La vara
Norah Scarpa Filsinger (Argentina)
Las mujeres espartanas sacrificaban a sus hijos porque en esa sociedad no debían vivir. En la Amazonía, si nace un niño defectuoso la madre lo entrega al Apaporis, dador de vida y muerte, porque en este mundo no puede sobrevivir.
¿Quiénes son?
- J. Cameron (Argentina)
¡La guerra química ha comenzado! El aire puro que otrora fue nuestra vida hoy fenece por la perversión de los hombres, poseídos por el mismísimo satanás, pues quién sino él tiene la supremacía infernal para interferir en los actos del hombre, en una dimensión que transmuta los valores del alma en carne pútrida. ¡No hay esperanza! Partimos más de mil y apenas una docena volamos todavía. Yo, Spligthz, poseeré a la reina. Fui el más fuerte de todos los zánganos sobrevivientes de la salvaje fumigación.
Mensaje
Fabiola Morales Gasca (México)
Se miró al espejo. No le asustó su propia ausencia. Veía solo ceros y unos parpadeando. Desde hace algunos días se había marchado con el click al enviar el mensaje a esa mujer que lo volvía loco y era tan lejana. Ahora era un mensaje más, extraviado en la red.
Camaleón
Elvis Joel Cerrinos Paredes (Perú)
Todo indicaba que tenía un hogar. Rastrero, para no ser descubierto, cambiaba de aspecto. Su camuflaje estaba tan bien hecho que parecía otro ser. Engañaba a todos, incluso a su fémina. No le importaba la luz o la oscuridad. Hasta que fueron creadas las redes sociales.
Días de arena
Luis Ignacio Muñoz (Colombia)
El último día de vacaciones trajo, como siempre, una mañana llena de incertidumbres y un sueño intranquilo, unas horas llenas de tedio, la prisa por apurar los preparativos para el regreso a la rutina y a los días iguales. Me pasa en toda víspera de regreso al trabajo, son las más tristes de cada año, pero sé que cuando todo vuelva a la normalidad me habré olvidado de este momento y dejaré que otra vez, del viejo reloj de arena, caigan sus granos con más lentitud, como gigantescas pedradas.
Tapado y presente
Sandra Bianchi (Argentina)
Cada uno tiene los enemigos internos que se merece. Los míos son como las capas delgadas y translúcidas de la cebolla: se hacen gorditos cuando están juntos, si no son fáciles de combatir, no cuesta nada.
Los hago bailar la danza de los siete velos y me hace gracia ver como se les cae una tela y otra y otra. Aunque nunca llego al corazón verde y fresquísimo. Sé que están ahí en mi centro. La cebolla soy yo.
El pintor
Amalia Cordero (Cuba)
Solo tenía tres colores. Pensaba en qué dibujar mientras escuchaba las noticias de última hora. En medio de ellas llegó la idea. Tomó el rojo y lo esparció en una hoja, imitó un mar en crespas. De él brotaron líneas en ascenso hasta armar un faro, lo pintó de azul. Encima, con el amarillo, lo iluminó. Desde ese faro, a la luz de la luna se avizora otro futuro.






