Una de la tarde del jueves 19 de junio de 2025, llueve intensamente en la ciudad de Puebla, efecto del ciclón Erick, que había tocado tierra en las lejanas costas de Oaxaca a las seis de la mañana de ese mismo día. El sonido del agua, contradictoriamente, permite pensar en la abundancia. El follaje de los árboles, las flores cultivadas y silvestres, en los camellones y aceras grises del Barrio de Analco, confirman los buenos augurios para el artista visual Raúl Mora Sánchez con su obra, “Mis Flores Negras” y para el Museo de la Memoria Histórica Universitaria de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), que lo recibe por primera vez en su calidad de acuarelista.
Es cierto que nada detiene la actividad creativa de los artistas y de los científicos, pero a veces las secuelas de un ciclón ralentizan el tráfico, escasean los espacios para estacionarse, nadie quiere mojarse; en fin, hay pocos asistentes. No obstante, el maestro Raúl Mora, la maestra María Elsa G. Hernández y Martínez, Directora General de Museos Universitarios, y Luis Antonio Lucio Venegas, Vicerrector de Extensión y Difusión Cultural, ambos de la BUAP, nos invitan a todos a subir a la primera planta del Museo.
Afuera de la primera sala, el reto de llenar las sillas negras dispuestas para los asistentes se vio satisfecho de inmediato, pues arribaron continuamente artistas, estudiantes y público en general, portando chaquetas y paraguas, y llenando de movimiento y alegría el lugar con un sentimiento compartido por todos de “superamos los obstáculos”, “aquí estamos”.
Tras las palabras de la maestra María Elsa G. Hernández y Martínez, que explicó que la obra de Raúl Mora es producto del trabajo de muchos; siguieron las del propio artista Mora Sánchez, que hizo notar que esta obra surgió inicialmente de las fotografías que hizo a las flores de su jardín durante 20 años; de su trabajo de grabado, de dibujo y de aplicación de los colores; y especialmente de los tiempos de reclusión y pandemia, del hogar y de dos poemas Flores Negras. Por su parte, Luis Antonio Lucio Venegas destacó la labor del artista y enalteció su arte, precisamente en tiempos de pandemia, demostrando que aún en crisis es posible la creatividad y las cosas buenas.

A continuación, Luis Antonio Lucio Venegas declaró formalmente inaugurada la exposición “Mis flores negras”, de Raúl Mora Sánchez, quien, junto con María Elsa G. Hernández, en el acto procedieron al corte del listón inaugural

Raúl Mora compartió algunos datos y comentarios con los asistentes, que no tardaron en acercarse para felicitarlo, hacerle preguntas y hacerse fotografías con el artista y por supuesto, las ya tradicionales selfies.

Se podían escuchar, entre los asistentes, conversaciones sobre si “Mis Flores Negras”, de Raúl Mora Sánchez, recordarían a las Flores del Mal, de Baudelaire, o a los Poetas Malditos de Verlaine; mas la respuesta la hallaban en dos momentos: Una, en las palabras del propio Raúl Mora, inscritas en letras grandes en uno de los muros de la exposición, donde detalla el nacimiento de sus acuarelas, y que el título hacía referencia a dos poemas denominados “Flores Negras”, uno del compositor cubano Sergio de Karlo y el otro del poeta colombiano Julio Flórez.

Las acuarelas de Raúl Mora que componen la exposición “Mis Flores Negras” efectivamente están enmarcadas en negro y fondos negros; sin embargo, están alejados de Verlain y de Baudelaire, no porque haya una distancia entre los signos de la pintura y los de la escritura, sino más bien porque las acuarelas de Mora contagian la intima relación con la naturaleza, el símbolo de la belleza y la alegría, es decir, las flores que, por cierto, ninguna es negra; son blancas, rosas, rojas, etc.
De modo que se acercan más al romanticismo esperanzador de los poemas de Sergio de Karlo y Julio Flórez, que a la tragedia, autodestrucción y hermetismo propios de los poetas malditos o de Baudelaire. Baste recordar “Flores Negras”, interpretada por Jaramillo.
Lo anterior nos lleva a comprender cómo y por qué a la exposición se dan cita toda clase de artistas, incluso expertos en música clásica.
Desde luego, es sabido que música y la pintura han tenido una interacción desde tiempos antiguos; el ritmo, la armonía y el color en uno y en otro lenguaje permiten una comunicación.
Elementos que en las acuarelas de Raúl Mora quedan a la vista, ya que el dibujo, el trazo propio de un grabador experto, la impregnación en el soporte de las tintas y el manejo del agua y sus pigmentos, acreditan su robusta experticia derivada de su larga trayectoria como litógrafo de grandes maestros como Rufino Tamayo, José Luis Cuevas, Francisco Zúñiga, Sebastián Francisco Corzas, Manuel Felguérez. Lo anterior, sumado a la suavidad de sus flores, sin ser frágiles; a la profundidad de sus rasgos y sitios donde son halladas por el ojo del artista, dan a éstas un sentido de exultación de vida.
La gente siguió llegando; recorría la exposición, deteniéndose a contemplar distintas acuarelas. Las sillas, afuera de la sala, se volvían a llenar. Los visitantes conversaban entre sí, se presentaban unos a otros; intercambiaban criterios, valoraciones.



Entre los presentes saludamos a los artistas visuales Carlos Flores Rom, Sergio González Ángulo, Roberto Rodríguez, Ramiro Fernández y Miguel Anguel Huerta Parraguirre; a los escritores Humberto Sotelo y Amelia Dominguez; al conocedor en música y promotor cultural, Pablo Iglesias, y al escultor Joaquín Conde.
Para terminar, una litografía en placa de poliéster y acurela, de una rosa roja, de mano y obra de Raúl Mora Sánchez, con su firma autógrafa, terminó en manos de cada uno de los asistentes para confirmar que el arte y la amistad siempre van juntos; que en medio de las crisis, sean grandes o pequeñas, es posible hallar la vida plena y su abundancia.
Querido lector, en cuanto Usted pueda, vaya a esta exposición que estará abierta hasta el 5 de agosto.
Como siempre, Usted tiene la última palabra.






