sus pantalones.

Pedro Molina es un abogado que le debe todos sus títulos académicos al ex rector de la UAT, Serafín Ortiz Ortiz, sin embargo cuando tuvo que traicionar a su benefactor lo hizo sin ningún problema con tal de lograr un cargo más.

Su paso en el TSJE es muy cuestionado y más con algunos fallos que emitió en materia electoral, pues se dice que ese magistrado era muy dado a inclinar la balanza de la justicia dependiendo de los estímulos que recibiera.

Bueno, pero quizá no se le puede exigir mucho a Héctor Maldonado que su según sus alumnos de Derecho de la UDLA era un mal profesor, cuya carrera en la administración pública se la debe a la cercanía que su papá Héctor Maldonado Villagomez tuvo con el ex gobernador Mariano González y a la ayuda que le ofreció a Mariano González Aguirre para que terminara su carrera de abogado en la mencionada institución de educación superior que se ubica en el vecino estado de Puebla.

Pronto documentaremos la simulación que se vive al interior del TSJE, porque es evidente que subsisten los mismos vicios, negocios, deficiencias y corrupción que prevaleció en la gestión que tuvo como presidenta del Poder Judicial la magistrada Elsa Cordero Martínez.

Sólo hay que tener presente que los marianistas controlan el Poder Judicial y eso implica que ningún peso está a salvo de las finanzas del TSJE.