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Prepotencia y arrogancia, una mala combinación

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Sin cuidar las formas y los plazos, el hoy arrogante magistrado Fernando Bernal Salazar intentó ayer tomar por asalto la Sala Civil del Poder Judicial donde aún se encontraba despachando la malhumorada marianista Leticia Ramos Cuahutle, quien no soportó que le pidieran su oficina que ocupaba como integrante del pleno del Tribunal Superior de Justicia en el Estado.

Dejando colgado en su clóset la humildad y la prudencia, el abogado que se dice experto en derecho no pudo esperar los tiempos legales y arropado por la soberbia y la prepotencia demostró la prisa que tiene por empezar a cobrar su jugoso salario y burlarse de su principal detractora al interior del TSJE, Elsa Cordero Martínez, quien hace hasta lo imposible por evitar el regreso de Bernal Salazar al Poder Judicial de Tlaxcala.

Sin que el Congreso del Estado hubiera aún notificado el acuerdo por el cual ratificó a Fernando Bernal como magistrado y removió a Leticia Ramos como magistrada, el togado se presentó a las oficinas del TSJE y armó un escándalo innecesario, pues simplemente no pudo esperar unas horas más para recibir la oficina que ocupará sin verse desesperado.

Ante su imprudencia se registró un intercambio de descalificaciones entre Bernal y Ramos, lo que evidenció el bajo nivel que prevalece en el Poder Judicial de Tlaxcala.

Cerca de las 14 horas de ayer se recibió en la oficina del presidente del TSJE, Héctor Maldonado Bonilla, la notificación oficial del Congreso del Estado, de ahí que para evitar más conflictos este día se convocó a una sesión del pleno para recibir a Fernando Bernal que se sumará de inmediato al grupo que integran los magistrados Mario de Jesús Jiménez Martínez y la antimorenista Rebeca Xicohténcatl Corona.

Pero no crea que todos han aceptado el regreso del mediocre Bernal Salazar como togado, pues cuentan que la magistrada y ex presidenta del TSJE, Elsa Cordero, ocupó gran parte del día de ayer para hacer llamadas a fin de conseguir un amparo a su amiga Leticia Ramos para prolongar su permanencia en el pleno del Poder Judicial e iniciar un nuevo litigio sobre el exceso en que incurrieron los diputados locales.

Y ya que hablamos de “osos”, ayer el turista secretario de Salud en Tlaxcala, Alberto Jonguitud Falcón, pasó un mal momento en el foro que organizó el equipo de transición del presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, debido a que ahora sí no tuvo argumentos para justificar los pésimos servicios que ofrece el sector, la falta de medicamentos y las acusaciones de corrupción.

Aunque el funcionario estatal intentó evadir los señalamientos con una risa cínica, los asistentes le reclamaron su actitud y no tuvo otra más que asumir otro comportamiento y aguantar las críticas y señalamientos que se lanzaban contra la Secretaría de Salud que es una de las más cuestionadas en la actual administración.

Si bien la tersa y amigable relación entre el Ejecutivo estatal y el Congreso del Estado ya está en riesgo, también podrían irse al carajo los acuerdos establecidos entre el equipo de transición de López Obrador y el gobernador Marco Antonio Mena Rodríguez para llevar la fiesta en paz, pues los ataques y descalificaciones entre ambos es la constante al grado que es más que obvia la animadversión que se profesan.

Hoy se podría establecer una ruptura definitiva en la bancada del PT, ya que el camaleónico diputado Víctor Báez López, presidente de la Junta de Coordinación y Concertación Política del Congreso del Estado, hará lo posible porque se reconozca y se confirme la coordinación de Irma Garay Loredo como representante de esa fuerza política, dejando sin efecto el nombramiento que tres de los cuatro legisladores de ese partido hicieron a favor de María Félix Pluma Flores para desempeñar esa responsabilidad.

Es muy probable que la corrupta familia Garay que controla el PT desde hace algunos años se mantenga al frente de la bancada de ese partido, situación que podría generar la salida de algunos de sus integrantes que están cansados de los excesos y abusos de Silvano Garay, quien no sólo maneja y dispone de los recursos que recibe el partido en Tlaxcala, sino que además goza de su abultada dieta que recibe como diputado federal.

Todos esos excesos son solapados y permitidos por el partido de López Obrador que prometió un cambio que sólo existe en el discurso, porque en los hechos todo sigue igual o peor.

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