Dejarás a tu padre…

El psicoanálisis, de tener éxito, prueba que del nombre del padre se puede prescindir, a condición de servirse de él

Jacques Lacan

Vete de tu país, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia el país que yo te indicaré

Génesis 12:1

¿Qué sentido tiene el fragmento de la sentencia bíblica? ¿Quién es padre al que hay que dejar? ¿Qué es un padre? Sigmund Freud, el inventor del psicoanálisis, ya nos advertía de no intentar contestar demasiado rápido a las preguntas esenciales. Y esta última lo es. Resulta relevante pensar sobre esa función siempre fallida que es ser un padre. La cuestión del padre es una de esas interrogantes sobre las cuales Freud retorna con frecuencia. Así lo constata cuando, en una conversación con la princesa Marie Bonaparte, le confiesa que, después de 30 años de pensarlo, la cuestión del padre es una cuestión que le sigue abierta (junto a la pregunta sobre la mujer). Freud, en su propia vida, no escapa a los efectos de la función paterna: Freud mismo se hace padre del psicoanálisis sólo a partir de la muerte de su propio padre.

Ante la pregunta sobre el padre, para Freud, no ayuda en nada decir que el padre es el que engendra o padre es el que paterna, cuida, protege, etc. La cuestión no es de roles, se trata de una función estructural: más que roles, lugares. El padre es un lugar y una función, no una persona. En la obra de Freud, la cuestión del padre es abordada de manera directa en por lo menos tres desarrollos teóricos: en la tragedia de Edipo, en el Padre de la horda primitiva y en el ensayo sobre Moisés y la religión monoteísta.

Es en el complejo de Edipo de Sófocles donde Freud destaca al padre como quien tendría una función esencial en el drama constitutivo del sujeto; el drama edípico es la célula inicial que permite la asunción de una posición sexuada y también permite reconocer la función asumida por el sujeto en las relaciones simbólicas a partir de adquirir una identidad, y además pone en función al super yo. Sexuación, identificación y conciencia moral son herencias del complejo de Edipo. Es ahí donde la función del padre, con su ambivalencia esencial, es fundante. Su función es de interdicción; para el psicoanalista francés Jacques Lacan, la función del padre es saber unir y no oponer el deseo a la Ley.

Por otra parte, en el argumento central de la relación entre el sujeto y la ley se encuentra un texto freudiano de 1913, Tótem y Tabú. Allí, con el mito del padre de la horda primitiva, se construye la imagen de un padre gozador, tirano, que se impone sobre los hijos y las mujeres todas; ocurre entonces que los hermanos se unen y le dan muerte para después comerlo en la llamada comida totémica, una forma de incorporar algo de sus atributos. Sin embargo, una vez muerto, por la culpa, y ante la imposibilidad de procurarse el orden social, los hijos se ven obligados a someterse a una renuncia esencial: el acceso a todas las mujeres, y así hacer valer la prohibición del incesto como instancia fundante de la ley. Este mito es fundamental y se explica en el sentido de que solo a partir de la función del padre muerto (muerte de la cual todos somos partícipes), se puede sostener un pacto que posibilite la regulación del goce.

Lo que Jacques Lacan llama el-nombre-del-padre es un regulador del goce, para el sujeto y para la sociedad. El sometimiento a la ley es otra herencia del padre. Vale ahora preguntarse, como lo hace Massimo Recalcati, sobre lo que queda del padre en los tiempos que vivimos, en los tiempos aciagos de la evaporación del padre.

El tercer punto de reflexión sobre la función del padre se encuentra en el interés de Freud por la figura del profeta Moisés, lo que lo lleva a escribir Moisés y la religión monoteísta en 1937. Las preguntas que plantea en su análisis de la figura de Moisés, de una u otra manera, van a girar en torno a la cuestión del Padre, en este caso, sobre cómo se pudo instaurar el Dios único y abandonar las bondades del politeísmo. De lo que se trata en su estudio es del mito del padre muerto como fundador de una estirpe.

La pregunta sobre el padre es una cuestión abierta. La literatura también hace eco de la figura del padre y sus herencias. Por ejemplo, es famosa la larga carta que Franz Kafka le escribe a su padre, un padre con el que tiene una marcada ambivalencia afectiva, como ocurre con todo padre. La relación padre-hijo se vive con tal tensión que Maurice Blanchot nos revela que Kafka quiso darse muerte cuando, por estar encargado de la fábrica de su padre, no pudo escribir por 15 días.

Otra referencia literaria, entre muchas, es la novela Patrimonio, una historia verdadera,del extraordinario escritor Philip Roth. En la historia, el padre de 86 años, quien vive solo, es diagnosticado con un tumor cerebral. En la vida real, el escritor se hace cargo del cuidado de su padre anciano con cáncer, entonces, en la novela va a narrar las vicisitudes cotidianas que vive en la cercanía con su padre, quien además se resiste con terquedad a ser cuidado por el hijo. Roth escribe sobre su padre, a quien toma como referente de amor y dignidad; ese es justamente el Patrimonio que de él va a heredar: “el seguirá vivo no sólo como padre mío, sino como padre, en permanente juicio de todas mis acciones”. Lo que hereda del padre es el amor y la dignidad con la que enfrenta, como el escritor mismo en su momento, su vejez, la enfermedad y la muerte.

En fin, nadie escapa a tener un padre, ser un hijo, eventualmente ser un padre, perder un padre, cada uno tiene una historia con el padre, ausente o presente; se trata de dimensiones misteriosas. No hay manuales para tales ejercicios, aunque siempre han existido empeños por plantear los lineamientos (roles) sobre lo que habrá de ser un padre y sus deberes. En realidad nunca los manuales o escuelas para padres han funcionado.

Hoy más que nunca, la cuestión del padre se plantea como una crisis de la función paterna. Pero esta crisis ha sido señalada desde hace ya un buen rato, quizá desde el planteamiento de la muerte de Dios (el padre) de Nietzsche, sin embargo, el duelo del padre ha sido largo y difícil, se trata de un duelo en suspenso, fundamentalmente porque se revela, al mismo tiempo que se evapora, la necesidad de un padre, por lo menos uno, como señala Massimo Recalcati en su libro ¿Qué queda del padre? La paternidad en la época hipermoderna, “la humanización de la vida exige el encuentro con «al menos un padre»”.

Jacques Lacan, en 1957, habría dicho que toda la interrogación freudiana se reduce a esto: ¿qué es ser un padre?. Lacan mismo escribe, el 12 de octubre de 1968, una Nota sobre el padre donde nos señala esta condición propia del padre en la posmodernidad que es la evaporización:

“Siempre es asombroso ver en Freud el polimorfismo de lo que concierne esa relación al padre. Todo el mundo parece decir que el mito de Edipo se da por hecho; yo, pido evidencias. Allí, la neurosis demoníaca es muy importante. La posesión en el siglo XVII tiene que comprenderse en un cierto contexto que concierne al padre que toca las estructuras más profundas. Pero la pregunta que nos plantea es saber dónde está ahora esa cosa. Creo que, en nuestra época, la huella, la cicatriz de la evaporación del padre, es lo que podríamos poner bajo la rúbrica y el título general de la segregación”. De tal magnitud es la evaporización del padre que “cualquier cosa” podrá ejercer su función dice Recalcati, ante esto, el sujeto tendrá que saber hacer con la herencia del padre, escribe Massimo: “Hacer seriamente el duelo por el Padre, significa aceptar la herencia del padre, aceptar toda su herencia. ¿Qué significa esto? El sujeto, escribía Sartre, sólo puede realizarse haciendo algo con aquello que el Otro (el padre, la madre, la familia, la sociedad, los otros) ha hecho de él”.

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Antonio Bello Quiroz

Psicoanalista. Miembro fundador de la Escuela de la Letra Psicoanaltica. Miembro fundador de la Fundacin Social del Psicoanlisis. Ha sido Director fundador de la Maestra en Psicoanlisis y Cultura de la Escuela Libre de Psicologa. Ha sido Director de la Revista *Erinias*. Es autor de los libros *Ficciones sobre la muerte*; *Pasionario: ensayos sobre el crimen* y *Resonancias del deseo*. Es docente invitado de diversas universidades del pas y atiende clnica en prctica privada en Puebla.

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