Yo aparezco justo cuando ella, por la noche, tiene que dormir. Llevo cuatro años en su vida, o sea que ya cuenta como un romance, un casamiento, o una unión total, eso supongo, porque ya ha dado a conocer a otros nuestra relación y le preguntan por mí. Pero la verdad que últimamente sí temo que me pueda hacer a un lado, e intente alejarse de mí y sacarme de su vida. Porque algo la ha hecho cambiar de parecer, con eso de que ahora le da por aprender más cosas y ha vuelto a la lectura, pero le aparecen muchas cosas en la cabeza que a veces la atormentan y le quitan su paz interior que trata de mantener para que no le entre la angustia existencial. Claro, allí es donde yo entro a recompensarla y que se tranquilice. Antes, cuando algo le preocupaba y tenía que ocuparse de ello, nunca hubiera podido yo calmarla, y menos ser parte de su vida, porque en automático llegaba el problema, ella se olvidada de mí y resolvía la situación. Pero desde hace 4 años que allí la tengo comiendo de mi mano, bueno, no, come de su mano. Le ha dado por llamarme “la cosa”, yo creo que como ya es una persona grande, se le van olvidando los nombres de los objetos y dice: pásame eso, la cosa esa. ¿O será que me devalúa?
Ella nunca había sufrido de sobrepeso, hasta que llegué yo a su vida. Bueno, también ella era más joven, más dinámica, pero ya le había llegado la locura de lo espiritual, y esto la hizo pensar, que yo nunca llegaría, es más, en los libros lo leía y le era algo ajeno. Ahora que lo pienso, creo que le llegué con la fuerza que a ella le llego lo espiritual, y al igual que con lo espiritual ha tenido que cargar conmigo o yo con ella, también puede ser que ella se recargó en mí, no lo había pensado, que ella toda una mujer espiritual se recargara en mí “yo cosa” transgresora, sin límites, irrespetuosa, gulosa, de gula, no golosa de golosa sexual, lo cual, yo creo, que le hace falta también a ella. Por eso llegué a darle placer.
Pero yo llegué, poco a poco, le gustaban las series coreanas de Netflix, sí la mayoría de temas profundos, a mí me aburrían no sé de dónde le salió el gusto por lo coreano, bueno, pero disfrutaba de sus Takis mientras veía las series, y yo pues disfrutaba con ella, todo iba bien, ella no me percibía, pero yo ya estaba allí, dándole gusto con los Takis, un paquetito pequeño cada noche. Su vida se deslizaba sin sufrir grandes variaciones. Luego, un día, cambió de lugar los muebles de su cuarto porque escuchó por allí que las líneas de Hartmann y Curry que se originan en la radiestesia, en el punto donde se cruzaban, no debería de estar un ser vivo porque se enfermaba o moría, así que cambió sus muebles, porque precisamente donde dormía se entrecruzaban estas líneas. ¿Cómo lo supo?, la vi que compró en Amazon sus varillas radiestésicas y anduvo buscando los puntos, y claro, aunque la ciencia no lo ha comprobado, los peces de su sobrino habían muerto y exactamente donde tenía su pecera allí se cruzaban estas líneas. Por lo que no dudó que era cierto lo que producían el cruce de las líneas radiestésicas, y de inmediato hizo el cambio de los muebles de su recámara donde dormía con su esposo.
A pesar del cambio de muebles en un lapso de tres meses, se cayó dos veces. En la primera caída se fracturó la rodilla y a los tres meses se fracturó el hombro, y soy testiga (y digo testiga y no testigo porque tengo conciencia de género) de que no había ninguna línea de Hartman o Curry, que se cruzara en el lugar que se cayó, pero allí cayó. La primera vez después de levantarse de la cama donde estábamos viendo la película de Carl Gustav Jung, un método peligroso y el inicio de la película el séptimo sello, por aquello de que le había dado por estudiar un curso titulado La Sombra. ¿Por qué se cayó? Yo, la cosa, no lo sé, ahora yo creo que hasta yo me espanté, si estábamos tan bien, viendo películas y aprendiendo sobre nuestra sombra, y ahora yo, la cosa, creo que soy como su sombra. Pues yo estaba con ella, era parte de su sistema, también me dolió su caída, y luego que había terminado en fractura de su rodilla izquierda, pues con ese susto, bajó como tres kilos, ahí bien sedentaria pero como no podía cumplir sus antojos por la falta de movimiento, se conformó con lo que le dieran de comer. Y luego, el siguiente susto a los tres meses, se paró muy alegre, ya se estaba recuperando de su fractura de rodilla y quiso tender su cama. ¡Ah! Pero ya para este tiempo, había vuelto a cambiar los muebles de su cuarto, porque, una teoría es que se cayó porque en el primer cambio de los muebles el espacio se redujo para moverse y en esa ocasión, tres veces el wifi no entraba a la TV, y tratando de conectar la TV para ver las películas en una plataforma, en la tercera vez se enredó en sus propios pies al ir y conectar el enchufe y, pues santo golpe que se dio que terminó en la fractura de la rodilla.
Yo pienso que en su vida pasada fue como monja de claustro, porque la pone contenta el sacrificio, creo por eso me he pegado más a ella. Bueno, pero estaba en que se cayó por segunda vez, después de atorarse en la pata de la cama y su cuerpo al no poderse sostener por tener aún débil su pie derecho, fue a pegar contra el muro de la pared que forma un arco para salir de su recámara, ¡en el mismo lugar que cayó cuando la rodilla, volvió a caer! pero ya con el hombro fracturado. Y golpeó su cabeza ahora sí en el suelo. Yo la cosa, hasta los pajaritos vi alrededor de su cabeza, como en las caricaturas. No pude hacer nada por ella, creo que ahora lo estoy haciendo, pero no entiende que le estoy dando compañía y placer, pero lo ha tomado al revés, exactamente como la sombra contra la que lucha día tras día.
Bueno, el hecho es que quien dormía con ella, o sea su esposo, decidió cambiarse de cuarto después de las fracturas, para evitar lastimarla, lo cual no había sido culpa de él, pero él se mostró considerado. Sin embargo, de que ella lo tomó como un abandono. Eso la angustió y le empezó a quitar el sueño. Fue entonces cuando yo, la cosa, hice mi gran aparición, de todo corazón, para acompañarla y darle cariño. Estoy segura que soy quien más la ha querido, pero ella no lo ve así, no puede entenderlo, y que esos cuatro kilos o seis kilos que ha subido son mi mayor ofrenda de amor.
Yo, la cosa, como me dice, pues ante tanto susto, abandono e insomnio, lo que quise fue tratar de calmarla con el tiempo, y que no se sintiera sola, ella no dejó de hacer sus meditaciones, y sus rezos, y su labor profesional, pero yo, la cosa, buscando ayudarla empecé a provocarle antojos en las noches, de alimentos que contenían lo que los expertos dicen que mata, pero que, a las personas, las pone felices. Aunque en algunas ocasiones las vuelve adictas, sobre todo bajo ciertas condiciones como en el caso de ella. Y que es la comida que contiene azúcar, harina y sal, pero es la forma como yo la cosa, sé calmar… Como en este caso muy particular en que se conjuntó la angustia, y el insomnio ante el abandono. Bueno, sé que están las otras drogas más adictivas, como el alcohol y demás, pero en ella estos antojos no caben hasta el momento, porque nunca hay que decir: “de esa agua no he de beber”.
Ya que se recuperó de sus ofrendas de sacrificio, o bueno como ella le llama de sus aprendizajes, de lo cual dedujo ella, que alguna temática traía con su lado derecho que significa el masculino y el lado izquierdo el femenino. Mmm… Y ahora que lo pienso, no estaba muy lejos de estarse preparando espiritualmente a algo que años posteriores entraría a estudiar. Yo no soy muy letrada como cosa que soy, pero digo: qué forma tan brutal de prepararse para los aprendizajes. O más bien soy la parte incrédula de ella, o es masoquismo radical lo de ella, como en la política los radicalismos de izquierda y derecha, yo qué sé. Y bueno tampoco es mi función decirle que no sea radical, sino que lo mejor es el equilibrio, porque, yo la cosa, estoy hecha para otra función: calmar las angustias de forma inmediata. Yo apapacho, relajo con pequeños disparos de dopamina. Ella había estado respondiendo muy bien a los antojos, con su manita tomaba los alimentos y los comía plácidamente, como un bebé que se despierta a media noche para saborear el seno materno de la madre, relajarse y volverse a dormir.
Yo, la cosa, solo le pongo en su mente las opciones de antojos, y piensa que ella elige y decide qué comer. Y ahora está brava conmigo porque ha subido 6 kilos, la oigo decir que ella nunca había estado en ese peso. Y como ya le falló la voluntad, porque hasta llegaba a ayunar 7 días, 3 de pura agua de coco y lo demás solo alimentos sin sal, harina, y azúcar y, por supuesto, evitaba la carne, por aquello del sufrimiento de los animales, pero yo, la cosa, como la he visto sufrir, pues me pregunto: ¿quién sufre más?
Quizá tenga la razón en estar media molesta conmigo, porque la hice adicta primero a los Takis, luego a los chocolates, luego a las papas con sal, o repartidos en tres momentos, siempre por la noche. Después de las 10 u 11 de la noche, y mientras no durmiera más me presentaba. Y, bueno, con el tiempo, se me pasó la mano en tratar de tranquilizarla, le di opciones de cosas más “sanas” y le provoqué atracones de arándanos, junto con nueces y almendras, pero otro día, amanecía laxada y entraba y salía del baño, juraba y perjuraba no volver a hacerlo, pero yo sé que el cuerpo es débil. Y cuando yo he entrado a hacer mi función de mitigar las emociones no reconocidas, nadie puede apartarme del camino. Ella ha hecho viajes a otros países y cree que de allá va a llegar cambiada, y no, porque yo también me acomodo en su espacio de su cuerpo y viajo con ella, pero la he visto dentro de todo contenta porque ya no se ha caído. Aunque de un año a la fecha, sí la he visto muy molesta con yo la cosa, pero cuando se enoja conmigo, se enoja con ella misma, pero yo ya ando por arriba de su mente, me he vuelto inalcanzable, así como su gran secreto y compañera de la noche. La visito cada noche sin falta, ni el mejor enamorado ha sido tan fiel como yo, pero ella ha hecho su propia lucha y como ha podido mejorar mucho su sueño, se lo espanto, provocándole más antojos de cosas raras como uvas en caldo de pollo y con trocitos de chocolate, y de otras cosillas que, de plano, la suben de peso en una semana. Últimamente se le ocurrió comer palomitas y descubrió que eso le mitigaba el hambre de otras cosas con más calorías que la subían de peso por su apetito voraz que yo, la cosa, le provocaba. Le encantaron las palomitas sobre todo con salsa Valentina, hasta dos bolsas se llegaba a comer, ambas seguíamos viendo series, esta vez empezamos a ver “Game of Trones” que ella siempre había querido ver, pero no lo había hecho porque se le hacía un gasto exagerado tener tantas plataformas, hasta que le aparecieron los 7 días gratis de HBO y se agarró como maniática viendo la serie. Al tercer día de palomitas con Salsa Valentina empezó gritar por un dolor quemante en el estómago. Yo le dije en su mente, es por la salsa Valentina y le sugerí cariñosamente que mejor le pusiera salsa Cátsup y ella en ese momento muy facilita aceptó, yo me di cuenta que comía más Salsa Cátsup que palomitas, y la observé más feliz que nunca, hasta creí que ya éramos súper amigas. Pero al terminar la serie de repente le llegó la culpa. Y comenzó su lucha innecesaria, otra vez ahí la veo, prometiéndose a sí misma que ya no comerá, que tiene que demostrar que ella es la que manda, y le hago creer que sí y luego de repente me presento y le susurro al oído, uso ese truco, “solo un poquito”, “o el de te lo mereces” y así va a la cocina y luego va por más y por más, le hago creer que lo temporal, lo que se acaba rápido como la comida que se devora la va a mantenerla feliz, así luego que comió y comió, se queda bien dormidita, despierta otro día con una alegría de bebé, pero luego se acuerda de todo lo que comió antes de dormir que ni se lavó los dientes y así cayó en la pequeña muerte y su alma salió de su cuerpo. Y comienza un nuevo día y el alma cuando vuelve a su cuerpo la nota diferente, enojada, molesta, con la culpa de haber cedido a mis ayuditas de yo, la cosa, mientras que yo, desde un rincón obscuro, me río, de su secreto que guarda, de la ropa que ya no le viene y de no saber qué hacer, porque le he reventado todas sus voluntades. Mis intenciones son buenas, le ha bajado la ansiedad del abandono, es más ya hasta disfruta de dormir sola, ahora lo que le angustia es haber subido de peso. Pero todo tiene un precio, ¿quién entiende a las emociones? , pues solo yo, “la cosa”. Últimamente ya no me cae ya muy bien, anda de quejosa por sus kilos de más y ya no me obedece como antes, creo que hay una voluntad que me falta reventarle. Será muy interesante saber qué pasa después de que me ha narrado y puesto en este relato. Solo sé que soy importante y que no está sola, pero es tesonera, sigue con sus locuras, ahora le está apostando a la escritura, se ha propuesto que el caos se ordena poniéndolo en palabras y escribiendo los pensamientos, y que de esta forma utiliza y armoniza los cuatro elementos: el aire, al escribir; el agua hablando de las emociones; el fuego poniéndole pasión a lo que escribe y la tierra aterrizando los proyectos.
Creo que me despido, por fin, pues este método es peligroso para mi sobrevivencia, con esto que se le ha ocurrido, me ha dejado sorprendida, aunque tengo mis dudas si será efectivo. Tengo miedo por primera vez que esto me aleje de ella, ya no puedo seguir hablando ha comenzado a amanecer, a clarear el día, ya es hora de que me vaya a dormir. La verdad es que yo también duermo, pero en un sarcófago carnavalesco, por eso en el día no me le aparezco. Pero ella no lo sabe, y da gracias que en el día no le dan antojos, no sé en qué terminará nuestra relación, porque si su método de la escritura le da resultado, tendré que buscar a otra persona a quien pueda calmarle las angustias provocándole antojos, y hasta atracones de esos ricos refinados alimentos.






