Nada

El designio de ser felices que nos impone el principio del placer es irrealizable; más no por ello se debe ni se puede

abandonar los esfuerzos por acercarse de cualquier modo a su realización.

S. Freud

 

A veces creo que nada tiene sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de años…

Ernesto Sábato

 

“Nada importa. Hace mucho que lo sé. Así que no merece la pena hacer nada. Eso acabo de descubrirlo.” Tal es la sentencia que Pierre Anthon, alumno de una escuela secundaria, expresa en la novela corta Nada, de Janne Teller, escritora danesa nacida en 1964. En esta novela la escritora pondrá en juego los temas que le son recurrentes en su obra: los dilemas existenciales, las preguntas sobre el origen, la violencia y el amor. Nada fue publicada en Dinamarca en el año 2000 y causó fuertes controversias por los dilemas existenciales que plantea y por la crudeza con la que su protagonista nos muestra un mundo adolescente lleno de desolación y sin esperanza. De alguna manera plantea un duro cuestionamiento a las sociedades de consumo y el vacío que dejan como secuela para una generación sumida en el más banal nihilismo. Una sola pregunta incomodó a las buenas conciencias danesas: ¿Cómo ocurrió que en una sociedad como la danesa, que nos presumen con la mejor calidad de vida, se haya provocado la sensación de que nada importa para su juventud?

El título de la novela de Teller, Nada, y su trama me recordaron un planteamiento latinoamericano de Ernesto Sábato en El túnel, donde escribía: “A veces creo que nada tiene sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde hace millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren y otros están naciendo para volver a empezar la comedia inútil.”

La trama es sencilla: Pierre Anthon deja la escuela cuando descubre que la vida no tiene sentido. Se sube a un ciruelo y empieza a vociferar sus razones por las que nada importa. Cada una de ellas, cual más, cual menos, eran dictadas como una inapelable sentencia: “Todo da igual —exclamaba en voz alta, casi gritando— porque todo empieza sólo para acabar. En el mismo instante en que nacéis empezáis ya a morir. Y así ocurre con todo.” Y más tarde, suelta una lapidaria frase: “Todo es un gran teatro que consiste sólo en fingir y en ser el mejor en ello.”

Sus compañeros de colegio se muestran tan desmoralizados por la cruda realidad que les hace ver Pierre Anthon, tanto les cuestiona, que deciden reunir objetos que les resultan interesantes para cada uno de los condiscípulos y que le pudieran señalar al incrédulo que hay cosas que valen, dan sentido a lo que somos, nos ayudan a comprender quiénes somos, y nos hacen valorar la vida que vivimos. Así, uno a uno le van mostrando algunas cosas que consideran importantes: una vieja muñeca descabezada, un peine nacarado, un viejo salterio, un casete de los Beatles que había perdido el sonido… Así van desfilando una a una esas cosas que en algún momento habían significado algo para los compañeros de secundaria de Pierre Anthon. Y no sólo eso: los agobiados chicos también fueron de casa en casa preguntando a los vecinos si podían deshacerse de algo que para ellos significara algo para enseñarle al incrédulo que estaba equivocado con su cantaleta de que nada importa. El “montón de significados” fue creciendo a los ojos de todos. Pero pronto cayeron en la cuenta de algo muy evidente: si todo lo acumulado significaba muy poco para quien lo había donado por ello lo podían soltar, entonces ¿cómo podrían significar algo para el que afirmaba que nada importa?

Se proponen ahora dar un giro en sus afanes y mostrar a Pierre Anthon cosas que les resulten esenciales, que les representen algo entrañable: la colección de libros Dungeons & Dragons, una caña de pescar, un balón negro de futbol, unas sandalias verdes de plataforma, un telescopio que había costado dos años de ahorro a Maikén, etcétera. Cada uno entregaba una prenda, no por decisión propia, sino la que alguien más del grupo señalaba, y se trataba de lo que sabían que era lo más valioso para el designado, por lo que la entrega se volvía un desprendimiento, implicaba una desgarradura. Las exigencias se volvieron cada vez más personales: un diario, un acta de adopción… A más personal el objeto entregado, mayor vacío se producía en su antiguo propietario.

Mientras la tensión crece al hacer el “montón de significados”, Pierre Anthon seguía con sus crudas sentencias que revelaban que nada importa: “¿Qué pretendéis vosotras las chicas teniendo novio? Primero te enamoras, después te echas novio y luego el enamoramiento se esfuma y te separas.”

El montón de significados, paradójicamente, entre más crecía e iba haciéndose público (se incluyen en la colecta a los notables del pueblo, las universidades), menos significado le proporcionaba a Pierre Anthon, validando cada vez más firmemente que nada importa.

Por más que intentaron, nunca consiguieron mostrar que Pierre Anthon estaba equivocado y que la vida tenía un significado. Con su fracaso, se comprobaba que efectivamente Nada importaba. Pierre Anthon había ganado.

Los demás, sin embargo, tenían ya a un chivo expiatorio, sabían que la vida nada vale, pero ahora sabían quién era el responsable. Él tenía la culpa de que hubieran perdido las ganas de vivir y de tener un futuro, era responsable de su confusión. Una de las chicas, Sofía, había enloquecido ante la imposibilidad de aceptar que nada tiene importancia.

Se trata de una novela corta pero que muestra lo difícil que es soportar una verdad tan sencilla como la que sostiene Pierre Anthon ante sus crédulos condiscípulos. Viene a mostrarnos el carácter de ideal (por tanto, inalcanzable) de la felicidad.

Encontrar un sentido a la existencia ha sido una fuente de sufrimiento para el ser hablante: justamente por estar cruzados por el lenguaje estamos condenados al malentendido. Ya lo decía Antoine de Saint-Exupéry: “el lenguaje es fuente de malentendidos”.

La cultura de consumo que vivimos nos llena de “montón de significados”, objetos sustitutivos de satisfacción, objetos todos intercambiables que, paradójicamente, entre más se tienen más se vuelven evidente muestra del vacío al que las sociedades de consumo nos condenan. Nos los muestran como “objetos necesarios” sin que, sin embargo, se puedan sostener siquiera como mitigadores de la angustia. Por el contrario, tal y como nos deja ver la novela Nada, de Janne Teller, entre más se acumulan más se siente su vacío de significado. Paradójicamente, cuando se declara que podemos tener todo, la nada nos agobia. El psicoanalista francés Jacques Lacan señalaba que la angustia se presentaba cuando falta la falta, es decir, cuando por más que se tengan o señalen objetos satisfactores, la satisfacción se esfuma, el encuentro con el vacío se vuelve inevitable.

No es casualidad que esta novela haya impactado tanto como para que se prohibiera su lectura en una sociedad como la danesa, que ha hecho fama de ser una sociedad con alto nivel de satisfacción en su población.

Ni todos los satisfactores podrán, parece ser lo que trasmite esta novela, eliminar la angustia que nos presenta el vacío de significados.

Pero ¿cómo soportar que estemos “mal-dotados” de los elementos para ser Uno, para ser felices y permanecer así? Ante la ausencia de respuesta no podemos sino reconocer el carácter visionario del pensamiento freudiano. Sigmund Freud decía que, en su afán de parecerse a dios, el hombre se intenta convertir en un dios con prótesis. Predecía, romántico al fin, que la ciencia y la tecnología nos proveerían de los satisfactores necesarios para vivir felices y satisfechos. La realidad nos ha mostrado que por más avances que la ciencia y la tecnología nos proporcionen, la insatisfacción crece. El capitalismo salvaje aun ensaya otra respuesta más radical, impone el mandato de gozar: la nada se llena por la vía del consumo, no importa qué se consuma: drogas, imagen, artículos, etcétera. Lo que sea, consumir antes que reconocer que Pierre Anthon tiene razón.

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Antonio Bello Quiroz

Psicoanalista. Miembro fundador de la Escuela de la Letra Psicoanaltica. Miembro fundador de la Fundacin Social del Psicoanlisis. Ha sido Director fundador de la Maestra en Psicoanlisis y Cultura de la Escuela Libre de Psicologa. Ha sido Director de la Revista *Erinias*. Es autor de los libros *Ficciones sobre la muerte*; *Pasionario: ensayos sobre el crimen* y *Resonancias del deseo*. Es docente invitado de diversas universidades del pas y atiende clnica en prctica privada en Puebla.

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