El amor sólo se escribe gracias a la abundancia, a la proliferación de desvíos, de enredos, de elucubraciones, delirios, locuras -¿por qué no decirlo, no es cierto?- que ocupan un lugar enorme en la vida de cada quien.
Jacques Lacan (30 de marzo de 1974)
Jacques Lacan es un enigma de amor y odio. El pasado 9 de septiembre conmemoramos y lamentamos la muerte de uno de los pensadores más complejos y controversiales del siglo XX, el psicoanalista francés Jacques Lacan (abril 1901-sep 1981). Si bien su obra se desarrolló a partir de una puntual revisión de los trabajos del fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, sin embargo, su apuesta (valiéndose del saber de otras disciplinas como la lingüistica, la antropología, la topología, la física, la óptica, las matemáticas, además de la filosofía, el arte, etc.) es ir más allá del maestro fundador hasta plantear una radical subversión del sujeto y, desde ahí, colocar al psicoanálisis como una teoría y disciplina fundamental para pensar lo singular de la condición humana, desde la construcción del sujeto, es decir, desde la subjetividad y su clínica, hasta las coordenadas para leer, incluyendo la dimensión inconsciente, las relaciones sociales y el lazo político que les sostiene.
Formado en principio como psiquiatra, el joven Jacques Lacan, a partir de 1932, en su tesis doctoral, reconoce el valor de los aportes de las teorías de Sigmund Freud, y lo coloca como un pilar esencial para escudriñar el alma del sujeto y su tratamiento. Como un reconocimiento más claro aún, Lacan se declara en algún momento como freudiano, diciendo a sus discípulos que ellos, si lo prefieren, pudieran declararse lacanianos. Y más radical aún, declarará que él es el único que ha leído a Sigmund Freud.
De entre todos los temas que Lacan aborda hay uno que se constituye, desde Freud, como nuclear para el psicoanálisis, me refiero al amor. Jean Allouch, en su libro El amor Lacan, reconstruye y clarifica un muy enriquecedor recorrido por el amor visto desde Lacan que lo lleva, a Allouch, a forjar un nombre propio para las formulaciones que Lacan desarrollará sobre el amor y le llama precisamente: “Amor Lacan”.
Lacan habla del amor en distintos tramos de su enseñanza. Analiza el surgimiento y juego del amor en diferentes momentos de la historia de Occidente.
Sabemos que tres libros se han destacado como fuentes para pensar el Amor en Occidente: La Biblia, con El cantar de los cantares; El Banquete o sobre la erótica, de Platón, y El arte de amar, de Ovidio, este último escrito el siglo I antes de Cristo. Entre esos textos, muchos otros mitos de amor han regido la historia de la humanidad, sin embargo, parece que si algo no anda entre los sexos, en nuestros días, es que justamente vivimos en una época de amor sin mitos, no tenemos ahora un mito que nos oriente sobre ¿qué hacer con el amor?
Buscando clarificar el valor del amor para el psicoanálisis, es decir, el amor de transferencia, Jacques Lacan hace un recorrido por los diversos mitos y ficciones que se han construido sobre el amor: el amor romántico, el amor platónico, el amor loco, el amor cortés, el amor homosexual, etc. Hace ese largo recorrido para destacar la singularidad de dos ficciones sobre el amor de nuestro tiempo, ambas, productos del psicoanálisis: el amor narcisista y el amor erótico o sexual.
De igual manera en que Freud, formado en el positivismo, se define en el epígrafe de Virgilio que utiliza en La interpretación de los sueños: “Flactere si nequeo superos, Acheronta movebo”: apelé a los dioses del cielo (la ciencia) y no tuve respuesta, moveré entonces a los dioses de los infiernos (la mitología, la literatura, la ficción). Así, Lacan se propone ir más allá de los saberes sobre el amor y para ello recurre a los escritores, a los poetas en particular, para acercarse al amor de transferencia. Sabemos que Freud, hay que decirlo, presionado por sus histéricas y su sed de saber, inventa un dispositivo que da lugar al surgimiento de una experiencia clínica inaudita y sostenida en el amor.
Tres formulaciones, complejas y enigmáticas, sobre el amor podemos retomar aquí con Lacan. La primera se ubica en el Seminario 5, Las formaciones del inconsciente, donde dirá que: “El amor es dar lo que no se tiene”, lo que tendría que ver, en términos generales, con el hecho de que el amor está vinculado con la falta, amar es mostrar la falta y, eso que falta, quiere alcanzarse en la relación con el otro. El amor, entonces, involucra a la castración, sólo se puede amar desde la falta. Por tanto, el soberbio no puede amar, dado que amar es, de alguna manera, experimentar la falta: el que ama sufre y el que no ama enferma, dice Freud.
De las tres fuentes del amor mencionadas arriba: La Biblia, El arte de amar de Ovidio, y El Banquete, Lacan se detendrá en el tercero, lo recorre en el Seminario 8 La transferencia. El texto de Platón se refiere a una reunión entre amigos que andan celebrando el triunfo de Agatón en una olimpiada de poesía. Se reúnen, comen, beben, y poco después de varias horas de festejo, se proponen moderarse y hacer elogios al amor. Dentro de aquellos cantos, en el desarrollo del texto, Lacan destaca el amor aristofanesco (pronunciado por Aristófanes) que hace del amor Uno, de ahí el mito del Andrógino, quizá de alguna manera un vigente. El núcleo de este mito, y que persiste hasta nuestros días es que en algún lugar existe aquel, aquella, el otro que me complete, mi otra mitad, aquella media naranja o el complemento de mi alma con quien, al encontrarle, ya no sentiría ni frio, ni soledad, ni tristeza.
Para Lacan, también resulta fascinante el mito del nacimiento del amor; ahí se dice que Eros, el amor, es hijo de Poros (la abundancia) y Penia (la penuria, la pobreza). Por ello el amor es carencia y abundancia, nos lleva al cielo y nos manda al infierno. Nos hace y nos deshace. Sin embargo, resulta aún más relevante el hecho de que cuando, en la ronda de elogios al amor, tiene que hablar Sócrates, decide que para hablar del amor, hablará sobre lo que le enseñó una mujer, una sacerdotisa: Diótima: coloca el amor del lado femenino. Es Diótima quien le dirá que en el amor sólo se puede desear aquello que no se tiene, pero que se supone a alguien su posesión, es decir, amar es suponer que el otro un saber sobre lo que me falta, así, enseña Lacan: amo a aquel a quien supongo un saber sobre mí que desconozco.
En el muy rico seminario 8, Lacan también hace del amor una metáfora que consiste en la producción de una inversión donde el erómenos (el amado) devenga amante (Erastés), algo de esa naturaleza se produce en la experiencia de análisis.
En una tercera formulación, que nos remite al Seminario 10, La angustia, Lacan nos dirá que el amor es lo que engaña en tanto que el amor es la experiencia donde se juega una ilusión consistente en que dos puedan ser Uno. Es por esto que el amor es el lazo que anuda el saber y el inconsciente. Desde aquí no podemos cerrar sin mencionar aquél fructífero aforismo de Lacan justo en el seminario que trabaja sobre la Angustia durante los años 1962-63: “Sólo el amor permite al goce condescender al deseo”, aquí el amor aparece como mediador (ya en El Banquete de Platón es visto, el amor como un demiurgo, un medium, un mediador) entre el goce -autoerótico, el goce del Uno, el goce de lo Mismo, el goce de la fijación y la repetición- y el deseo que apunta al campo del Otro.






