Annie Ernaux, mujer osada

Es noticia: una mujer francesa llamada Annie Ernaux ha ganado el Premio Nobel de Literatura 2022. No es la primera mujer en obtener este galardón, entonces, ¿Querido lector, por qué tanto aprecio por ella?

Annie Ernaux, de 82 años de edad, nacida en Lillebonne, Francia, tuvo la osadía de escapar del estrato social poco favorecido donde le tocó crecer por la vía más difícil: estudiar y confrontar los códigos de su tiempo, hasta alcanzar su nueva identidad, ser ella misma, y sumarse a la colectiva que emergía junto con ella.

Esto supuso una disciplina férrea; resiliencia y adaptación constante; atención permanente sobre el comportamiento de las personas, al modo de un científico, pero con el estilo de una escritora; es decir, con la sensibilidad para comprender y aprehender la condición humana; escribirla de un modo directo, con palabras fáciles, exponiéndose tanto en sus sentimientos como en su integridad; con el pensamiento puesto en el pasado y el presente suyo y el de toda una sociedad vinculada, por una parte, con los vestigios de la Segunda Guerra Mundial, y por otra, superando los conflictos de 1968. Y sin temor a imaginar renovadas fórmulas para interpretar los cambios que presentaban las relaciones entre hombres y mujeres.

La autora vierte su memoria personal en textos generalmente cortos (de las cuales, a las tres primeras denominó novelas), donde la sociología y la historia se entrelazan de manera amena, a tal punto que el lector no notará la presencia de las metodologías propias de estas ciencias.

No obstante, no hace falta ser sociólogo ni historiador para empatizar o comprender los sucesos vibrantes que experimenta una mujer de orígenes modestos que la llevan a convertirse en una “burguesa” con la que estará inconforme eternamente.

Su primera novela, Los armarios vacíos, publicada en 1974, antesala de su obra posterior, muestra el andamiaje de su propio estilo.

Trata nada más y nada menos que el tema del aborto. Sin embargo, no vaya Usted, querido lector, a pensar en un estudio clínico o una propuesta de por qué sí o por qué no el aborto; y de por qué ocurre o por qué era criminalizada la mujer. No, la autora habla de su propia vivencia.

Ernaux, escribe acerca de cómo padeció el aborto, por qué aconteció, cuántas vergüenzas y sufrimientos en tantos niveles de su humanidad la llevan a esa tremenda decisión. Luego, qué ocurre con su cuerpo, con su psique, con su entorno social. Cómo ella, en esos momentos, recuerda y contempla desde su propia interioridad a sus padres, a los clientes de ellos, al parque donde transitaba. Evoca y cavila acerca de qué significaba para ella y su familia ser la primera universitaria de todo su linaje; quiénes, cómo y por qué tenían acceso a la educación privada, y no se diga de la universitaria.

En esta novela, (bajo la traducción de Lydia Vázquez Jiménez), narra:

 

…Al principio no me resultó fácil caminar con toda esa guata y ese alambre desgarrándome el vientre. Bajar las escaleras, un pie tras otro. Una vez en la calle, me sentí aturdida por la gente, el sol, los coches. No notaba nada, volví a la ciudad universitaria…

…Preparar un autor del programa, ¿por qué no?, Víctor Hugo o Péguy. Qué asco. No hay nada en esas páginas que tenga que ver con lo mío, ni un solo párrafo que describa lo que estoy sintiendo ahora, que me ayude a superar este espantoso trago. Puesto que hay rezos para todas las ocasiones, los nacimientos, las bodas, la agonía, también debería haber plegarias para todo, para una chica de veinte años que ha ido a ver a una abortera…

 

La autora transmite las sensaciones del cuerpo tras las manipulaciones efectuadas por la abortera; la confusión para caminar, el estupor que la vida común de la ciudad le provocan; pues todo lo que le rodea es confusión. Desea contactar con la divinidad; pronto se da cuenta de que no existe oración ni hogar para una joven como ella; tampoco en la literatura; nadie se ha ocupado de estos casos, como si no existieran, cuando la realidad es muy diferente.

No quiere pensar en su origen, empero es inevitable:

 

…No es culpa de nadie. Solo mía, mía de principio a fin. De quién, Quién soy yo. Antes que nada, la hija del tendero Lesur, luego la primera de la clase, siempre. Y la tonta de los domingos con sus calcetincitos, la universitaria becaria. Y luego quizá nada más, penetrada por la arbotera…

 

Piensa en sus padres:

 

…Gente por todas partes. Se acercan, violáceos, con las manos colgando, salen de todos los rincones…los que compran cecina y la dejan a deber. Siempre supieron que la hija de los Lesur los despreciaba, esa chica que podría estar vendiendo patatas. Hoy les ha puesto la venganza en bandeja…

 

Se percibe situada en una posición más vulnerable que la de una chica común, porque ella es:

 

…Estudiante universitaria, es algo demasiado especial, estudiar qué, filosofía y letras, ni idea se quedan en blanco, parados, perdidos, sin saber qué decir, mejor, porque mis viejos tampoco sabrían explicarles…

 

Y al mismo tiempo, advierte:

 

Todos los clientes ahí plantados, en el suelo agrietado, roído por el alcohol de quemar el vinagre, aglutinados para ver si se enteran de algo. Un quiste en mal sitio, un tumor, una vena reventada en alguna parte del cuerpo. Lavar toda sospecha. No lo conseguirán con todos esos ojos escrutadores. Los conozco…

 

Desde la infancia hasta la facultad, he estado viéndolos, clavados en medio de la tienda, repatingados en las sillas del bar…Me veían poniéndome la bata, lavándome en el fregadero de a cocina, haciendo los deberes en una esquina de la mesa. Me hacían preguntas, «qué guapa está la Denise… ¿de dónde has sacado este vestido? ¿Qué vas a hacer cuando seas mayor? ¿Servir en el bar como tu padre?… De haber podido, esos chiflados del bar me habrían hecho añicos antes de engullirme entera, de pequeña…

 

La autora se pregunta: ¿se odia todo desde siempre?

 

No es cierto, no nací con ese odio, no los detesté siempre, a mis padres, a los clientes, la tienda… a los otros, los cultivados, los profesores, los como dios manda, también los odio ahora. Estoy hasta el vientre de todo…

 

De este modo, la autora explica a partir de sus propias experiencias, escenarios reales, narrando cómo los orígenes modestos de sus padres no impidieron que ella creciera con una educación distinta; pues sus progenitores la impulsaron a triunfar en la universidad.

Creando en ella no sólo el ánimo de superación, sino también un constante conflicto entre dos mundos: el de la tienda-cantina de sus padres, con sus clientes hoscos, de trato bruto, que podrían haberla envilecido o sometido a ese entorno; y, por otro lado, el mundo universitario, con códigos de conducta diversos, inaccesible a la gente de sus orígenes, al extremo de considerar que aquellos no comprendían el objeto de sus estudios: filosofía y letras.

¿Cómo hacer coincidir ambos mundos?

¿Cómo convivir con las personas y espacios de ambos territorios físicos, psicológicos, de representaciones diferentes?

¿Cómo confrontar el hecho de un embarazo en una universitaria con la ansiada superioridad intelectual?

¿Cómo someter a sus padres, que daban y hacían todo por ella, a la vergüenza?

En consecuencia, ella sufre vergüenza por muchos motivos: porque proviene de un origen pobre económica, social y culturalmente hablando. También, vergüenza porque siendo universitaria —o sea, superior—, comete el pecado del deseo, de sentirse libre de su sexualidad; contraviniendo los principios que regían en la década de los sesenta del siglo XX; es decir, el destino natural de las mujeres era casarse y casarse virgen.

La vergüenza hace su aparición como un elemento esencial que rodea al cuerpo de la mujer, de la universitaria; un sentimiento de indignidad constante que nadie comprende.

La vergüenza traducida en la desvalorización hacia ella y hacia su familia, pues eran campesinos vueltos tenderos, sin que el hecho de procrear a una hija universitaria, muy inteligente, los salvara de ese prejuicio destacado especialmente en las grandes ciudades.

Ascenso social y cultural narrado desde los sentimientos, reflexiones, odios y vergüenza de la autora. Donde no hay resistencia a la adaptación, aun cuando sí, altos costos.

En medio de todo ello, aparece el aborto.

¿Cuánto miedo soportó la autora?, ¿cuánto desasosiego y dolor físico?, ¿cuánta soledad? En ambos mundos, el provinciano y la ciudad; en la vida rural y universitaria; en la cotidianidad simple y en la intelectualidad; en la oración y en la literatura, era juzgada con extrema dureza.

A esta primera obra de Annie Ernaux siguieron otros textos igualmente importantes: La mujer helada, El lugar, por el cual le otorgaron el premio Renaudot, Una mujer, Pura pasión, La vergüenza, No he salido de mi coche, El acontecimiento, Perderse, La ocupación, El uso de la foto, Los años; Mira las luces, amor mío; Memoria de chica; El hombre joven; entre otros.

Se atribuye a Annie Ernaux la creación de un género literario —que la autora, en algún momento, denominó autosociobiografía, porque es su biografía —autoficción, sostenida desde la sociología; aunque otras veces ha dicho, que su escritura ubica a la literatura entre la etnografía y la historia.

Si bien, Ernaux no está interesada en las clasificaciones que editoriales, estudiosos o críticos literarios otorguen a su obra; es interesante destacar que cada uno de sus textos, de un modo u otro, están asociados al origen y efecto en la sociedad de los nuevos estratos o grupos sociales; así como con el poder renovador de personas que, como la autora, sin pertenecer exactamente a alguna de esas capas sociales tradicionalmente determinadas, contribuyen en gran medida a la transformación social; por ejemplo, las conductas sexuales contemporáneas, las reconsideraciones sobre el aborto, etc.

Comprender las miradas de la sociedad y sus grupos a través de la vida de la autora Ernaux, es comprender la historia misma; sus metamorfosis y sus identidades; mas no como una cuestión etnográfica o meramente sociológica, sino como es en buena medida la vida; en consecuencia, la obra literaria de Ernaux no habla solamente de ella misma sino de la colectividad.

Por otra parte, no debemos dejar de lado que Annie Ernaux no busca vanagloriarse con su vida, tampoco buscó la riqueza a través de la venta de sus libros, tanto es así que vivía de su trabajo como docente, del que se jubiló en el año 2000; es probable que sea como ella lo dicho, buscaba la verdad de lo que le rodeaba.

Como sea, dedicar un poco de tiempo a quien ha consagrado toda su vida a la palabra, a las letras, a la filosofía para descifrar el mundo en que vivimos, es apenas lo mínimo que podríamos hacer.

 

Como siempre, Usted, querido lector, tiene la última palabra.

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Maritza Flores Hernndez

Cuentista, ensayista y tambin abogada. Egresada de Casa Lamm, donde hizo la Maestra en Literatura y Creacin Literaria. Considera el arte, la ciencia y la cultura como un todo. Publica dos columnas literarias cada semana, en distintos diarios. Su obra ha formado parte de la antologa de cuentos Cuarentena 2020.

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