Si hoy nuevamente los diputados y las diputadas locales se muestran dóciles y obedientes, tal y como lo evidenciaron el pasado martes cuando ungieron por unanimidad al priista Arturo Lucio Salas Miguela como el próximo titular del Órgano de Fiscalización Superior, este día será aprobada la reforma constitucional que flexibiliza los requisitos para ser responsable de la Secretaría de Gobierno en Tlaxcala.

 

 

Dicen que los inquilinos del Palacio Legislativo recibieron miles de estímulos por parte de su jefa política para no sólo concretar la designación de Salas Miguela, sino para modificar la Constitución a fin de facilitar la llegada de un subordinado a la poderosa Secretaría de Gobierno que el lunes próximo abandonará, por fin, el ex panista Sergio González Hernández.

 

El cambio legal será menor, pero es obvio que éste lleva dedicatoria para el morelense Luis Antonio Ramírez Hernández, quien saltará de la Secretaría del Medio Ambiente a la Secretaría de Gobierno, posición que le dará más reflectores, poder y cercanía con la mandataria que algo verá en ese colaborador para dejarlo como el segundo al mando, decisión que si se materializa no será del todo bien vista por los tlaxcaltecas que de por sí ya sienten excluidos de la actual administración.

 

La reforma es muy simple porque sólo modifica la fracción primera del párrafo cuarto del artículo 67 de la Constitución, en donde se establecerá que para ser secretario de Gobierno en Tlaxcala se requiere: “Tener nacionalidad mexicana y estar en pleno ejercicio de sus derechos, con una residencia, domicilio o vecindad, de cuando menos tres años anteriores al día de la designación”.

 

Luis Antonio Ramírez aterrizó en Tlaxcala a mediados del 2020 y como primera residencia tuvo una casa de color rosa que se ubicaba en el fraccionamiento Santa Elena. Su nombre siempre se había manejado como un probable sucesor de Sergio González, quien hasta hace unos días aún se oponía al arribo del morelense en su oficina, bajo el argumento de que sería un error por las críticas que recibirá la gobernadora Cuéllar por tal designación.

 

Lorena Cuéllar es una gobernadora empeñada en lograr y hacer realidad sus deseos e instrucciones. Lo demostró el pasado martes cuando unos días previos a la sesión del martes operó para obtener la voluntad de los diputados y las diputadas para amarrar la designación del próximo auditor, nombramiento y votación que sorprendió a todos porque nadie vio nada malo y aplaudieron el proceso que fue ejemplar y transparente y que terminó beneficiando a un priista.

 

Sin embargo, eso no quiere decir que no exista malestar, porque se habla que varios participantes están analizando la posibilidad de impugnar el proceso porque hubo dados cargados para los aspirantes lorenistas.

 

A la mandataria sólo le falta concretar el cambio constitucional para cumplir su objetivo de llevar a la poderosa Secretaría de Gobierno al morelense Luis Antonio Ramírez.

 

El más feliz por esa reforma no sólo es el morelense, sino el diputado morenista e impulsor de dichos cambios, Miguel Ángel Caballero Yonca, quien no se cansa de afirmar que tiene asegurada la reelección por haber propuesto y amarrado esa propuesta para su amigo incondicional Ramírez Hernández.

 

Ayer, el cansado e inútil Sergio González confirmó que dejará el gobierno lorenista para buscar a través de Morena un cargo en los comicios del 2024. Aunque su intención siempre fue trabajar para convertirse en senador, no se descarta que termine registrándose para una diputación federal y evitar la competencia con su odiado rival Alfonso Sánchez García, hijo del ex gobernador Alfonso Sánchez Anaya que al parecer ya tomó ventaja al iniciar una anticipada promoción con la exagerada pinta de bardas.

 

El ex panista inició la despedida y no le quedó otra más que recurrir al autoelogio para llamar la atención al presumir que deja un estado en paz y avanzando, sin embargo es obvio que muchos o muy pocos piensan eso porque el común denominador entre los tlaxcaltecas y la clase política es que González Hernández será recordado como uno de los peores secretarios de Gobierno que ha tenido Tlaxcala en los últimos años.

 

Sergio González es un secretario débil, sin liderazgo y que fue acusado de acoso. Un funcionario al que nadie obedecía y era rebasado por los problemas. Un político que terminó siendo un adorno en Palacio de Gobierno de Tlaxcala porque sus labores o las desempeñaba el secretario particular del Despacho de la Gobernadora, Gelacio Montiel Fuentes, o la diputada presidenta de la Junta de Coordinación y Concertación Política, Marcela González Castillo o Luis Antonio Ramírez, aún titular de la Secretaría del Medio Ambiente.

 

Así termina un ciclo y empezará otro que tampoco se ve que vaya a resultar mejor del que está por concluir.

 

Veremos qué pasa.

 

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