Complicidad…

Para un hombre, una mujer representa la hora de la verdad

Jacques Lacan

Para Lucrecia y sus luchas…

Pocos discursos hay que le han dado un lugar a una pregunta que en su simple planteamiento resulta ya incómoda, además de imposible de responder, por definición: ¿Qué significa ser mujer? En el marco de la próxima conmemoración del Día Internacional de la Mujer, vale replantearla, darle otra vuelta breve, una más.

Para el mayor escrutador del alma, Sigmund Freud, la mujer es un enigma, es el oscuro continente. Freud, quien justamente inventa el psicoanáisis a partir de escuchar las dolencias anímicas de las pacientes histéricas.

La sabiduría ancestral acumulada ha dibujado dos posiciones en torno a la mujer. Por un lado, se realizan cultos a su misterio, a su enigma; y por el otro, se le ha hecho objeto de odio y se le coloca del lado de la mentira, la oscuridad, lo falso, lo doble. Georges Duby y Michelle Perrot han realizado una monumental Historia de las mujeres en cinco tomos para decirnos que “durante mucho tiempo, las mujeres quedaron abandonadas en la sombra de su historia”. Desde luego que la historia de las mujeres no puede sino ser también la historia de los hombres y, mejor aún, se trata de la historia de las relaciones entre los sexos.

La mitología griega, cuna de las mentalidades de Occidente, coloca a las mujeres con frecuencia como instrumento de venganza o para concretar castigos de los dioses. Hesíodo, en su Teogonía, nos dice que Prometeo ha robado el fuego a los dioses olímpicos y Zeus, en castigo, preparó un mal para los hombres: “Modeló la tierra el ilustre Patizambo una imagen con apariencia de casta doncella”. Después de adornarla de tal manera que resulte irresistible para la raza de los hombres, nos dice que: “…luego que preparó el bello mal, a cambio de un bien, la llevó donde estaban los demás dioses y los hombres, engalanada con los adornos de la diosa de ojos glaucos, hija de poderoso padre; y en un estupor se apoderó de los inmortales dioses y hombres mortales cuando vieron el espinoso engaño, irresistible para los hombres. Pues de ella desciende la funesta estirpe y las tribus de mujeres. Gran calamidad para los mortales, con los varones conviven sin conformarse con la funesta penuria, sino con la saciedad”.

Con estas narrativas, el origen de la mujer es puesta como la ruina para los hombres. Una característica mitológica es que dotan a las mujeres la condición de insaciable. 

Los mitos hebreos, por otro lado, en el libro del Génesis, nos muestran otra condición que define a las mujeres bajo una condición de insumisa, su función transgresora del orden. En la Biblia nos podemos enterar que hay dos versiones referentes a la creación del hombre; así, en el Génesis 1:27 se lee: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Podemos ver aquí que la mujer y el varón fueron creados al mismo tiempo. Sin embargo, más adelante, se puede leer en el mismo Génesis 2:7 “Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre alma viviente”, y aún más adelante, Génesis 2: 18 “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él”, y en más aún Génesis 2, 20-23 “Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo animal del campo; mas para Adán no se halló ayuda que fuese idónea para él. 21 Y Jehová Dios hizo caer un sueño profundo sobre Adán, y este se quedó dormido. Entonces tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar; 22 y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer y la trajo al hombre. 23 Y dijo Adán: Esta es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; esta será llamada Varona, porque del varón fue tomada”. Como claramente podemos apreciar, la mujer ha sido creada dos veces, pero entonces, se impone la pregunta ¿qué pasó entonces con la primera mujer?.

El escritor y poeta, mitólogo, Robert Graves, retomando la interpretación de Ben Sirá, en una midrash del siglo X, relata que la primera mujer de Adán no fue Eva sino Lilith, a quien Jehová Dios creo de polvo, como a Adán, es decir, en igualdad en tiempo y materia que al varón, sólo que en lugar de polvo puro utilizó inmundicia y sedimento. El mito sostiene dos versiones sobre la causa por la que Lilith haya sido desterrada del paraíso: la primera es que al momento de la copulación ella se mostró insumisa y pidió también estar arriba como Adán; la segunda relata que al momento de la copulación, en medio del orgasmo, Lilith pronunció el nombre de Dios, lo que está prohibido. Sea cual sea la razón, por su insumisión o su goce excesivo, Lilith es castigada y mandada a vivir con los demonios lascivos, y a cambio Dios le dio a Adán una mujer que fuese “ayuda idónea”. De aquí desprendemos tres rasgos asociados con el Ser mujer, sostenido en los mitos que fundan la cultura occidental, si pudiera decirse: insaciable, insumisa y dotada de un goce otro, excesivo.

También en Grecia, pero ya no en la mitología sino ahora en la génesis de la filosofía en occidente, en La República de Platón, en el libro V, Polemarco exige a Sócrates que defina el papel de las mujeres en la nueva República, lo que venía posponiendo en tanto que considera que “la decisión que pueda tomarse sobre este punto es de una gran importancia o, más bien, es completamente decisiva para la sociedad”. El filósofo se encuentra totalmente convencido del “enjambre de nuevas disputas” que se presentarán. Propone educar a las mujeres para que puedan compartir el cuidado del “rebaño”, por lo que “hay que educarlas como hombres, formarlas para la guerra, además de enseñarles música y gimnasia”. Propone educarlas igual porque para él “no hay otra diferencia que la de que el varón engendra y la mujer pare”, pero fuera de eso, la mujer es igual al hombre con sus mismas facultades, lo mismo que en los hombres, hay mujeres valientes y cobardes, hay filósofas y otras que no lo son, y también “hay mujeres a propósito para vigilar y guardar el Estado y otras que no lo son”. Estas mujeres “a propósito”, son mujeres dignas para los guerreros, y por ello “serán comunes para todos, ninguna de ella cohabitará en particular con ninguno de ellos; los hijos serán comunes y los padres no conocerán a sus hijos ni estos a sus padres”. Y he aquí el punto que me interesa destacar: estas mujeres “a propósito”, y las medidas que les rigen, no pueden ser conocidas sino por los magistrados, porque de otra manera sería exponer al rebaño de hombres a muchas discordias. Aún en ese ambiente de “igualdad”, se añade otro rasgo con que se dibuja la condición de la mujer: es fuente de discordia.

Los estudios sistemáticos sobre las mujeres se han venido sucediendo desde la segunda mitad del siglo XX, sin embargo, ya antes, Sigmund Freud, el inventor del psicoanálisis, desde finales del siglo XIX se pregunta ya sobre ese continente oscuro que es la mujer. Nos propone que, para poder dilucidar ¿qué significa ser mujer? las consideraciones anatómicas poco aportan; para el psicoanálisis, la singularidad de lo femenino no está determinado en lo anatómico, tampoco en el cerebro. No se trata de una diferencia de órganos o de cromosomas, se trata de una diferencia de sexo en tanto significante que hace diferencia.

Lamentablemente, después de muchos siglos de patriarcado, de exclusión de la mujer, y de sumisión, lejos estamos como sociedad para darle un lugar a la diferencia, a la diferencia sexual, de darle un lugar a la singularidad, a la singularidad de la sexualidad… la lucha sigue.

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Antonio Bello Quiroz

Psicoanalista. Miembro fundador de la Escuela de la Letra Psicoanaltica. Miembro fundador de la Fundacin Social del Psicoanlisis. Ha sido Director fundador de la Maestra en Psicoanlisis y Cultura de la Escuela Libre de Psicologa. Ha sido Director de la Revista *Erinias*. Es autor de los libros *Ficciones sobre la muerte*; *Pasionario: ensayos sobre el crimen* y *Resonancias del deseo*. Es docente invitado de diversas universidades del pas y atiende clnica en prctica privada en Puebla.

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