En tiempos de corrillos o después del Día de Muertos no hay como un canto, un soneto o una décima completa. Algunas personas creen que los poemas y la poesía son algo muy difícil porque sus temas, todos, son profundos y tristes. En este caso, querido lector, ¿Usted, cuán hondamente se lanza en el pozo de los renglones versificados?
Hay muchos lúdicos que nos hacen reír, soñar y fantasear. ¿Quién no recuerda, de la tradición popular, la siguiente?
Tengo, tengo, tengo.
Tú no tienes nada.
Tengo tres ovejas
en una cabaña.
Una me da leche,
otra me da lana
y otra me mantiene
toda la semana.
Estas líneas las cantan los infantes, generalmente, acompañados de aplausos acompasados, generando un retintín que hacen de las rimas, diversión.
En México, los peques suelen reír ante el doble significado de “lana”, que por una parte se refiere al pelaje de la oveja y, por otra, al dinero, al que coloquialmente se le designa con ese nombre.
Además de que hay un ánimo presuntuoso de tener resuelta la vida.
Del poemario Menuda poesía, de Antonio Agustín Gómez Yebra, mejor conocido como Antonio A. Gómez Yedra, vemos, “Artista de Circo”:
Con la pelota en la boca
salta a la pista la foca.
Todo parece dispuesto:
va a jugar baloncesto.
A la foca enfonca un foco:
¡Pelota arriba!
¡Por poco!
Miles de niños contentos
se agitan en sus asientos.
¡¡Qué ovación!!
Esto marcha en popa:
la foca ganó la copa.
El poeta, oriundo de Cáceres, España, doctor en Filología Hispánica, juega con los sonidos en una especie de trabalenguas que lleva a cambiar de fonemas y vocales, pero no de ritmo ni de tema. Al mismo tiempo, el lector comprende con eficacia el triunfo de la foca en la copa de baloncesto. Dejando la resonancia del circo, una experiencia por la que muchos pasarán por primera vez a través de estas imágenes.
En otro, titulado, “Una mosca”, Gómez Yebra, catedrático de Literatura Española en la Universidad de Málaga, España, dice:
Una mosca, una mosca
que está en la tasca,
con sus patas, sus patas,
está rasca que rasca.
Y después, esa mosca,
mosca muy chusca,
en mi oreja derecha
no sé qué busca.
¡Vaya plomo, la mosca,
toma del frasco!
(Y me atizo yo solo).
¡Menudo chasco!
Es natural que chicos y grandes rían y se mofen al imaginar cómo la mosca se talla sus patitas; en seguida, burla al narrador al tomar de su bebida sin su permiso y logra desesperarlo al punto de que él mismo se propina un golpe.
Estos temas que son propios de la vida cotidiana y que no tienen una moraleja aligeran la carga consecuente de las actividades escolares, familiares y laborales; pues ayudan a tomar las cosas con mejor humor.
¿Conviene leer estos poemas en voz alta con los pequeños del hogar? Por supuesto, porque la voz humana genera sensaciones novedosas que ayudan comprender mejor.
¿O será prudente que ellos lean en voz alta estos versos inocentes? Claro que sí; ya que los pequeños se escuchan a sí mismos, descubren el color y matices de su propia voz. Igualmente, ganan confianza al dar énfasis a las partes más jocosas; y preguntarán por las palabras que desconozcan.
Por cierto, ¿sabe lo que implica la palabra “tascas”?
Leer poesía es pasar un buen rato. Es un tiempo corto que nos dedicamos a nosotros mismos y que nos ayuda a seguir adelante.
Como siempre querido lector, Usted tiene la última palabra.






