Huyendo de casa

No puedes separar la paz de la libertad, porque nadie puede estar en paz, a no ser que tenga su libertad.

Malcolm X

 

Miramos hacia el horizonte y vimos el humo que sube después de cada bombardeo, entristeciendo el cielo y anunciando que allá están el dolor y la muerte. Es una invasión abusiva. Parece mentira que hoy nos escapamos de nuestra propia casa. Ya no era una opción quedarse en casa sin luz, sin calefacción, sin agua, sin conexión móvil, bajo constante bombardeo y en intensa espera de si llegarán o no las bombas a nuestra casa, aunque por alguna razón psicopática el foco de los bombardeos son las instalaciones sanitarias o uno que otro jardín de infantes.

En la calle nos avisaron, horrorizados, que una maternidad fue cobardemente atacada… Nos comentaron que el genocidio, continua. También dijeron: “¡Nuestra gente está fuerte y unida como siempre! ¡Ucrania se mantendrá de pie hasta el final! ¡Vamos a ganar!”

Sabemos que, como seres humanos, somos adaptables, tanto es así que ahora ya conocemos el sonido de las explosiones, ya hemos aprendido a determinar el tipo de fuegos (grados, tanques, artillería), qué tan lejos se encuentran de nuestras casas, si es hora de correr al sótano o aún podemos sentarnos en la sala.

Son semanas de una guerra brutal dirigida a destruir a nuestro pueblo. Matan impiadosamente a mujeres y niños, destruyen nuestra infraestructura civil y con saña genocida, jardines de infancia y maternidades son blancos de los rusos.

El sótano es seguro, por cierto. Empero, si uno se queda en él, por unos días en el frío y en la oscuridad, siente paralizar las propias facultades mentales y físicas, siente ansiedad, pierde la determinación, el miedo crece, y de paso se vuelve cada vez más difícil salir de la situación deprimente, al tiempo que se vuelve casi imposible dejar el sótano.

Algunos de nuestros vecinos con niños pequeños han estado sentados en su sótano desde el primer día. Es muy duro. Me di cuenta de que no se puede ceder al sótano. Después de unos días todo se termina: comida, velas, agua y paciencia. Por eso dije a mi pequeña familia que si no corremos hoy, no correremos nunca. Por eso nos escapamos. La opción en coche no fue considerada: ayer una familia intentó salir de nuestra calle en coche, los rusos le dispararon cobardemente y golpearon a una madre indefensa y a un niño de cuatro años. Una vecina, que es médico, les brindó atención porque ambulancias y bomberos ya no acuden.

Por suerte, nuestra gente es fuerte y está muy unida en la guerra ególatra del presidente ruso contra Ucrania.

Caminamos a lo largo de la línea del ferrocarril. Cuando empezábamos a alejarnos de la ciudad, miramos con nostalgia en dirección de nuestra casa, en el instante en que un misil golpeó la casa del vecino, mucho más alta. Imagino que también afectó a nuestra casa.

Tal vez un día regresemos a retirar los escombros y reconstruir nuestra vida, si los rusos no disparan a una familia pacífica con niños. Vamos al encuentro de nuestro destino con la certeza de que Ucrania se mantendrá firme hasta el final. ¡Vamos a ganar!

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Márcia Batista Ramos

Es escritora, filósofa y Cónsul Honoraria de Brasil en Oruro, Bolivia. Autora de más de una decena de libros en diversos géneros, su obra ha sido traducida a 16 lenguas, consolidándola como una figura clave del intercambio cultural iberoamericano. Es columnista internacional en medios de Europa y América, y presidente para Bolivia de la Cámara Internacional de Escritores & Artistas. Distinguida con múltiples Doctorados Honoris Causa, su trabajo combina la creación literaria con una profunda labor de crítica y gestión cultural. A la fecha fue publicada en 38 países.

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