Mam, Mafalda quiere tu autgrafo

Cada mujer, al convertirse en madre, adopta una forma de expresar “su” maternidad; y cada hijo ha de apreciarlo y, en algunos casos, agradecerlo de la mejor manera posible. Querido lector, ¿alguna vez, Usted ha pedido un autógrafo a su madre?

Hay muchas maneras de rendir tributo a la madre. En México, el 10 de mayo es la oportunidad para hacerlo patente y de paso demostrarle que sus esfuerzos han valido la pena.

Esto recuerda a Mafalda, la niña contestataria del cómic del mismo nombre. Quino, su autor, en una de sus tiras, la manda a la playa junto con su familia y amigos, aprovechando las vacaciones de verano.

La protagonista, recostada en la arena con los ojos cerrados, toma el sol (en aquella época, aún era posible; hoy sería una osadía); escucha las conversaciones que le rodean. Una madre dice:

—¡Ricardito, no te mojes los pies, hijito, que puede hacerte mal!

—¡Ricardito, tirá ese caracol, qué quién sabe qué porquerías tendrá, queridito!

—¡Ricardito, ponete el gorrito, tesoro, que el sol está muy fuerte!

Mafalda, sin perder la postura ni la compostura, reflexiona en silencio:

—Siempre se dijo que una madre es TODO; lo que no se dijo es Todo lo TODO que puede llegar a ser una madre.

Sí, Mafalda es una niña contestataria, ya lo habíamos dicho antes. Una niña que ejerce su libre reflexión y expresión y, al mismo tiempo, es prudente. Calla lo que piensa; aunque no deja de ensombrecerle el hecho de que hay madres aprehensivas; otras que desean vivir la vida de sus hijos; unas más que mejor no los atienden, argumentando que tienen su propia vida.

Ser madre no es fácil. Si lo sabrá Raquel, la madre de Mafalda: mujer joven, esbelta, aún se puede poner un bikini y llamar la atención de otros hombres; por lo que su marido, padre de la protagonista, para evitar que sea el centro de las consideraciones, la cubre con una toalla.

En otra tira, Raquel lleva en las manos la ropa que va a lavar; detiene sus pasos al encontrarse con Mafalda, que parece acechar la radio; y le pregunta:

—¿Qué pasa?

Mafalda, sin dejar de observar el aparato colocado en el piso, contesta:

—Me da miedo encender la radio.

Y, bajo la mirada atenta de su madre, agrega:

—Sería muy triste escuchar un noticioso y ver que durante todos los días que estuvimos de veraneo el mundo no mejoró en nada.

Raquel, de postura impecable y hermosa, soluciona, a la vez que continúa su camino hacia el lavadero:

—Para que mejorara, los que tendrían que haberse ido de veraneo son los que lo manejan así.

La pequeña Mafalda estupefacta al inicio, no frena su pensamiento; inmersa en el mundo, reacciona, va tras su madre que suspende el lavado por un momento al escuchar la petición de su hija:

—¿Me firmarías un autógrafo? —dirigiéndole una mirada de admiración y ternura, y sosteniendo con la fragilidad de sus pocos años, una hoja y un lápiz.

Estas tiras, que aparecen en el volumen 7 del icónico cómic Mafalda, del autor argentino, Joaquín Salvador Lavado Tejón, conocido como Quino (Ediciones Naranjo. Buenos Aires, Agosto, 1971), indudablemente resultan un auténtico tributo a las madres que, como Raquel, crían a niñas que, como Mafalda, suelen no encajar con el resto del mundo; mas ¿algún hijo cubre las expectativas de los demás? Usted, querido lector, ¿conoce a alguien así?

Raquel representa así a estas mujeres que se llenan de amor para volcarlo en sus hijos y en el mundo. Ellas no se cansan ni se sienten heroínas de mil batallas, tampoco creen que estén sacrificando su vida o su belleza o sus ambiciones personales que, evidentemente, no han perdido; sino que se hacen uno con el cosmos para aceptar a su hijo tal cual es.

Es increíble oír o leer la respuesta de Raquel. Desea sacar a su hija, Mafalda, de su pesadumbre, evitar que evada la realidad con notas de tristeza o depresión; así que le otorga una respuesta pragmática y cierta, pero sin herir ni mostrar rabia o coraje o rencor.

Logra, de tal suerte, guiar el pensamiento de la pequeña que despierta en ella, sin querer, la sensatez; quizá por ello, la niña contestataria aprende a ser prudente y a darse cuenta de que su madre es un ser asombroso y extraordinariamente bello.

Imagine Usted, querido lector: el radio que le gusta tanto a Mafalda está a su disposición, a su altura, donde ella lo pueda manipular, explorarlo y enterarse de la música y noticiosos que quiera. No obstante, no se encuentra abandonada. Su madre, que tiene muchas ocupaciones y que ha puesto a su alcance el radio, está pendiente de ella. Por eso se da cuenta de la extrañeza en su rostro, de su preocupación y del inicio del miedo y de la melancolía; en consecuencia, atinadamente pregunta cuál es la causa de todo ese escenario.

La tira cómica muestra por qué algunos hijos saben que su madre se ha ganado su respeto y simpatía; y que el amor en estos casos es absolutamente recíproco.

Por lo pronto, yo quiero el autógrafo de mi madre.

“Gorilas en Trova” comparte con todos los hijos que son o han sido Mafalda la alegría de tener o haber sido una madre como Raquel; y con todas las madres que son o han sido como ella la bendición infinita de estar en el origen del universo.

Feliz Día de las Madres.

Como siempre querido lector, Usted tiene la última palabra.

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Maritza Flores Hernndez

Cuentista, ensayista y tambin abogada. Egresada de Casa Lamm, donde hizo la Maestra en Literatura y Creacin Literaria. Considera el arte, la ciencia y la cultura como un todo. Publica dos columnas literarias cada semana, en distintos diarios. Su obra ha formado parte de la antologa de cuentos Cuarentena 2020.

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