Trece aventuras desde la mirada de la infancia

El mes de abril se une irremediablemente a la infancia. Tal vez por las jacarandas en flor, por los anhelados viajes a la playa o por el sabor a libertad que un niño pone en nuestras manos. Por cierto, ¿cuál es su mejor recuerdo antes de iniciar la adolescencia?

Hay partes de la infancia de la que no se tiene una memoria consciente; sin embargo, quedan los juguetes, las fotografías, las anécdotas del nacimiento y los primeros pasos referidos por algún adulto y los cuentos de los escritores.

Raúl Godínez, en su colección de cuentos La vida siempre tiene trece años (Ediciones del Ermitaño, Colección el salmón ilustrado), ofrece trece ficciones narradas desde la mirada de un niño o por quienes se ven trastocados por este.

Un bebé es extraordinario, capaz de transformar a todos los habitantes de una casa, haciéndoles sentir y entender el auténtico lugar que ocupan en el mundo. En el cuento titulado “Rulitas”, explica:

 

… Rulitas convocó a los seres de la casa…

—Quiero comunicarles… que me he enterado de que la señora Divary traerá a vivir entre nosotros nada menos que a un bebé…

—Hasta donde me he enterado… algunos de nosotros serán seleccionados para ser sus juguetes, otros más para ser sus compañeros de cuarto, uno que otro para ser su guardián y los demás…  serán exiliados… ya que se considerarán altamente contagiosos en cuanto a mugre y suciedad…

 

Aunque Rulitas “…era un perro de peluche que tenía una pata más corta que la otra y por eso su colita siempre se ladeaba…”, tenía un don de liderazgo que le permitía organizar al resto de los juguetes, quienes deseaban ser elegidos para alguno de esos puestos.

Mas una pregunta se imponía: “—¿Y cómo nos va a seleccionar si dicen que los bebés no hablan. Al menos no como nosotros? —hizo notar Conejo, rascándose la nariz…”

El enigma introducido por el autor es pieza fundamental para comprender qué tan lejos o qué tan cerca se está de la infancia. ¿Podría Usted, querido lector, suponer cómo los juguetes y sus padres descubren la respuesta?

Dar con ella requiere de cierto ingenio y de un poco de observación. Cabe creer que como Raúl Godínez ha escrito novela, minificción, cuentos y ensayo, y ha ganado distintos premios en literatura, lleva ventaja en esto de imaginar las maneras en que un bebé transmite sus elecciones de vida.

No obstante, un lector inquieto está listo para intuir la solución y discutirla con los hijos, con los nietos o con los alumnos de cualquier edad, porque en tratándose de la infancia, todos, sin excepción, tienen una experiencia personal y a la vez universal.

La clara y perfecta respuesta del bebé (reservada a los ojos de quien se atreva a leer el cuento) suscita tal ternura que mueve a la alegría.

Un recién nacido, por regla general, se transforma en un niño en constante crecimiento. Aprende de su entorno y adquiere habilidades para elegir a sus amigos y desarrollar sus propios gustos. En el transcurso de esta etapa, habrá de recibir y dar el primer beso; reirá de muchas cosas y se angustiará por otras. Del mismo modo, asombrará al mundo al conseguir asir su espíritu estelarizando hazañas que lo ubicarán justo a las puertas de la adolescencia, como en el último cuento titulado, “La aventura de Los Matarratas”, donde el protagonista en tono de crónica expone:

 

Nos contrataban por lo general las señoras, alarmadas por la plaga, aterradas por los animalazos o simplemente cuando, después de haber probado con todo, nosotros representábamos su última opción.

Nos conocían como “Los Matarratas”…

 

De esta suerte, el personaje principal se presenta a sí mismo y a sus amigos, Rafael, Jorge, Miguel y Buck, con la calidad de salvadores de las mujeres desvalidas, quienes después de haber agotado cualquier cantidad de recursos, acuden a ellos como “su última opción”.

Y aun cuando no lucha contra dragones, la realidad es que este niño de trece años, en unión de sus fieles compañeros de batalla, superará a los terribles monstruos emergidos durante la construcción de la mítica Línea 12 del metro, destructores de la colonia.

Enfrentarse a enemigos comunes, como ratas o ratones, exigía determinación y estrategia; y de tácticas y ambición. Empero, la vida los pillará desprevenidos con engendros inconcebibles:

 

…De una de las coladeras que estaban pegadas a los ventanales de la casa, vimos aparecer el hocico rosa y bigotón de una rata de enormes proporciones… Debía de ser un animal realmente enorme si con la pura testa lograba levantar la pesada rejilla y asomar el hocico para ventear…

 

El animal no se dejó seducir, ni el protagonista y compañía amedrentar; en consecuencia, la búsqueda continuó. Al hallarlo se inició la desgracia:

 

Cada uno de nosotros tomó su arma y también su posición… asomó, ahora sí, la cabeza enorme del monstruo y apareció… su garra derecha lanzada directa a mi tobillo. Me escapé por milímetros… salió por completo de la cañería. La otra pata, el lomo erizado, la panza, las patas traseras y una larga, muy larga cola pelada y latigueante…

Se trataba de un ser imposible… Su piel era rosa, manchada de motas negras, como la de un marrano. El hocico, casi blanco… Sus ojos eran de un rojo encendido…

La dueña de la casa comenzó lanzar gritos histéricos, lo mismo que su hija…

 

Entonces, muchas otras ratas salieron de la alcantarilla. Los cinco chicos y Buck, el perro, quedaron encerrados con ellas, desatándose una guerra, por momentos bastante desigual.

Raúl Godínez, originario de la Ciudad de México, relaciona las vertiginosas maniobras, caídas, ataques y reacciones ofensivas tanto de las ratas como de los niños, así como los desasosiegos producidos por las exitosas avanzadas de los feroces roedores, contenidas y rechazadas por los chiquillos, a pesar de carecer de armas, de medios de defensa y de padecer dolor y sufrimiento.

En esta narración, el temor es vencido por la valentía; el desánimo por el compromiso de proteger a los débiles; y la brutalidad por la lealtad.

Los grandes y pequeños trances de esta historia, así como los otros once cuentos, están disponibles para el lector que ose enterarse de las andanzas que atraviesan la infancia, mientras disfruta de las hermosas ilustraciones y viñeta de portada a cargo de Fernanda Valencia Ortega y Ariadna Valencia.

Así que, para el autor, la infancia es una travesía épica no siempre imaginaria, forjadora de hombres y mujeres prestos a probarse en la odisea de la vida.

Es probable que, por ello, aproximarse a la infancia sea semejante al sabor de la libertad.

Como siempre, Usted, querido lector, tiene la última palabra.

 

 

 

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Maritza Flores Hernndez

Cuentista, ensayista y tambin abogada. Egresada de Casa Lamm, donde hizo la Maestra en Literatura y Creacin Literaria. Considera el arte, la ciencia y la cultura como un todo. Publica dos columnas literarias cada semana, en distintos diarios. Su obra ha formado parte de la antologa de cuentos Cuarentena 2020.

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