La inteligencia animal y Flow

Quienes han tenido mascotas saben que los animales tienen una inteligencia y una sensibilidad que no se ponen en duda. En días pasados sorprendí in fraganti a mi gato Pikus: comía en la cocina una pieza de pollo lista para ser servida. Lo reprendí y lo saqué de la casa, muy molesta por su atrevimiento. Dos días después, cerca de mi cama un olor me inquietó. Logré adivinar que el gato se había orinado, en cruel venganza. Descubrí al gato durmiendo cómodamente en el sillón. De forma estricta me dirigí a él y le dije que era la última vez que hacía ese berrinche. Él me observó de reojo sin darme importancia, reduje mi formalidad, le pedí disculpas por regañarlo y le solicité que hiciéramos una tregua. Él me observó detenidamente, su mirada reflejaba que entendía a la perfección todo lo que le había mencionado. Agachó sus orejas como una forma de arrepentimiento, percibí en su mirada una remota vergüenza y luego continuó su siesta como su nada. Al día siguiente se acercó de forma cariñosa y se recostó sobre mis piernas, dejó que lo acariciara y puso su cabeza en mis manos insistiendo que lo rascara durante un buen rato. Pikus, aquella bola negra de pelos, me dio un alud de ternura. El enojo se había disipado entre ambos. De alguna manera sentí que era su forma más honesta de pedir disculpas.

Es común que los seres humanos infravaloremos la inteligencia y sensibilidad animal. El renombrado primatólogo y etólogo nacido en los países bajos, Frans de Waal, en su libro ¿Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia de los animales? (2016), nos señala que “A la hora de averiguar a qué nivel mental operan otras especies, el auténtico desafío no reside en los propios animales sino en nosotros mismos. Las actitudes, la creatividad y la imaginación humanas tienen mucho que ver con esto. Antes de preguntarnos si los animales poseen cierta clase de inteligencia, especialmente las facultades que valoramos en nosotros mismos, tenemos que vencer nuestra resistencia interna a siquiera considerar la posibilidad” (15). De ahí la cuestión central del libro.

En el filme Flow, la inteligencia y sensibilidad animal quedan plasmadas de manera natural. Flow, película de animación independiente del 2024, es dirigida por Gints Zilbalodis y escrita por Zilbalodis y Matss Kaa. La cinta se destaca no sólo por su belleza estética en la animación sino por su lenguaje cinematográfico. Quienes han visto el filme se sorprenden de que, aunque carente de diálogos, la historia atrapa de principio a fin. “Los protagonistas son animales apenas antropomorfizados que actúan, reaccionan y se conducen como fauna real, generando matices a través de sus interacciones, labor que, en términos argumentales, es mucho más compleja de lo que se lee, pero que en el filme se traduce en un maravilloso relato sobre supervivencia, unidad y solidaridad” (El heraldo, enero 2025)

Al inicio de la cinta aparece el gato protagonista, contemplando su reflejo en un charco de agua dentro de un entorno postapocalíptico donde los animales corren libres y la vegetación reina. Bajo este ambiente, la historia se desarrolla. Una inundación inevitable obliga al gato y al resto de la fauna a huir. Comprendemos, conforme avanza la narración, que los humanos han desaparecido y sólo quedan vestigios de ellos a través de las estructuras arquitectónicas que aparecen como escenario de fondo en la aventura y trasformaciones de sus protagonistas. Un capibara, un lémur, un perro labrador y una hermosa ave blanca (pájaro secretario, originario de África) son los compañeros del gato en un barco, luchando por la supervivencia. Las distintas personalidades afloran y se ven obligados a ceder y equilibrar su carácter si quieren sobrevivir. El gato es el animal que va desarrollando más habilidades y toma mayor comprensión de su entorno inhóspito.

Franz Oliver Giesbert, periodista y escritor norteamericano, en su polémico libro Un animal es una persona, señala que durante mucho tiempo los humanos hemos negado facultades a los animales como “La risa, la inteligencia, pero también la empatía, de la que existen abundantes pruebas. No solo dentro de las especies sino también a veces entre ellas” (Giesbert, 79). Un ejemplo de este tipo de ayuda se dio en el 2003, cuando en la reserva de KwaZulu Natal, al este de Sudáfrica, un grupo de elefantes liberó (literalmente) a un rebaño de antílopes encerrados en un vallado para trasladarlo a otro lugar. Aunque los estudios sobre la inteligencia de los animales son relativamente recientes, se ha comprobado, gracias al trabajo de los investigadores, que la compasión y la simpatía no son sólo cosa de humanos.

En el 2013 unos científicos del centro de investigación de Ulsan, Corea del Sur, pudieron comprobar cómo una docena de delfines formaron una balsa viviente para sostener a un congénere que parecía tener paralizadas sus aletas. Lo sostuvieron para que pudiera respirar, hasta que el agonizante murió en la superficie del agua. Otro ejemplo de solidaridad se da entre los monos. En el 2011, un experimento en el centro Yerkes para los primates en la universidad de Emory, en Estados Unidos, demostró que si se le daba a elegir entre comerse ellos solos un plátano o permitir que un congénere se le diera otro al mismo tiempo, siempre escogían la segunda opción. Investigaciones de Stanley Wechkin, en Chicago, mostraron que unos monos Rhesus preferirían no comer, aunque tuvieran hambre, cuando se percataban de que al hacerlo uno de sus congéneres recibía una descarga eléctrica. Hubo uno que prefirió ayunar doce días en esas condiciones. Se trata de una prueba indudable de que a los monos les preocupan el bienestar ajeno (Giesbert, 81)

Me parece que Flow es una película que señala bien la inteligencia animal. No humaniza de forma innecesaria a los animales sino que les da una personalidad propia, dentro de sus características particulares y biológicas. Además muestra la cooperación y empatía de los animales que recién los científicos ya han documentado y validado. Frans de Waal comenta que dos escuelas han estudiado durante décadas el comportamiento animal pero sólo los han visto como máquinas estímulo-respuesta para tener recompensas o evitar castigos, o bien como robots genéticamente programados con instintos de supervivencia. Aunque ambas escuelas enfrentadas comparten una visión fundamentalmente mecanicista (16), algunos científicos actuales han roto paradigmas y se están centrando en reflexionar sobre la inteligencia animal con otros procedimientos. Los nuevos expertos se han vuelto menos antropocéntricos y se han sacudido sus prejuicios, sin dejar de considerar lo que se ha aprendido durante siglos de ciencia. Por ejemplo, una prueba común entre los investigadores hacia los animales es el reconocimiento ante el espejo. A pesar de que no todos los animales reconocen su propia imagen en el espejo, pueden variar mucho en su entendimiento. Aves cantoras, perros y gatos puede que no se reconozcan a sí mismos pero tampoco se dejan engañar totalmente por el espejo (De Waal, 275).

Cabe señalar que aparte de los homínidos, el reconocimiento espontáneo de la imagen especular sólo se ha observado en elefantes y delfines. Para el científico Frans de Waal, la autoconciencia se desarrolla como una cebolla capa sobre capa —para algunas especies va desde el asombro o confusión absoluta hasta la apreciación de la imagen especular— y por eso deberíamos de dejar de contemplar el test de la marca como el tornasol de la autoconciencia. Sólo es una entre muchas maneras de investigar la conciencia de uno mismo. Los humanos nunca dejamos de sorprendernos por como ciertas madres de monos capuchinos permiten que sus crías jueguen libremente delante de un espejo, o ante el caso de Suma, la orangutana de Osnabrück, en Alemania, que se encantaba viéndose en el espejo adornada con una hoja de lechuga en la cabeza a modo de sombrero (277-279).

Por cierto, esto me recordó la escena donde Lémur no deja su espejo y a sus pequeñas y preciadas pertenencias —como hacemos algunos humanos con Síndrome de Diógenes, al no poder desprendernos de una colección particular de objetos—, pasa horas admirando y contemplándose ante el cristal hasta que es roto por el grupo de perros que suben con ellos al barco. La contemplación de Lémur, con otros de sus compañeros, nos recuerda a la abstracción de muchos humanos frente al celular que se olvidan por completo de su entorno.

Actualmente los científicos se encuentran en medio de un debate sobre la inteligencia animal. Algunos biólogos consideran que la madre naturaleza “otorga a los animales los cerebros que necesitan, ni más ni menos. Incluso dentro de una especie el cerebro puede cambiar según el uso que se le dé como ocurre con el cerebro de las aves cantoras, cuyas áreas implicadas en el canto se expanden y contraen estacionalmente. Lo cerebros se adaptan a los requerimientos ecológicos igual que la cognición” (302). De acuerdo con Frans de Waal, cada organismo tiene su propia ecología y modo de vida, su propio umwelt (qué en alemán significa “mundo circundante”) que dicta lo que se necesita saber (301).

Flow es una película que debe verse. Nos da otra perspectiva de los animales sin intervención humana. Además nos muestra valores que deben resaltarse y que existen también en los humanos. Flow destaca que la cooperación, empatía y solidaridad son elementos básicos para la supervivencia grupal, algo que ya hemos olvidado los humanos en esta época digital y egoísta. Además, pone en evidencia que muchos de los sentimientos que experimentamos los humanos también lo animales los sufren como el miedo, el desconcierto y la soledad. El temor y la consciencia a la muerte es algo que caracteriza a los humanos, pero ¿cómo podemos afirmar o descartar que los animales no lo sienten también?

La ciencia aún no está preparada para responder a preguntas complejas sobre el comportamiento animal. Queda claro que hay mucho que aprender acerca de nuestras especies compañeras de la Tierra. Por fortuna, el séptimo arte nos hace uno con los animales. Flow ganó el Globo de Oro a Mejor Película Animada 2025 y ha sido nominada a varios premios a nivel internacional, entre ellos: Mejor película de animación y Mejor película familiar en BAFTA 2025, Mejor película europea en Premios Goya, nominada también a Mejor película internacional y Mejor largometraje de animación en la 97 Edición de los Oscar (2025).

Con el auge de una orientación menos antropocéntrica, cada vez los científicos se interesan más en los modos de vida variable de las criaturas. El reto es pensar más como ellas, usando la empatía humana como medio para entender a otras especies. “La auténtica empatía no se centra en uno mismo sino que se orienta al otro. En vez de convertir a la humanidad en la medida de todas las cosas, debemos evaluar a otras especies por lo que son ellas mismas” (De Waal, 310). Al hacer esto, los hombres se sorprenderán gratamente de la capacidad de los animales. Sin duda, Flow es una excelente película que puede interpretarse de diversas maneras, de acuerdo con nuestro estado de ánimo o conocimiento, pero considero que lo más trascedente es que nos da otra perspectiva biológica del comportamiento animal. A mi gato Pikus, bella bola negra con ojos azules, le gustó. Él se identificó con el protagonista y a mí me dio paz imaginándome que puede sobrevivir sin mis cuidados.

 

Referencias

De Waal Frans. ¿Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia de los animales?. TusQuets Editores. Barcelona, España. 2016

Giesbert Franz Oliver. Un animal es una persona. Alfaguara. Ciudad de México, México. 2016.

Flow: Cartelera. El heraldo Aguascalientes. 12 de enero 2025. https://www.heraldo.mx/cartelera-flow-mufasa-el-rey-leon/

Picture of Fabiola Morales Gasca

Fabiola Morales Gasca

Fabiola Morales Gasca Licenciada en Informtica por el Instituto Tecnolgico de Puebla. Egresada de talleres literarios en la Casa del Escritor y la Escuela de Escritores. Termin el Diplomado en Creacin Literaria en la SOGEM-IMACP de Puebla. Maestra en Literatura Aplicada por la Universidad Iberoamericana. Autora de los poemarios Para tardes de Lluvia y de Nostalgia 2014 y Crnicas sobre Mar, Tierra y Aire 2016 Editorial BUAP. Libros infantiles Frasquito de cuentos y Confeti 2017, BUAP y Libro de minificciones El mar a travs del caracol Editorial El puente 2017. El nio que le encantaban los colores y no le gustaban las letras 2018. Lucirnagas 2020. Participante de varias antologas en Espaa, Paraguay, Chile, Colombia y Mxico. Lectora voraz y escritora incansable.

notas