Cuánta nostalgia sintieron los alrededor de trescientos comensales reunidos en torno de Mariano González, el sábado anterior, en uno de los ranchos de la familia González. Querían convivir, platicar y, si se podía, papachar al gobernador electo. Ya no se les hizo.

Ahora sí que el gobernador electo, Mariano González Zarur –como emplazado por el tristemente célebre Vicente Fox -, comió y se fue, sin dar un mensaje, sin mostrar los acostumbrados afectos, sin abrazar a sus familiares y amigos que, año con año lo han acogido en estas fechas.

Serían unas trescientas personas en uno de los ranchos de los González, quienes expectantes aguardaron largamente la llegada del querido Mariano.

Ya sabe usted; que el palenque… que el pulque… que la barbacoa… o sea, los detalles que encuadran el contento  del nutrido (y hoy creciente) número de fans, a quienes no habrían caído mal unas palabras del divo nacido el tres de abril de 1949.

¿Será el peso del poder sobre su espalda, o el rechazo a la mínima insinuación de algún pariente a pedirle chamba?

Si existiera la mínima posibilidad de un planteamiento así, pues el gober electo trató a sus festejantes con indiferencia, y en cuanto pudo, se levantó y se fue.

Sobrevino el intercambio de miradas entre los presentes… no, pues ya se le subió (murmuraban unos)… cómo has cambiado, … decían a sus adentros otros, pero lo más evocaban pasadas celebraciones, con la presencia de hasta mil quinientos incondicionales del ex diputado federal, seguros de que algún día se les haría verlo sentado en la silla más importante del estado.

Esto que pasó con sus cuates es una muestra del pesado ambiente alrededor de quien ofreció el retorno del PRI de antes al poder.

Mire usted este detalle. Ícono de ese priísmo al que muchos preferirían no recordar, el señor Ariel Lima Pineda, jugó un papel preponderante en la organización del más reciente foro realizado en el hotel Jerocs.

A nombre del señor gobernador (electo) mister Ariel llamó a personajes que se sintieron parte importante de la campaña proselitista. Los citó, les asignó lugares, pero no les advirtió que la convocatoria carecía de cualquier logística y que las llamadas personales rebasarían las mil, cuando los lugares disponibles no llegaban a cuatrocientos.

El resultado usted lo conoció. Un sobrecupo.

Quienes llegaron y se toparon con un auditorio abarrotado, ni siquiera pudieron entrar.

Y quienes pensaron que en el foro, el gobernador electo escucharía con atención argumentos de los de a pié, estaban en un error.

Esto fue un acto armado al más puro estilo tricolor de culto a la persona, donde presuntos expertos en los temas tomaron el micrófono por asalto y mantuvieron  -sin alternativa – a los presentes, pegados a sus sillas (los que alcanzaron y los que no, pues ahí, paradotes) escuchando el marco de lucimiento a la figura de un gobernador a quien no le vendría mal aprender a escuchar.

¿Ese es el PRI de antes?, ¿Esa es la oferta política de quien impuso una formidable diferencia en las urnas?

No. Ese es un modelo equivocado que debe dejar atrás actos perjudiciales y hasta ofensivos, utilizando al, “señor gobernador electo” como causa para exhibir la frustración de dos sexenios alejados de la nómina.

Veamos en la actitud de Ariel Lima, el superlativo de la abyección marianista hacia sus simpatizantes.

Pero el señor Lima no se manda solo.

Hay alguien sobre él que le ordena y lo reprende por la impunidad en la que llegase a incurrir.

Al menos eso esperamos.

De no ser así, la que nos espera, señoras y señores, con la vuelta a escena de Arieles y Rubenes y Sergios, aderezados con Andalcos y Felipes y hasta Piedras.

Que Dios nos agarre confesados.