En la película de Stanley Kubrick 2001: odisea del espacio (1968) asistimos a la contemplación de una metáfora filosófica: la idea de que es posible el conocimiento y la iluminación, un evento de revolución cognitiva que conduce al homínido o prehomínido hacia un estado de desarrollo superior. Y hablo de esta iluminación en un sentido platónico: el filósofo griego hablaba sobre los grados de luz y de oscuridad. La sabiduría, o el grado de conocimiento del Bien, la Verdad o las Ideas, sería determinado por nuestro nivel de aproximación a la luz. La luz, entonces, será vista como una metáfora acerca del conocimiento y el acceso al mundo de las verdades eternas.
La película de Kubrick está basada la novela del mismo nombre de Arthur C. Clark, que nos habla de un grupo de homínidos, a quienes describe como Observadores de la Luna. En la película de Kubrick se visualizan sus esfuerzos, sus miedos y sus trabajos en el alba de la humanidad en el Norte de África. Un entorno muy riguroso y de sequía, en donde diversas especies de primates se disputan el espacio y los recursos. Ha dejado de llover, se han acabado los cultivos, las raíces y las semillas. Conocer el entorno es una cuestión de supervivencia. Aunado a esto, hay otros homínidos quienes de disputan el territorio y contra tienen que pelear por las reservas de agua. Se acaba el tiempo, y nuestro personaje Observador de la Luna, lo sabe.
2001, odisea del espacio es una ficción científica que explora la idea de una inteligencia superior plantando monolitos y sondando las mentes de los habitantes para permitirles, luego, entrar en un estadio superior de desarrollo. Un avance que, a la postre, le permitirá al ser humano el dominio total de la naturaleza y sus recursos. Gracias a su poder cognitivo, el hombre terminará por ser el dueño de su destino. En los Diálogos platónicos se narra, en el diálogo “Protágoras”, el mito de Prometeo. De acuerdo con esta versión, Prometeo roba el fuego, que era propiedad de los dioses, de la fragua de Hefestos, para luego entregárselo a los seres humanos y compensar esa asimetría con la que fue creado. El fuego es importante como símbolo porque representa la destrucción y la transformación. Pero Prometeo no solo roba el fuego, sino que también arrebata la sabiduría a la diosa Atenea. La sabiduría profesional que permite el arte y o la téchne, de la que hablaba Aristóteles en su Metafísica.
El ser humano, mono desnudo y animal de larga memoria, incapaz de valerse por sí mismo dado que no tiene una fuerza mayor, garras o colmillos más grandes, o una mayor resistencia a los elementos naturales, de acuerdo con el mito prometeico narrado en los Diálogos, habrá de ser compensado de semejante asimetría con el don de la creatividad, la sabiduría y la técnica, lo que Aristóteles llamaba “arte”. 2001: odisea del espacio logra recuperar este símbolo de transgresión divina y de iluminación, pero, en este caso, ya no es el fuego civilizador lo que le otorgan los dioses o la casualidad: es la noción de la existencia de la herramienta, lo cual le dará una ventaja técnica sobre el resto de otros homínidos. Cuando Observador de la Luna obtiene esa revelación, sabe que una simple herramienta les permitirá a los suyos ya no pasar hambre porque podrá alimentarse de los tapires o los cerdos que pastan alrededor. Tendrán la capacidad de asesinar para deshacerse de los Otros, sus enemigos homínidos contra quienes compite por el territorio y los recursos. La película de Kubrick se convierte en una metáfora visual sobre la necesidad y la voluntad de aprender a partir de las sensaciones, la memoria y la experiencia. Tomar un hueso de un animal y descubrir su utilidad en la alimentación, la guerra o la caza, ya supone pasar de la simple sensación, la memoria y la experiencia, hacia la téchne.
En el mito de Prometeo, tal y como se cuenta en Diálogos, la sabiduría y la téchne se vuelve un castigo porque, si bien, el ser humano se convierte en dueño de su destino, edifica ciudades y conforma su proceso civilizatorio, comienza a vivir en conflicto o en beligerancia: “se atacaban unos a otros, al no poseer la ciencia política; de modo que de nuevo se dispersaban y perecían”. Hacía falta otro ingrediente que permitiera a los seres humanos vivir en armonía, que le permitiera convivir en paz en ese espacio privilegiado llamado polis. Zeus, preocupado por la situación del ser humano, envía a Hermes para entregar a los hombres el sentido moral y de la justicia. Ese sentido de vergüenza ética o aidós, sería repartido de manera universal a todos, sin importar su profesión.
Para Platón, la simple acumulación de información no necesariamente es sabiduría. Vivimos una existencia bombardeada por el espectáculo, por señales visuales que nos inundan a cada momento. El pecado del mundo contemporáneo es el exceso de información y de entretenimiento. En los diálogos socráticos esto pudo verse como sabiduría aparente, un tipo de conocimiento que se nutre solo de espectáculos vanos pero que no nos acerca al mundo de las ideas, tal y como lo describía Platón. La tecnología, otorgada por el fuego proteico, y a la sabiduría profesional de Atenea, tendrá la necesidad de complementarse con un sentido ético de nuestro conocimiento. Debe haber un impulso moral para no utilizar el fuego proteico para destruirnos a nosotros mismos. De ahí que esos conceptos resulten tan actuales y podamos aplicarlos en situaciones reales de nuestras vidas como personas y en la comunidad.
Considerando estas correspondencias, podemos analizar un capítulo de la serie Black Mirror denominado Nosedive (2016) o Caída libre. Pocas series de televisión como Black Mirror han logrado retratar los vicios de la sociedad contemporánea, sus espejismos y delirios. El capítulo del que hablamos es muy significativo porque revela problemas actuales. Se trata de una distopia que nos define. Vivimos en un mundo de sombras, una realidad o una noción de la misma determinada por las apariencias: encabezados tendenciosos, notas falsas, información sesgada. Cuando arrancó Internet se pensó que los seres humanos accederían a un nivel de información sin precedente, lo cual se dio. Sin embargo, el exceso e inmediatez de esa información contribuyó a crear un efecto de “aguja en el pajar”. Entre tantos datos hay que rebuscar de entre la maraña de trivialidades para hallar lo que estamos buscando. Lacie, el personaje principal de Nosedive,vive en un mundo como el nuestro: informatizado, inmediato, bombardeado con información sobre los demás a cada momento, con individuos atrapados en los contenidos que vemos en las redes sociales. Éstas, crean una especie de “burbuja” que nos aísla y solo refuerza nuestros sesgos de confirmación y, con la interacción con ellas, se crea también una “cámara de eco” que solo refuerza nuestros prejuicios, mitos, bulos y supersticiones.
Volviendo al capítulo, este personaje, interpretado por Bryce Dallas Howard, es una mujer obsesionada con el escalamiento social. Ella vive con su hermano, pero llegan a un punto en el que va a vivir en un lugar distinto. En los preparativos de la mudanza, Lacie encuentra un barrio exclusivo, con todas las amenidades adecuadas para alguien como ella: una profesionista joven y con un buen salario. Cuando hace la visita a la propiedad en renta, se da cuenta que, uno de los requisitos para poder arrendar es que tenga una puntuación social de 4.5, una puntuación que ella no tiene. En ese mundo no tan distópico de este capítulo de Black Mirror, cada persona está calificada en un entorno de redes sociales. Cada uno tiene una puntuación dependiendo de su nivel de corrección, belleza, elegancia, prosperidad económica, gentileza, simpatía, don de gentes. A partir, de ese momento, Lacie buscará la forma de llegar a esa puntuación ideal, de la que solo le faltan unas décimas. Durante todo el capítulo, el personaje habrá de entrar en una crisis que, al final, le va a revelar la naturaleza falsa del mundo en el que vive: su necesidad de aceptación resultará contraproducente y, más tarde, ella entenderá que ha vivido en un engaño corporativo tendiente a convertir a los individuos en esclavos de sus propias necesidades o deseos. El argumento revela esa necesidad aspiracional de ser aceptado en el entorno social, de ser queridos, asimilados por el cuerpo social.
Al igual que en nuestra sociedad, los personajes en Nosedive están inmersos en una esfera de información y bombardeo de datos que conforma una imagen falseada del mundo. Ese entorno se define por algoritmos y calificaciones sociales que definen y refuerzan la corrección en el comportamiento de cada ciudadano. Cuando Platón hablaba del Mito de la Caverna mencionaba que, quienes vivían confinados en semejante prisión solo advertían sombras que semejaban o remedaban la realidad verdadera. Las apariencias nos ciegan y disfrazan la realidad con entretenimiento constante y perpetuo. El exceso de información actual funciona como un velo que nos oculta la realidad, como unas sombras que confundimos con la verdad tan solo porque tiene semejanza con ella. Son sombras en nuestra caverna personal: espectros coloridos y tamizados por filtros de Instagram que nos hacen codiciar un estilo de vida que no nos corresponde. La luz del fuego al exterior nos encandila con likes, reacciones, número de vistas, comentarios que nos venden una idea de aceptación y reforzamiento social. Nuestra realidad no es muy distinta del mundo reflejado en Nosedive.
Tanto Nosedive como 2001: odisea del espacio reflejan la importancia de lo que Aristóteles llamaba “arte”: ese saber hacer las cosas. En Nosedive existe una sociedad tecnificada, pero con muy poco acceso a la sabiduría, la justicia o la moralidad. Las pocas preocupaciones intelectuales o filosóficas de los personajes así lo demuestran. Es decir, no se busca la sabiduría como un fin en sí misma. No se buscan conocer las verdades eternas o las causas últimas del cosmos, sino que se vive en una constante necesidad de entretenimiento y de espectáculo: una búsqueda irrefrenable de sensaciones, estímulos, experiencias sociales. Lo justo hubiera sido que Lacie no se viera en la necesidad de obtener un 4.5 de puntaje, o que la gente no dependiera de la reafirmación social para sentirse plena. Si bien, es una sociedad que ha priorizado la tecnología y ha logrado avances en ella, al parecer, se ha desprendido del sentimiento moral o de la vergüenza para contenerse y, a diferencia del Mundo Antiguo, aquí no hay Zeus que envíe a Hermes para infundir en los hombres el sentido moral y de justicia que hace que las sociedades sean armónicas y pacíficas.
Bibliografía
Aristóteles. (1994). Metafísica (P. Ortiz, Trad., pp. 69-78). Editorial Gredos.
Platón. (1985). Diálogos I. (J. Calonge, E. Lledó & C. García Gual, Trads., pp. 338-342, 523-527). Editorial Gredos.






