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Ahí tiene usted a Mariano y a Lorena, riñendo como chamacos por la candiatura del PRI, acaso no se dan cuenta que otros arden en deseos de poseer esa perla negra?

El mutismo del PRI y su dirigente nacional, Beatriz Paredes Rangel, parece enfocarse a un eficiente desgaste entre los dos tricolores con la mano levantada para ser ungidos candidatos: Lorena Cuéllar y Mariano González.

Y aunque ambos pueden quedar como el perro delas dos tortas, no cabe duda que dela decisión priísta dependen las acciones del PAN-Ortiz-Beatriz.

1.- Si el PRI se inclina por Mariano, el orticismo moverá su principal ficha, que es el diputado con licencia Julián Velázquez Llorente. Se trataría de un duelo entre dos sujetos y una mujer (Minerva), donde el personaje a vencer es el temperamental criador de reses bravas.

2.- En el caso que la ungida fuese Lorena Cuéllar, es muy probable que el trust PAN-Ortiz-Beatriz, se incline por llevar a la línea de fuego a la otra legisladora con licencia, Perla López Loyo, un funcional personaje de utilería, carente de iniciativa, tal y como lo marca la regla no escrita de sus seguros patrocinadores. O sea, sus posibilidades de triunfo son vastas.

3.- Pero, si la perredista Minerva Hernández Ramos, es beneficiaria de la estéril lucha iniciada entre Lorena y Mariano, y logra la cohesión de una gran alianza, esa sí de veras grande, aguas, porque al proyecto panista le estarían temblando las rodillas.

4.- No descarte usted que esta posibilidad esté calculada en el remoto caso de que, la heredera del estilo de los muchachitos pendencieros, consiga a fuerza de insistir a su supuesto amigazo y protector Felipe Calderón, la candidatura panista. En ese escenario: a) el orticismo da media vuelta y se vuelca a apoyar otro proyecto que, desde luego no sea  encabezado por Mariano. En consecuencia, el nombre restante es el de Minerva, candidata de una corriente, recuérdelo, inserta en el pragmatismo de Chucho Ortega, al cual ni le disgusta ni le quita el sueño la firma de pactos, en el sentido que sea, con tal de conquistar el poder.

Consideremos a estos cuatro escenarios como muy analizados por el trust orticista/beatricista, pero añadamos un detalle, nada irrelevante, que consiste en la poderosa seguridad del comandante del orticismo para ganar una elección tras activar a los múltiples grupos  bajo su dominio.

Cabe aplicar la lógica: 1.- Hacer en el PAN política al más puro estilo del priísmo echeverrista da resultado. 2.- Se cuenta con el suficiente poder de movilización para vencer a quien se ponga enfrente. 3.- Luego entonces, no se sonrojen si ven los excesos, porque forman parte del estilo con el que se ganan elecciones.

O sea, no me salgan con que el rubor los invade en su inmaculada concepción de la política, porque se ha llegado a este nivel merced a piquetes de ojos y puntapiés debajo de la mesa. Así que, la beben o la derraman.

Muy a pesar de algunos ha de reconocerse el poder omnímodo que el orticismo conserva a pesar de los momentos complementarios que vive como factor electoral de esta administración estatal.

Renunciar a él en estos momentos sería suicida. Veámoslo así, el pensamiento más negro, que es perder al PAN por la ingenua necedad de Adriana Dávila, ya se ha calculado, y en consecuencia es potencial la orden de dar media vuelta para apoyar a quien convenga.

Bajemos las palabras de Beatriz a nivel estatal. Es capaz, dice, de someter al sacrificio cualquier iniciativa de ella, con tal de ser congruente con el desempeño del país. En otras palabras, se cura en salud si tiene que desconocer algún planteamiento si es que así le conviene.

Ahí tiene usted a Betty y su debate con las feministas que de plano la acabaron con la súbita coloración a Provida que tomó la sedicente mujer de avanzada. Vio que su imagen cae en picada y no le quedó otra que recular.

Así se las gastan quienes conforman el trust del que ya le platicamos. Por eso, si al PAN ya le salieron hongos, pues qué caray, el orticismo dirigiría su vista al PRI, al PRD o a lo que fuese, con tal de conservar el poder.