Noche y Niebla: nunca ms!

¿Y me hablas de felicidad? Los otros hablan de justicia, universal o no, de libertad, de fraternidad, de progreso.

No saben que el planeta está vacío y que un tren inmenso se ha llevado todo al cielo

Elie Wiesel

 

El lunes pasado se conmemoró en el mundo el 75º aniversario de la liberación del campo de Auschwitz por parte del Ejército Rojo. Desde entonces, las voces de los sobrevivientes a la Shoah no dejan de contar la atrocidad, el horror inefable que vivieron, y lo hacen con una sola intención: desean que las nuevas generaciones se enteren del mayor crimen que la humanidad ha cometido y que no se repita nunca más. Ojalá nunca más se vuelvan a utilizar la ciencia y la tecnología, los productos de la razón, para el crimen. Mucho menos por el delirio de la supremacía racial.

Por fortuna, son varias y significativas las voces y las plumas de los sobrevivientes que dan testimonio del horror vivido en los campos de concentración y exterminio nazi. De entre ellas destaca la de Elie Wiesel, premio Nobel de literatura, quien hace una desgarradora narración de lo ocurrido a los judíos de Sighet, una pequeña ciudad de Transilvania. Escribe la trilogía La noche, el alba y el día, donde destaca la ceguera de sus habitantes ante un destino al que tenían tiempo de escapar, pero se cerraron a escuchar las advertencias y súplicas de un testigo sobreviviente que, sin embargo, ante lo inconcebible de lo que les dice lo toman por loco. El narrador de las tres novelas es el autor mismo siendo un niño devoto judío entregado en cuerpo y alma al estudio del Talmud y quien anhelaba ser iniciado en la Cábala, y lo vuelven testigo de la peor de las abominaciones para él: la muerte de Dios. Ese niño devoto descubre de golpe el mal absoluto. Escribe Wiesel: “Jamás olvidaré esa noche, esa primera noche en el campo que hizo de mi vida una sola larga noche bajo siete vueltas de llave. Jamás olvidaré esa humareda. Jamás olvidaré las caritas de los chicos que vi convertirse en volutas bajo un mudo azur. Jamás olvidaré ese silencio nocturno que me quitó para siempre las ganas de vivir. Jamás olvidaré esos instantes que asesinaron a mi Dios y a mi alma, y a mis sueños que adquirieron el rostro del desierto. Jamás lo olvidaré, aunque me condenaran a vivir tanto como Dios. Jamás”.

Noche y Niebla es un documental realizado en 1955 por el cineasta francés Alain Resnais a partir de material incautado a los nazis. El texto es de Jean Cayrol y la música de Hanns Eisler. El documental nos sumerge en el denso ambiente de los campo de Auschwitz, Foreningburg, Belsen, por medio de un recorrido visual devastador por los diversos momentos de la explotación, experimentación, degradación, humillación y exterminio de los prisioneros, judíos en su mayoría pero no solamente. Noche y niebla (Nuit et Brouillard) hace referencia al Decreto Nacht und Nebel que determinaba el traslado de los prisioneros al campo donde se aplicaría la Solución final o exterminio. En vagones de tren cerrados, sin ventilación ni agua, trasladaban a cientos de prisioneros en medio de la noche y la niebla, al llegar a su destino ya la muerte había hecho su primera selección. Se escucha en el guión: “1933. La maquinaria se pone en marcha. Es necesaria una Nación sin errores. Sin huelgas, se ponen a trabajar. Un campo de concentración se construye como un estadio o un gran hotel, con inversores, competencia, sin lugar a dudas un gran negocio. No tienen un estilo preconcebido, quedan librados a la imaginación: estilo alpino, estilo japonés, estilo garaje, sin estilo. Los arquitectos inventan diferentes ingresos destinados a ser cruzados sólo una vez. Mientras tanto, Berger, obrero alemán; Stern, estudiante judío de Ámsterdam; Schmursky, comerciante de Cracovia; Annette, estudiante secundaria de Bordeaux, transcurren su vida normalmente, sin saber que, a mil kilómetros de su lugar de residencia, ya tienen un lugar asignado. Y llega el día en que sus moradas ya están terminadas y faltan nada más que ellos. Arrastrados de Varsovia, deportados de Lobtsch, Praga, Bruselas, Odessa, Zagreb o Roma. Internados de Pitivie, arreados de Belgier, partisanos de Compieu. La muchedumbre arrastrada en el lugar por error, al azar, se pone en marcha hacia los campos. Trenes repletos, atestados de deportados. De a cientos por vagón. Ni día ni noche, sed o hambre. La asfixia, la locura. De vez en cuando, pasan algún mensaje. La muerte es la primera elección. De inmediato se pasa a la noche y a la niebla.”

 Un sobreviviente más, el químico judío italiano Primo Leví, señala en Los hundidos y los salvados que él, siendo un prisionero “privilegiado” por sus conocimientos, descubrió que sólo sobrevivían quienes no dejaban de soñar. Primo Leví en su libro Esto es el hombre acuña la expresión: “La vergüenza de ser hombres”, con la que resume el hecho trágico del nazismo y los campos de concentración, el que hayan sido posibles, el que no hayan podido ni se haya sabido impedirlos. Su apuesta es radical: los campos de concentración nos habrían inoculado esa “vergüenza de ser hombres”. 

El filósofo francés Gilles Deleuze, en su Crítica y clínica, es quien nos devuelve a la realidad del presente y nos pone ante esa misma vergüenza de ser hombres, que causan no sólo las inmensas tragedias de los campos nazis, sino la cotidianidad de nuestras vidas acomodadas, la vergüenza ante “una gran vulgaridad del pensar, ante una emisión de variedades, el discurso de un ministro o las proposiciones de los bont-vivants”. Y abunda: “no hay Estado democrático que no esté comprometido hasta el alma en esta fabricación de la miseria humana. Lo que nos avergüenza es que no tengamos ningún medio seguro para preservar, ni tampoco fuertes razones para liberar devenires, incluso en nosotros mismos…”

“Morir de vergüenza” es el significante con el que el psicoanalista francés Jacques Lacan comenzaba su última lección del Seminario 17. El reverso del psicoanálisis. “Es preciso decirlo, morir de vergüenza es un efecto que rara vez se consigue.” Lacan va a cerrar esta última lección de este modo: “si hay en vuestra presencia aquí, tan numerosa, razones poco menos que innobles, es porque llego a darles vergüenza”. Para el psicoanálisis, la vergüenza es un afecto que forma parte de la serie de la culpabilidad; sin embargo, no se confunden. Lacan había elegido puntualizar la vergüenza antes que la culpabilidad, agregando también que ese “dar vergüenza”, “hacer vergüenza” no suponía un perdón.

Así como Deleuze, en la filosofía, y Primo Levi, desde la vivencia y sobrevivencia a los campos de concentración, hablan de la “vergüenza de ser hombre” y hacen referencia a la tragedia del nazismo y la tragedia que se repite en la vida cotidiana bajo la instauración de las “sociedades de control”, Lacan elige la vergüenza para concluir su Seminario 17. El reverso del psicoanálisis, donde quiso situar el discurso analítico en el contexto del momento entonces actual de la civilización contemporánea. 

De alguna manera, Lacan hace en este seminario una nueva edición implícita de El malestar en la cultura. En este seminario se puede decir, con Lacan, “ya no hay vergüenza”. ¿Qué sucede cuando la civilización tiende a disolver, a hacer desaparecer la vergüenza? Quizá, como dice Giorgio Agamben, si el prisionero es reducido al mero cuerpo, homo sacer, la Nuda vita (en los campos de concentración se les llamaba Musulman a los hombres que llegaban a ese estado casi inanimado), no es ya una persona sino una cosa, su maltrato o exterminio no produce culpabilidad alguna, no se mata a ningún ser humano sino a una cosa. Quizá la vergüenza ante sí mismo y ante el otro nos hace responsables y eso nos salve de que el horror del nazismo se repita. 

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Antonio Bello Quiroz

Psicoanalista. Miembro fundador de la Escuela de la Letra Psicoanaltica. Miembro fundador de la Fundacin Social del Psicoanlisis. Ha sido Director fundador de la Maestra en Psicoanlisis y Cultura de la Escuela Libre de Psicologa. Ha sido Director de la Revista *Erinias*. Es autor de los libros *Ficciones sobre la muerte*; *Pasionario: ensayos sobre el crimen* y *Resonancias del deseo*. Es docente invitado de diversas universidades del pas y atiende clnica en prctica privada en Puebla.

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