Terapia exitosa
Caro Fernández (Argentina)
He desperdiciado tiempo y dinero en esta terapia. Con mi pareja estamos más distantes, perdimos el interés del uno por el otro. Ya no me busca en el trabajo porque no recuerda mis horarios y rutinas, y yo olvidé su cumpleaños. Nos hemos convertido en auténticos desconocidos, y hasta —lo confieso— empiezo a sentir atracción por alguien. Hoy me he sonrojado como una jovencita apasionada cuando el caballero que coincide conmigo en día y hora de la sesión me invitó a tomar un café.
I
Rubén García García (México)
Después de una semana de insomnio, solo una de las ovejas apareció en mi pantalla mental.
—¿Dónde están las demás? —y supe que todas estaban en el salón de belleza: por la tarde les presentarían al nuevo perro ovej
L e c c i ó n
Laura Nicastro (Argentina)
Si hay algo que ese hombre le enseñó a aquella mujer fue a expresar sus deseos.
Si hay algo que aquella mujer aprendió de ese hombre fue que los deseos no siempre se cumplen.
Un pie en Honduras
José Antonio García Pérez (Cuba)
Cada frontera centroamericana se yergue sobre un río, quizá no tan grande como El Bravo, pero queda siempre algún viso y aguachales y charcos de la lluvia que horas antes cesó.
Los sacos de paja que te dieron por montura se empinan con los caballos cuando, a 45 grados, suben o bajan los pedregales no muy secos, donde algunos se resbalan y te exprimen de espaldas contra el suelo.
No supimos de aquellos que nos fueron separados, pero en nuestra ruta nadie cedió las riendas al mal paso; aunque algunos pasaron días sangrando y supurando el maltrato que al final de la espada les hizo la pronunciada columna del animal.
Luna enamorada
Estéfani Huiza Fernández (Bolivia)
Un día la luna bajó a la tierra. Cansada de ver el amor desde su trono, decidió saber cómo era aquel sentimiento humano y por la que todos los hombres y mujeres parecían llegar casi a la demencia. La luna adoptó forma humana y, en efecto, se enamoró muy pronto. Tiempo después “luna tonta —se dijo— no se enamora de quién no sabe querer”. La ilusa posó sus ojos en un sauce que ni la miró. Desde ese día la luna se conforma con ver el amor de los demás, de lejos, y se oculta cuando se quiere volver a enamorar.






