Dominio, apoderamiento, crueldad

El corazón tiene razones que la razón no conocen. Se sabe esto por mil cosas…

Blaise Pascal

 

Para Mel, por los encuentros y los estremecimientos

 

El mundo se nos muestra convulso, se hace cada vez más visible aquella vieja sentencia de que todo pueblo está en guerra con todo pueblo, toda nación en guerra con toda nación, toda ciudad en conflicto con toda ciudad, toda familia enemistada con otra familia y todo sujeto vive en conflicto consigo mismo. El conflicto, el Mal, la guerra, han sido protagonistas de la historia de la humanidad. El mismo fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, sin duda el mayor escrutador del alma humana, señala que “el odio es más antiguo que el amor”.

En este sentido, tendría que ser reconocible el lugar que el psicoanálisis le ha dedicado al estudio del odio y la agresividad en el funcionamiento del ser humano. No le da vuelta al tema, no tendría que hacerlo si se quiere estar a la altura de la época.

Si algo se cuestionó Freud a lo largo de su obra fue con respecto a preguntarse sobre qué es aquello que mueve la vida en los seres humanos. Propuso un concepto fundamental para dar cuenta de las formas de relación entre el sujeto y el objeto y las formas de satisfacción, se trata del término alemán Trieb, que se traduce como pulsión y que, sin embargo, con frecuencia es traducido erróneamente como instinto. Trieb no es instinto, es más bien deriva. Los animales en estado salvaje (no pasa del todo igual con los animales humanizados) siempre saben a lo que van, saben cuál es el objeto que necesitan y para qué, lo cual siempre tiene que ver con la conservación; los humanos, en cambio, con respecto al objeto andamos siempre a la deriva, nunca sabemos lo que deseamos y por tanto cada encuentro viene acompañado de su fracaso. “El suicidio (dice Jacques Lacan) es el único caso de éxito sin fracaso”.

Dicho de otra manera, el instinto se mueve por la búsqueda de la adecuación al objeto, es instinto de conservación, apunta a la vida, es guía en la vida; por otro lado, y en sentido contrario, la pulsión apunta al exceso, es una fuerza que desconcierta al sujeto, se expresa como algo que apunta al displacer, a la anulación, a la destrucción, a la muerte. Se trata de una fuerza indomeñable. Ahí, en el exceso, la pulsión se convoca. Así ocurre justamente con las adicciones, por ejemplo.

Ya Aristóteles hablaba de una facultad apetitiva como un componente del alma (junto con otras tres: la nutritiva, la sensitiva, la imaginativa) que, sin embargo, va en contra de lo entendible, va más allá del principio del placer, si lo decimos en términos del psicoanálisis. En ese sentido, Emmanuel Kant plantea en su texto Enfermedades de la cabeza, que la pasión es aquello que va en contra de lo entendible, lo mismo que ocurre con la pulsión propuesta por Freud.

La pulsión es una fuerza que proviene del soma (el cuerpo) y se expresa en la psique (alma) del sujeto. La pulsión es también una fuerza constante que, si se le compara con el hambre y la sed, como ocurre con frecuencia, entonces se le tendría que añadir el adjetivo insaciable. Las pulsiones se equiparan con el hambre y con la sed, sí, pero insaciables. Pero “la pulsión se alimenta…”, como escribe Néstor Braunstein en Las pulsiones y la muerte, “Se alimenta. De olores, de miradas, de aplausos, de mucosas, de palabras, de rimas y ritmos, de golpes dados y recibidos, de humillaciones. de culpas y vergüenzas, de contratos cumplidos e incumplidos, de espejos y retratos[…] A veces, también, de besos y orgasmos […] Más con la invitación a comer que con la comida. Se alimenta, no se satisface con todo esto”.

En el corpus teórico del psicoanálisis, el lugar conceptual de las pulsiones es abstracto y complejo; hay pulsiones yoicas y pulsiones sexuales, hay pulsión de vida y también de muerte, hay pulsiones de conservación y pulsiones parciales, las hay también narcisistas. Las pulsiones se expresan en relación con el cuerpo, en particular concentradas en las llamadas zonas erógenas, ahí donde la pulsión queda siempre condenada a la insatisfacción.

Dentro de todas las expresiones de la pulsión, que a lo largo de la teoría freudiana van construyéndose, variando, hay una muy especial, se le conoce como pulsión de apoderamiento o de dominio.

Considero necesario detenernos en ella si queremos acercarnos a la pregunta sobre ¿qué lleva a ciertos sujetos a querer dominar a otros seres humanos?

Esta pulsión de apoderamiento es también poco referenciada en la literatura psicoanalítica. Bemächtigunstrieb es traducida también como pulsión de sometimiento, lo mismo que de dominio o apoderamiento. Es la pulsión que pone el acento en la fuerza con la que la pulsión busca apoderarse, gozar, del propio cuerpo en el Otro. Esta pulsión de dominio o apoderamiento también la encontramos vinculada con la agresividad. Ese núcleo constitutivo del sujeto en el Otro.

En Tres ensayos para una teoría sexual, texto de 1905, Freud define a la pulsión como un concepto límite entre lo psíquico y lo somático, y que consta de cuatro elementos: una fuerza, un empuje, una meta, y un objeto. Pero además plantea la existencia en la pulsión de un componente de crueldad primitiva. Tengamos en cuenta que la crueldad es el acto que no tiene en cuenta el dolor del otro, no le importa el sufrimiento, simplemente ocurre que el sufrimiento del otro no existe.

Sigmund Freud escribe en 1915 un texto dedicado exclusivamente a la pulsión, le llama justamente Pulsiones y destinos de pulsión. Ahí dará un viraje doble: por una parte, transforma la pulsión de apoderamiento en sadismo, y por la otra, el fin del sadismo ya no es el apoderamiento sexualizado sino la humillación y el dominio por la violencia.

La crueldad que se ejerce en el apoderamiento, el dominio, la humillación del otro, tiene que ver con lo crudo, lo sangriento; según la etimología crueldad deriva de Crudelitas, “f, inhumanidad, fiereza de ánimo, impiedad”, y se mencionan como sinónimos “brutalidad, atrocidad, ferocidad, impiedad, insensibilidad, sadismo, salvajismo, truculencia, barbaridad”.

La pulsión de apoderamiento, de dominio o de agresividad se manifiesta como sadismo, y su presencia es constante en los pensamientos y hallazgos de Freud. Esta presencia pulsional, que ya era mencionada desde antes de 1919, y algo de ella se expresa en el texto freudiano llamado Lo siniestro, pero es en 1920, con Más allá del principio del placer, que adquiere su nombre definitivo y le llama Pulsión de muerte. Ahí Freud señala, en definitiva, la presencia de la pulsión de muerte en el placer de la agresión y la destrucción (multiplicidad de crueldades históricas certifican la propuesta) tan propia de la condición humana. Esta ganancia de satisfacción por la vía de la crueldad para Freud se manifiesta en la conjunción de “las aspiraciones destructivas con otras, eróticas e ideales, facilita desde luego su satisfacción”. De esta expresión podemos deducir que los deseos de carácter erótico no son ajenos a una pulsión de destrucción para beneficio del yo, como se puede ver expresada en el sadismo. El sadismo es primero, una pulsión de muerte que, en el mejor de los casos, entrará al servicio de la pulsión sexual, es decir, del amor.

De lo contrario, si la represión no hiciera su función, entonces se cumpliría la sentencia freudiana dada en El malestar en la cultura de 1930, donde el prójimo “no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infligirle dolores, martirizarlo y asesinarlo”. Vivir en la cultura exige un sacrificio, una renuncia pulsional, hacer lazo implica una renuncia a todo intento de apoderamiento, dominio o destrucción del otro.

 

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Antonio Bello Quiroz

Psicoanalista. Miembro fundador de la Escuela de la Letra Psicoanaltica. Miembro fundador de la Fundacin Social del Psicoanlisis. Ha sido Director fundador de la Maestra en Psicoanlisis y Cultura de la Escuela Libre de Psicologa. Ha sido Director de la Revista *Erinias*. Es autor de los libros *Ficciones sobre la muerte*; *Pasionario: ensayos sobre el crimen* y *Resonancias del deseo*. Es docente invitado de diversas universidades del pas y atiende clnica en prctica privada en Puebla.

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