Reminiscencias

Cuando yo era niña, a mi casa llegaban revistas como O Cruzeiro y Seleções -Reader’s Digest, junto a las coloridas Gasparzinho y Luluzinha, para nosotros los niños. Yo no sabía leer, pero me impresionaban las fotografías de las revistas de los mayores y preguntaba a mis padres por qué tenían tantas letras sus revistas.

Yo las ojeaba una y otra vez, queriendo entender lo que contenían. Las imágenes de vestidos, partidos de futbol, trajes carnavaleros, reinas de belleza y de los astronautas pisando el suelo de la Luna con sus mochilas rectangulares y sus cascos tan parecidos a nuestros gorros de lana que usábamos para enfrentar el frío gélido del invierno del sur. Yo miraba las fotografías de los astronautas y preguntaba incansablemente ¿cómo llegaron a la luna? No podía entender cómo un cohete fue hasta la Luna sin que yo pueda verlo en el cielo que estaba sobre mi casa, si siempre veía desde el jardín los aviones que pasaban.

En esa época, yo tenía una muñeca que hablaba cuando yo estiraba una argolla que estaba en su espalda y otra muñeca que bailaba cuando se le daba cuerda. Todo lo que tenía un botón para encender o apagar, me impresionaba. Me fascinaba la linterna, la radio y la televisión… Los avances tecnológicos de la época estaban al alcance de mi madre que tenía una máquina de lavar ropa, una máquina de lustrar el piso y una sauna portátil a vapor.

Eran momentos increíbles, que parecían que el tiempo se extendería en la tibieza de las tardes endulzadas con un plato de arroz con leche con canela. No existía la idea de que un día las cosas no serían iguales. Era un momento en que pensábamos que los padres serían eternos y nos llevarían de la mano por el mundo. Yo no sabía que, así como los botones encendían y apagaban las luces y los electrodomésticos, también existía un interruptor, en algún lugar, para apagar sus vidas.

Todo pasa tan rápido… como ojear las páginas de una revista o como la breve chispa de un botón que se enciende y se apaga.

 

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Márcia Batista Ramos

Es escritora, filósofa y Cónsul Honoraria de Brasil en Oruro, Bolivia. Autora de más de una decena de libros en diversos géneros, su obra ha sido traducida a 16 lenguas, consolidándola como una figura clave del intercambio cultural iberoamericano. Es columnista internacional en medios de Europa y América, y presidente para Bolivia de la Cámara Internacional de Escritores & Artistas. Distinguida con múltiples Doctorados Honoris Causa, su trabajo combina la creación literaria con una profunda labor de crítica y gestión cultural. A la fecha fue publicada en 38 países.

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