En pocas palabras

Aprendizaje

Mónica Cazón (España)

Las señoritas no cantan “El arroz con leche” porque ya no se quieren casar. Tampoco corretean con “La farolera tropezó” porque está prohibido tropezar y más si es con un coronel. ¡Qué dirían las vecinas del country! Las señoritas aprendieron y, últimamente, solo juegan al “Antón pirulero”, porque cada cual atiende su juego.

 

Camino a la que dejará de ser mi casa

José Antonio García Pérez (Cuba)

El tramo entre la ÚNICA y la curva de tres golpes parece de otro lugar de la tierra. A ambos lados del camino solo se yerguen palos grises. La curva es tan larga que la carretera parece recta y al horizonte solo alcanzas a ver muchas ramas y ninguna hoja. El Sol sobre la moto parece que pudiera derretirla, pero hay una suerte de brisa. La goma trasera se está desinflando

 

La reunión

Angélica Villalba Cárdenas (Colombia)

—¡Déjenme hablar! —gritó.

El ambiente tenso se apoderó de la sala. Sus compañeros la juzgaron con un silencio encubridor, pero no le importó. Se hizo escuchar en el Olimpo. Desde aquel tiempo, cada vez que hay una tormenta, Atenea dibuja con rayos en el cielo: ¡Ni una más!

 

Bicho

Angélica Santa Olaya (México)

Y claro que el amor es eterno. Aunque a veces cambie de ojos, de labios y tez. Aunque a veces, como las serpientes, para sobrevivir, mude la piel.

 

Parricidio

María Elena Lorenzin (Argentina)

A mi abuela María Abilar, in memoriam

El tipo no solo se cargó a la esposa y al hijo por nacer sino también a la acomedida suegra que tuvo la mala suerte de cruzársele en el camino aquel fatídico día. Dicen, quienes lo conocieron, que era un hombre mordaz y de escasos amigos, grueso de barriga y flaco de sesera. Con todo, logró engordar el jugoso prontuario con una trilogía que lo hizo tristemente célebre. Cuentan que, pasado un tiempo en la cárcel, recuperó su libertad, se casó y hasta tuvo la oportunidad de engendrar hijos, algo que no se le niega a nadie. Por suerte, engendró también a una hembrita que creció y se hizo una mujer muy bella, a la que el papá no le quitaba los ojos de encima. El hombre, embobado, se olvidó del parentesco y de las rígidas leyes que regulan estas relaciones. Ese fue su error.

 

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Márcia Batista Ramos

Es escritora, filósofa y Cónsul Honoraria de Brasil en Oruro, Bolivia. Autora de más de una decena de libros en diversos géneros, su obra ha sido traducida a 16 lenguas, consolidándola como una figura clave del intercambio cultural iberoamericano. Es columnista internacional en medios de Europa y América, y presidente para Bolivia de la Cámara Internacional de Escritores & Artistas. Distinguida con múltiples Doctorados Honoris Causa, su trabajo combina la creación literaria con una profunda labor de crítica y gestión cultural. A la fecha fue publicada en 38 países.

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