Hambre de buey

Los llamados desórdenes de la alimentación son ya un síntoma social de nuestro tiempo. Son muchos los rostros que ponen de manifiesto este trastorno, sin embargo, hay uno que hoy nos interesa abordar aquí: se trata de la Bulimia, βουλιμ?α, cuya etimología significa “hambre de buey” y está compuesta de boûs, buey e λιμ?ς, limós, hambre, y se utilizaba cuando alguien estaba tan hambriento como un buey. La forma general de significar sus expresiones como signo de contemporáneidad, se caracteriza por el deseo compulsivo de comer y provocarse posteriormente el vómito. Se trata de un padecimiento o un síntoma de nuestro tiempo. Recién en 1979 el psiquiatra Gerald Russell acuña el término bulimia nervosa, en principio como una variante de la llamada anorexia nerviosa.

Ya desde la antigüedad se sabía de la tendencia en algunos sujetos a comer de manera voraz y compulsiva, una tendencia a comer lo que sea como sea, donde sea. Y dije comer, pero en realidad se trata de tragar, comer sin medida y sin clemencia, comer hasta la saciedad, saciarse hasta llevar al extremo, a la tensión mayor, la relación entre la vida y la muerte.

El ciclo entre atracón e inducción al vómito, sólo para continuar comiendo, ya era conocido en la antigua Roma, donde se hablaba del caninus appetitus y se describía una secuencia: intensa preocupación por la comida, ingesta importante de alimentos en períodos cortos de tiempo seguido de desmayos.

Es cierto, en los llamados desórdenes o trastornos de la alimentación se muestra un costado siniestro de la alimentación que incluso funciona como una forma de hacer lazo social. En particular, entre los desórdenes de la alimentación, la bulimia se muestra como la puesta en acto de esa condición de la pulsión que persigue satisfacerse, sí o sí, es decir, en la bulimia se apunta al comer, no al lazo social que se asocia con la comida. La bulimia no puede separarse de la anorexia. La lógica de aparición sigue un trayecto referenciado con frecuencia en la clínica: inicia con regulaciones en la alimentación que termina con una anorexia restrictiva y, en un segundo momento, se presentan los signos de la bulimia: la inducción al vómito, principalmente. Esta lógica está marcada por la búsqueda del ideal del cuerpo-delgado. La bulimia es la recaída de la restricción anoréxica.

Sigmund Freud, desde muy temprano en su obra, se muestra interesado en los desórdenes de la alimentación, por ejemplo, en el llamado Manuscrito D, habla de “neurosis de hambre”, quizá para referirse a la bulimia o hambre de buey. Ahí establece una relación de paralelismo entre las neurosis sexuales y las neurosis de hambre (que no necesariamente se trata de la anorexia), neurosis que más tarde será mencionada como neurosis de angustia. Es sabido que una de las expresiones de mayor ansiedad es la sensación insaciable de hambre. Más tarde, en Inhibición, síntoma y angustia, dirá que: “tampoco es raro un incremento del placer de comer; se ha investigado poco una compulsión a comer que tuviera por motivo la angustia de morirse de hambre”. La bulimia estaría identificada como una neurosis de angustia.

La anorexia-bulimia es una pasión del sujeto por un objeto (la comida) y una función (la alimentación), su vida toda gira en torno a estos significantes que, como nos enseña el psicoanálisis, está asociada a una verdad del sujeto reprimida. Es por ello que estos desórdenes no se consideran una enfermedad sino que se trata de fenómenos que señalan posiciones subjetivas. En este sentido, la inervención clínica no apunta a la normalización de la función orgánica alterada sino a la escucha en el sujeto de esa verdad reprimada.

Las estadísticas que se obtienen sobre los desórdenes alimentarios señalan que afectan en su mayoría a las mujeres y las adolescentes. Las razones de estas inclinaciones van más allá de su supuesta debilidad o vulnerabilidad, incluso, aunque tenga su relevancia,  tampoco sería por cuestiones de ambiente o una moda que promueve un ideal de delgadez extrema.

Aunque es una realidad que el discurso de quien presenta signos de anorexia-bulimia es el de una pasión por la comida, qué van a comer, cuántas calorías, la planificación de los vómitos, etc., no deja de mostrarse una contradicción de sentidos, una paradoja en torno a la nada: el comer nada de la anoréxica y la nada que busca la bulímica en el vómito mantienen entre sí un goce ilimitado del objeto nada, el vacío.

El psicoanalista italiano Massimo Recalcati, en La última cena: anorexia y bulimia, con respecto al vacío que se hace pasión en la anoréxica-bulímica señala que: “En el fondo del objeto-comida (…) está efectivamente, el vacío. Pero no el vacío del estómago, un vacío anatomizado que puede ser rellenado del objeto-sustancia”, se trata de ese vacío que el sujeto lleva desde el origen, aquel vacío que abre en el sujeto una falta-en-ser como enseña Jacques Lacan. Sin embargo, ese vacío es una condición para que pueda existir junto a la falta, el deseo.

Sabemos que el fenómeno bulímico se puede presentar en hombres y mujeres, lo mismo que en cualquier posición subjetiva: neurosis, psicosis y perversión, dado que en ambos,  hablantes-seres, les falta un fragmento de goce. Sin embargo, en el caso de las mujeres, carecen de un órgano de localización del goce válido simbólicamente, lo que nos orientaría para pensar porque los desordenes alimenticios, la bulimia en nuestro caso aquí, estadísticamente se presenta mayormente en mujeres en tanto que no-todas reguladas por el falo.

 

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Antonio Bello Quiroz

Psicoanalista. Miembro fundador de la Escuela de la Letra Psicoanaltica. Miembro fundador de la Fundacin Social del Psicoanlisis. Ha sido Director fundador de la Maestra en Psicoanlisis y Cultura de la Escuela Libre de Psicologa. Ha sido Director de la Revista *Erinias*. Es autor de los libros *Ficciones sobre la muerte*; *Pasionario: ensayos sobre el crimen* y *Resonancias del deseo*. Es docente invitado de diversas universidades del pas y atiende clnica en prctica privada en Puebla.

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