Dedicaron su tiempo a apoyar causas perdidas, como la candidatura de Noé Rodríguez, y dejaron para después la conformación de esa mayoría de la que hoy carecen.

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Del siete de julio anterior a la fecha transcurrieron seis meses, que el PRI sencillamente dedicó a otras actividades, menos -según juzgamos- a tejer fino entre los diputados electos, con miras a tener un inicio de legislatura sin los sobresaltos que hoy los tienen en una situación francamente desesperada.

Creo que echaron toda la carne al asador del distrito XIII, y de todos modos perdieron.

Su atención dejó de concentrarse donde debía y, la oncena tricolor se dedicó a hacer como que estaban felices de su triunfo en las urnas, claro, a tirar rostro y a pasar unas fiestas decembrinas a la altura de quienes serían unos fregones en este oficio.

Así que la facilidad de palabra de Marco Mena, el interlocutor palomeado por su superioridad, de poco ayuda, como tampoco lo hacen sus conceptos sobre la democracia y hasta sus elocuentes discursos de ese triunfalismo tricolor que con el tiempo se fue convirtiendo en una tercera parte, solo una tercera parte, y no el hegemónico sistema que rigió hasta 1998 en Tlaxcala.

Sin tapujos, el líder priísta -y próximo presidente de la Junta de Coordinación y Concertación Política- reveló que su partido ahora sí anda queriendo dialogar con aquellos a los que en sus estudios socioeconómicos son unos pobres, y dificilmente se negarán a recibir el calor económico de quienes han tenido que recurrir a él, ante la falta de previsión mostrada desde aquella campaña que más tarde se convirtió en un cochinero.

Es que no hay razón para las tardanzas de Mena, si la preocupación mariana en el proceso electoral fue siempre conservar la fuerza en el Congreso, ya no para aprobar reformas, sino para evitar los sobresaltos de lo que pinta con ser una oposición consistente, capaz de dar menudos sustos a quienes han detentado el poder estos primeros tres años y lo han hecho muy a su estilo.

Es decir mejoría, con base en el verdadero oficio político, ejercido casi por nota no lo hay. En cambio, se anticipa una brutal derrama económica, del tamaño del miedo de no tener un cierre en franca calma.

Y es aquí donde los diputados de Tlaxcala viven la prueba de fuego.

Tenemos registros de políticos de quinta que antes de pertenecer a alguna legislatura eran unos tíos más bien en apuros económicos, pero después, hasta casa en Houston consiguieron. Vaya usted a saber cómo le hicieron para mantenerla, o a lo mejor optaron por venderla para regresarse, maltechos a causa de su absoluta dependencia de los estímulos económicos, porque caminar solos de plano no pueden.

Hoy no está en juego reforma alguna, sino la sucesión.

La irrupción de los dieciocho fue poco menos que espectacular. Ojalá no sucumban al dinero.

Y creo que la otra prioridad es la cárcel para los funcionarios asquerosamente corruptos… esos que se hacen los ofendidos a la menor crítica y muestran lo delicado de su cuero cuando alguien se atreve a llamarlos por su nombre: ladrones, saqueadores, oportunistas.

Ya van dos goles anotados contra un parte institucional sorprendida por sus propias ineficacias:  el G-18 yel control del Congreso.

En lo sucesivo veremos la disputa por las comisiones y los órganos de dirección.

¿De qué cuero saldrán más correas?