Pas sin nombre

“Ay país, país, país

Ay país, país, país

Ay país, país, país

Ay país, país, país

Ay país, país, país

Ay país, país, país

Ay país, país, país

Ay país, país, país”

Piero

 

*Me estoy muriendo de frio

Con la bronca en la voz

Porque a esta puerta del rio

Le apuñalaron el sol.

Bajo el cielo azul de esmalte fundido, el frío en esos últimos días de otoño castiga a todos sin piedad. Tengo los pies helados y el alma marchita por tantas noticias ruines que se acumulan mientras nuestra gente emigra para Europa y Estados Unidos, y los venezolanos llegan para tomar nuestras calles; ellos no saben que es mejor quedarse en casa, aunque lo que haya en casa no sea lo mejor. Los postergados creyeron en las promesas y las promesas fueron sólo promesas; y todos se percataron que, una vez como autoridades, ellos perdieron el sentido ordenador del futuro, se olvidaron de sus palabras, también se olvidaron que los electores son humanos. Se ocuparon de sus intereses personales y dejaron apenas oscuridad en el horizonte del país que ahora arde de frío.

*Este suelo tiene un nombre

Desde el mar hasta la sierra

Cómo le cuento a mi gente

Lo que pasa en esta tierra.

Aquí en esos parajes idílicos y lunares, tan áridos como peligrosos y mortales; en este recóndito recoveco de Sudamérica todo, y al mismo tiempo nada, es posible. La infinita precariedad local contrasta con el mundo postmoderno que palpita más allá de las fronteras. Las élites se identifican con la noción occidental de progreso mientras, aprovechándose de la heterogeneidad cultural, venden una narrativa plurinacional que rescata una cosmogonía olvidada en el tiempo y una cosmovisión que ayuda a distraerse del futuro incierto, mientras evaden la idea de encajar en la modernidad. Es una fórmula discrecional de mantener la brecha sin causar demasiada insatisfacción.

*No soy de muchas palabras

Y hay muy poco que contar

Las cosas se cuentan solas

Sólo hay que saber mirar.

La incapacidad moral permanente permite que abunden los problemas y nunca las propuestas remediadoras, como si estuviéramos vetados para la iniciativa social o política. Olvidándose de la creatividad latinoamericana. Dejando a los hermeneutas fuera de los niveles de decisión, afianzando la fractura entre el saber y la política, entre el conocimiento y las decisiones, siempre en detrimento de las mayorías.

*Y después cuando yo canto

Que me lo llaman protesta

Como contar lo que pasa

Con mi gente y su pobreza

Como cantar lo que pasa país

Con mi gente y su tristeza.

No existe, en las circunstancias actuales, una fórmula para enterrar pasados dolosos y las personas allanan el camino con lágrimas y lamentaciones. Tengo los pies marchitos y el alma helada por escuchar historias tan duras, que a cualquiera nos puede pasar por estos solitarios parajes, tan fascinantes como macabros, donde la justicia aparece como un espejismo. Asimismo, sé que todos tenemos que ayudar a encontrar el mejor camino, no obstante, ese camino esté plagado de lágrimas. Tenemos que hacer algo, no por nosotros mismos sino por las generaciones venideras.

*Ay país, país de nubes

Lleno de humo y alcohol

Como le cuento a mi gente

Lo que yo pienso de vos

Como le canto a mi gente país

Lo que yo siento por vos

Que a mi patria la fundaron

A golpes y a cachetazos

Cuántas voces se callaron

A machete y a balazos.

 

* Letra de Coplas de Mi País © Piero José Editores S.r.l.

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Márcia Batista Ramos

Es escritora, filósofa y Cónsul Honoraria de Brasil en Oruro, Bolivia. Autora de más de una decena de libros en diversos géneros, su obra ha sido traducida a 16 lenguas, consolidándola como una figura clave del intercambio cultural iberoamericano. Es columnista internacional en medios de Europa y América, y presidente para Bolivia de la Cámara Internacional de Escritores & Artistas. Distinguida con múltiples Doctorados Honoris Causa, su trabajo combina la creación literaria con una profunda labor de crítica y gestión cultural. A la fecha fue publicada en 38 países.

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