La última cena
Nana Rodríguez Romero (Colombia)
Al comprobar que su destino había sido marcado por sortilegios que le negaban la posibilidad del amor, se arrancó el corazón y lo devoró con vino.
Penélope
Márcia Batista Ramos (Brasil)
Siempre es demasiado tarde o demasiado temprano para lo que uno quiere hacer de verdad, repetía Penélope, para el poeta que se negaba a dar otro final a la Odisea.
Invasores
Lilian Elphick Latorre (Chile)
a Egon Wolf
Tres años antes del 21 de diciembre de 2012 comenzó a prepararse. Construyó un búnker, compró armas, juntó miles de litros de agua y comida enlatada. Acaparó sacos de harina, arroz y azúcar mientras afuera la gente, infectada con el virus H1N1, pedía limosna y escarbaba en los tarros de basura.
Reunió a su familia y anunció: “Han llegado. Viviremos en el refugio de aquí en adelante”. Les alcanzó los trajes antiradiación, las máscaras y activó el circuito eléctrico. Cada vez que un invasor tocara el timbre, sería electrocutado.
De cartón
Santiago Eximeno (España)
Tengo un papá de cartón. Sí, ni habla ni me abraza ni me dice buenas noches, pero es mejor que el tuyo. No me grita. No me pega. No me odia.
Las obras maestras no existen…
Alberto Hernández (Venezuela)
—Claro que sí. Existen.
—Mire usted, las cucarachas.
Sabores
Angélica Villalba Cárdenas (Colombia)
Miré a mi padre y tenía las mejillas tan coloradas como en aquellas fiestas de los tiempos felices. Un trago, sólo uno más. ¿Qué marca es este whisky?, preguntó entre los dientes y con palabras enredadas, mientras su boca cataba lentamente el sabor amargo de la bebida. No le contesté. Fui incapaz de decirle que el Alzheimer transformaba el agua en alcohol.






