Al viejo estilo priista, pero con sus marcados matices, ayer se hizo presente la tan esperada señal que muchos esperaban para confirmar hacia dónde se deberá llevar la cargada para que Morena defina a su próxima candidata al gobierno de Tlaxcala.

 

Lorena Cuéllar Cisneros es la elegida y antes de que se realice la encuesta para saber quién de las morenistas (Dulce Silva Hernández y Ana Lilia Rivera Rivera) que buscan la nominación oficial del partido será la favorecida, al parecer el dedo del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ya apuntó hacia su aún delegada de programas de desarrollo de la Secretaría de Bienestar.

 

Sin que legalmente estuviera obligada, la administración federal inventó y autorizó que Lorena Cuéllar organizará y llevara a cabo un “informe de avances” que rindió ante empleados de la dependencia encabezados por el Coordinador General de Programas para el Desarrollo del Gobierno de México, Gabriel García Hernández, como si ese funcionario y los que forman parte de la plantilla laboral no supieran cómo se encuentra el estado de las acciones sociales que realizan en la entidad.

 

Ese fue el sesudo pretexto que se les ocurrió para que Gabriel García se desviviera en elogios hacia Lorena Cuéllar y para confirmar que uno de los más obedientes subordinados de la tlaxcalteca que responde al nombre de Carlos Luna Vázquez asumirá el control de la dependencia a partir del 1 de noviembre, hecho que al bisoño político lo hizo perder la cabeza porque de inmediato buscó el protagonismo al grado que su nombramiento de nuevo “super delegado” en Tlaxcala opacó al gris y desapercibido “informe de avances” de su jefa.

 

La diferencia entre el PRI y Morena es que el primero sabe guardar las formas y se encarga de enviar la señal junto con la cargada inteligentemente, algo que los morenistas no hicieron porque su burdo y rupestre evento cargado con un gran tufo de destape no mostró músculo, ni organización, ni unidad, ni talento, ni estrategia, ni grupo, ni asesores y ninguna mínima idea de aprovechar sabiamente el respaldo del gobierno de López Obrador.

 

Por ese evento tan chafa, ahora nadie le creerá al presidente de México que no se está interviniendo en su partido y en las elecciones locales de Tlaxcala.

 

Y para seguir con la desaseada cargada hacia Lorena Cuéllar, este día María Luisa Albores González, titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), estará en la entidad para respaldar a la aun “super delegada”, quien por lo que se observa pareciera que está siendo asesorada por un equipo de principiantes que la está llevando a cometer graves errores, como los que hizo en el 2016 cuando perdió los comicios para gobernador ante el priista Marco Antonio Mena Rodríguez.

 

De no cambiar la agenda, María Luisa Albores sostendrá una reunión de trabajo con el gobernador Marco Mena, la cual girará en torno al problema que representa la presencia del gusano descortezador en el Parque Nacional La Malinche.

 

El vienes se dice que llegará a Tlaxcala otro funcionario del gabinete de López Obrador y con eso Lorena Cuéllar se despedirá del gobierno federal.

 

A partir del lunes 2 de noviembre Cuéllar Cisneros se concentrará en trabajar en su inminente campaña al gobierno del estado. La candidatura la tiene en la bolsa y salvo que cometa en los siguientes días un grave error no será ungida como abanderada de Morena.

 

La senadora Ana Lilia Rivera podrá seguir haciendo rabietas y lanzar las amenazas que quiera en torno a encabezar una ruptura interna si la designación recae en Lorena Cuéllar, así como la joven empresaria Dulce Silva estará en libertad de continuar tirando su dinero para tratar de posicionarse, pero la realidad apunta a que la elegida para representar a Morena en los próximos comicios locales es la todavía “super delegada”.

 

Habrá que decir que la inminente nominación de Lorena Cuéllar no se da ni en los mejores términos ni en el mejor momento, porque es obvio que no hay una operación cicatriz ni un jefe político que se encargue de realizar acuerdos que limen las diferencias y eviten las fracturas que serán inevitables.

 

 

El dedo de López Obrador no hace ganar elecciones, sino que le pregunten a Martha Palafox Gutiérrez.