La triada fbica: oscuridad, soledad y angustia

El deseo ardiente en la oscuridad se transforma en miedo a la oscuridad

S. Freud.

 

El miedo a la oscuridad acompañó al genial Dostoievsky durante toda su vida. Lo mismo que el temor a la soledad acompaña la vida de muchas personas desde su más temprana infancia: la oscuridad y la soledad, junto con la angustia, constituyen una verdadera triada fóbica y siniestra.

¿Qué son las fobias? La palabra fobia proviene de Fobos (del griego Φóβoς, “miedo”, terror). En la mitología griega, Fobos era hijo de Ares, dios de la guerra, y de Afrodita, diosa del amor. Acompañaba a su padre en las batallas y su función era generar miedo y la huida del enemigo. Fobos es el miedo mórbido, el pavor, que en latín se dice Timor. El fóbico, en el sentido más literal, es el tímido, el que teme permanentemente a algo.

La fobia ya había sido abordada por la psicopatología antes de que Freud nos revelara sus secretos. La fobia no es el miedo común, este subproducto de la modernidad (¿acaso no es el hombre moderno un animal miedoso, debido a su sentimiento angustiante de finitud y pequeñez?). Incluso se ha utilizado esta tendencia al miedo para imponer sistemas de control social, se instauran fobias de acuerdo a los mandatos del capital, como antes ocurría con la religión y el miedo a Dios. No, en la fobia se trata de un miedo mórbido, pero no ante cualquier cosa sino exclusivamente a “su objeto” de temor, con el que establece una relación de excitación y huida. Amor y temor se dan la mano en la fobia.

La fobia cuestiona de manera profunda al ser, le atañe en toda su relación con el mundo, aunque le implica esencialmente en el cuerpo. Ante el objeto de su fobia, el cuerpo reacciona de manera dramática, paroxística: se sale huyendo o se paraliza. Ante el objeto de su fobia, el sujeto se encuentra ante un espectáculo insoportable, queda atrapado, con la mirada fija ante el objeto del horror. Se forma así una triada importante a nivel inconsciente Mirada-Cuerpo-Fobia. Este es el camino en que nos introduce Freud, el de una escritura inconsciente de la fobia, mucho más allá del catálogo de fobias que nos regalan las disciplinas “psic”.

La cosecha de fobias entró a la ciencia (psicopatología) gracias a los trabajos del psicólogo Williams James, en 1870, con la intención de erradicar el miedo al agua o hidrofobia, que se conocía desde 1314. El cortejo de las fobias en la modernidad se abre con la aparición de la luz a principios del siglo XX, se trata de la “fobia a la luz” o “fotofobia”. De ahí la lista es larga y muchos los personajes de la psiquiatría que las consignan: la agorafobia o miedo a los espacios abiertos, señalado por Wesphal; o la claustrofobia, de Ball; o la temible fobia llamada dismorfofobia o temor a la deformidad del cuerpo, de Kraepelin. El manual de psiquiatría DSM V menciona a la fobia social que provoca huir de ser visto o la convivencia con extraños. También hay zoofobias, miedos a los animales; en nuestros días también se percibe un extraño miedo a amar, a enamorarse o al compromiso, filofobia le llaman. En fin, la lista es larga, muy larga. La ciencia moderna ha permitido hacer muy poco para erradicar las fobias, por el contrario, se incrementan y diversifican: miedo a volar, a los espacios, a los lugares con gente, a la oscuridad, a la luz, miedo a viajar, a los ascensores y un largo etcétera.

Podemos inferir que detrás de cada una de las fobias se encuentra la angustia y sus múltiples máscaras. En alemán, angustia y fobia (miedo) se encuentran vinculadas con la misma palabra, Angst. Desde muy temprano en sus teorizaciones Freud establece una liga entre el miedo y la angustia. En un texto de 1926, Inhibición, síntoma y angustia, escribe: “Angst tiene una relación indiscutible con la espera: es miedo (angst) de algo. Un carácter de indeterminación y de ausencia de objeto le es inherente, incluso el uso correcto cambia su nombre cuando encontró un objeto y la reemplaza por Furcht (miedo)”.

Max Graf (1875-1958), musicólogo y profesor del conservatorio de Viena, es el paciente que en la historia del psicoanálisis le habla a Freud de su hijo Herbert, de cinco años, quien se conocerá como pequeño Hans, a quien Freud dedica sus trabajos en torno a la fobia. Se trata de una fobia al caballo que estalla en 1908 y se resuelve en abril del mismo año con una intervención de Freud. Es un paso fundamental en el tratamiento de las fobias, ya que irá más allá de los mecanismos de la fobia (desde donde se propone una desensibilización sistemática) a los significantes de la fobia, es decir, a explorar la vertiente inconsciente o subjetiva de la fobia. El genio de Freud se juega al darle un lugar a la “tontería”, como el pequeño e inteligente niño llamaba a su fobia al caballo. Freud sabe que la neurosis nunca dice nada tonto (hay que confiar en la moneda del neurótico, recomendaba) y, dándole lugar a esa “tontería”, el pequeño Hans se vuelve el historiador de su propia tontería.

La novedad en el acceso de la fobia se ubica en la introducción de la dimensión simbólica que le permite historizar el miedo, hacerlo significante en la vida del pequeño sujeto. Con esta intervención freudiana se abre el camino para dar lugar a la causa inconsciente de la fobia.

Desde lo planteado aquí podemos abordar esas dos fobias que con cierta frecuencia acompañan a la infancia: la oscuridad y la soledad que, acompañadas por la angustia (que lleva a la parálisis y al silencio), forman eso que ha sido llamada arriba trilogía unheimlich (siniestra). Escribe Freud, “De la soledad, del silencio y de la oscuridad no podemos decir otra cosa salvo que, en la mayoría de la gente, éstos son verdaderamente los factores a los que está ligada una angustia infantil que nunca se apaga del todo”. De este fuego, caldo de cultivo donde se cocina lo infantil, siempre quedan cenizas en disposición de encenderse en cualquier momento. De hecho, retomando a Schelling, define a lo siniestro, lo extraño inquietante, como aquello de lo familiar que muestra su otra cara sobrecogedora, sorpresiva e inquietante, lo siniestro ocurre cuando “lo que debía haber quedado oculto, secreto, sale a la luz, emerge”.

La soledad, bajo el sentimiento insidioso de desolación, nos confronta con el hecho de quedar fuera de la relación “auténtica” con otras personas, quedando así reducido a “sí mismo”, a la propia e imaginaria “unidad” y sus tentaciones (el onanismo entre otras), solo nos tenemos a nosotros mismos como otro. Es este encuentro del sujeto consigo mismo lo que hace crisis y lo coloca en el camino del desamparo, condición favorable para el nacimiento del sentimiento fóbico.

Si prestamos atención al sentimiento de extraña soledad que se apodera del sujeto con desamparo espacial (el agorafóbico), aquel que se siente solo en medio de la multitud, escucharemos que una pregunta le taladra silenciosa: ¿Qué es él? en medio de tanta nada. En el momento de la crisis el sujeto se encuentra ahogado en la multitud y a la vez completamente solo por lo que se ve llevado a buscar un urgente caparazón que lo libre de la soledad en medio de la multitud. Ante este enloquecimiento súbito, requiere de un espacio donde volver a encontrarse consigo mismo, donde reestablecer su alteridad en medio de tanta luz, de tanta ausencia de oscuridad.

Esa es la experiencia del que vive solo que termina por compartir la intimidad con su propio doble, hasta que esta relación se vuelve intimidante incluso siniestra. La fobia así es una defensa, Freud escribe “originariamente, la angustia de los niños no es otra cosa que la expresión de que les falta una persona amada”. La oscuridad nos sume también en la desolación, la ausencia del otro que nos hace sabernos, como aquella anécdota conocida donde un niño, encerrado en una habitación oscura, le dice a un familiar, a una tía parece, “habla”, y se le responde, “pero para qué sino me puedes ver” y el niño contestará, “pero con las palabras se ve un poco más en la oscuridad, hay un poco de más luz”.

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Antonio Bello Quiroz

Psicoanalista. Miembro fundador de la Escuela de la Letra Psicoanaltica. Miembro fundador de la Fundacin Social del Psicoanlisis. Ha sido Director fundador de la Maestra en Psicoanlisis y Cultura de la Escuela Libre de Psicologa. Ha sido Director de la Revista *Erinias*. Es autor de los libros *Ficciones sobre la muerte*; *Pasionario: ensayos sobre el crimen* y *Resonancias del deseo*. Es docente invitado de diversas universidades del pas y atiende clnica en prctica privada en Puebla.

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