Hay quien opina que el mal tiempo es uno de los principales aliados del hacendado gobernador, quien anoche tuvo emotivas visitas en la pachanga, después de cumplir con esto de vitorear héroes.

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Tal vez el mal tiempo fue uno de los aliados circunstanciales para inhibir a una escasa concurrencia a la ceremonia con motivo del 203 aniversario del Grito de Dolores. Y como una vez más las azoteas cundieron de francotiradores, pues entre salir del compromiso y el natural desencanto que genera un gobierno agotado, hubo de intervenir el Instituto Tlaxcalteca de la Juventud (ITJ) con el urgente operativo de acarreo, mejor traslado, para que no se escuche tan fuerte.

Para el protagonista fue un marco envidiable. Hasta se animó a dejar el balcón. Y aunque la presencia de su seguridad personal era casi ofensiva, pues… la gente tuvo hasta oportunidad de tomarse fotos con el más temperamental de Tlaxcala.

La cosa era dar prisa a este compromiso para cuyo cumplimiento no se escatimó en gastos relativos a seguridad. Ojalá ello fuese cotidiano. Cuando se lo proponen, puede sentirse la eficiencia del gobierno. Como anoche.

Tras cumplir, la familia real se dirigió al auditorio Joaquín Cisneros, en el Centro Expositor.

Allá, una selecta concurrencia ya aguardaba al anfitrión (¡!). Y entre canapés, pozole, güisqui y tequilita, varios rostros concentraron miradas.

El primero, el de junior, el poderoso y más codiciado soltero cuyas operaciones a lo largo de los primeros tres años de esta aventura, ni siquiera se acercaron a la expectativa.

El segundo, ¡Mario Armando!, ya sin el séquito de guaruras con el que usualmente se movía. Venía más flaco… tal vez ya no tiene carta abierta en algún Vip’s, como aquí.

¿Invitado especial?, ¿cómo para qué?

El cuchicheo.

De las mesas más popof salían indiscretos: «¡que regrese… lo que se llevó, jajajá!».

Pero ya sabe usted, las bromas, con el volumen apenas para escucharse entre sí, porque si los oye el amo, seguro los saca.

Baile tenso. Música estresante. Eso sí, los pasados de copas, como siempre, hablando de más, pero atentos a meter el freno de emergencia… no vaya a ser…

Uno de los más incómodos: García Portilla. ¿qué hacía el michoacano en esta fiesta… de puros cuates?

Suena lógico su eventual retorno. Al partir, se perdió el equilibrio entre los grupos, que no se miden a la hora de exigir lo suyo. Cierto, el purépecha no servía de mucho en materia electoral, ni en cuestiones de inteligencia, pero qué eficiente era a la hora de asumirse como el alter ego de Mariano.

Se encargó de bajar de su nube a varias docenas de ingenuos creyentes en la amistad que alguna vez pensaron tener con el criador de reses bravas.

No lo descarte. Puede volver. Sus afectos lo reclaman. Y hasta a sus críticos les hace falta.

Pero los que andaban inconsolables con su partida eran los de la oposición. Mejor aliado no habían tenido en años. ¿Quién mejor que Mario Armando para inducir al PRI a derrotas garantizadas? ¡Nadie!

Verlo, aunque sea tantito después del Grito, para muchos volvió a encender la veladora de la psicología inversa. Ni siquiera son temas de corrupción, equivocaciones o imposiciones. Es que el tipo tiene ángel… ese que se requiere para tronar los proyectos de casa. O sea, sin proponérselo hace felices a muchos.

La lluvia

Hubo que ver la pésima lectura de Pedro Pérez Lira, el alcalde de Tlaxcala confrontado con todos. No se crea, algunos todavía tienen la esperanza que algún día se disculpará de sus tarugadas, como eso de maltratar a los vecinos de la Prolongación Morelos.

Hasta ahora no ha llegado esa oportunidad.

Así terminan los políticos de ese estilo… el estilo Pérez Lira…