8 de marzo, oportunidad de un verso

Conmemoramos el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, para recordar la larga lucha de la humanidad por encontrar el equilibrio, no sólo entre el hombre y la mujer, en todas sus edades y representaciones; sino también, para reconocer en el Otro a alguien distinto y, a la vez semejante a uno mismo, que permita comprender el auténtico valor de todos los seres. Por cierto, querido lector, ¿Quién es la mujer parteaguas de su historia familiar?

Antes de responder, considere:

El hombre está inevitablemente unido a la palabra —oral o escrita—; por eso, la literatura —aunque no quiera—, da testimonio de sus avatares y cotidianidad.

La mujer irrumpe en la literatura, en su calidad de objeto y sujeto de toda clase de pasiones, como pretexto de guerras y de grandes proezas. Poco se habla de su condición de literata natural; quizá porque queda mínima evidencia de ello y ha merecido escasos reconocimientos.

A pesar de todo, nadie podría negar el hecho de que las mujeres, al modo de un fantástico cronista, relatan con su voz la trayectoria y anécdotas de la familia; los mitos, cuentos y leyendas de la comunidad; creando una atmósfera de confidencia y revelación con la que apaciguan la inquieta vivacidad de los niños; e incluso, en momentos de zozobra procuran idéntica sazón para los adultos.

Desde luego, habrá quien sostenga, esa actividad no es literatura; especialmente porque durante cientos de años, para ella quedaron prohibidas la educación y cualquier actividad ajena a las labores del hogar.

No obstante, tampoco podemos refutar la huella de vida legada por muchas mujeres; por ejemplo, la princesa azteca Macuilxochitzin, nacida en Tenochtitlan (hoy Ciudad de México), en el siglo XV —hija del consejero Tlacaélel—, que en su “Canto de Macuilxochitzin, comparte uno de los eventos experimentados por el máximo gobernante azteca, Axayácatl, en sus conquistas contra otras naciones; refieriendo:

 

Elevo mis cantos,

Yo, Macuilxóchitl,

con ellos alegro al Dador de la vida,

¡comience la danza!

El matlatzinca

es tu merecimiento de gentes, señor Itzcóatl:

¡Axayacatzin, tú conquistaste

la ciudad de Tlacotépec!

Las flores del águila

quedan en tus manos,

señor Axayácatl.

….

 

En los fragmentos antes citados, se advierte el interés de la poeta por dar noticia de la victoria del señor Axayácatl sobre la ciudad de Tlacotépec; por dejar memoria de su identidad y por establecer que todo triunfo es debido al “Dador de la vida”.

De esta suerte, efectivamente, la mujer, en su carácter de poeta y princesa, dice la importancia de los hechos, desvelando la belleza de los dioses y la virtud de los contrincantes, separándolos de la soberbia.

Así mismo señala su labor, pues ella no es la musa ni la amada, sino la declarante y la que rinde tributo a los dioses. Mira al mundo —desde su posición de mujer—, alejada de las cosas de la guerra y del gobierno, pero envuelta en todo ello.

Algo parecido, encontramos en el siglo V a.C., en Korina de Tanagra —oriunda de Beocia (hoy, Grecia occidental)—, al afirmar en uno de sus poemas:

 

Yo Korina, estoy aqui para cantar 

el coraje de los heroes y heroinas 

en los antiguos mitos

Yo canto a las hijas de Tanagra 

en vestidos blancos

y toda la ciudad se deleita

con el agua clara de mi cristalina voz. 

 

En estos versos, la poeta fija su identidad, anuncia su quehacer de recreación de los mitos y de los héroes —hijos de hombres y dioses—, que cuenta a las mujeres de Tanagra. 

Compartiendo así, sus cuestionamientos alrededor de los orígenes del mundo, puesto que los mitos a eso se refieren.

Así que, ya sea en la antigua Grecia o en el México prehispánico, la mujer expresa las circunstancias que la abarcan, sus necesidades y las del grupo social o nación al que pertenece. Igualmente, sus rasgos, creencias y posibilidades individuales y colectivos quedan plasmados en conjunción con su ser creador.

Estamos así, en la presencia de la literata, cuya obra preservada en diversos medios llega a nuestra época, mostrándonos que Ella se asume como testigo y partícipe activa de su tiempo, y como agente que espera en el devenir del mundo.

Los espacios ganados por la mujer para escribir y publicar sus reflexiones, reconocidos por el hombre y la sociedad, podrían significar en este año 2024, la oportunidad de repensar en aquella palabra ancestral que, aún ahora, perdura por toda la Tierra, en la voz de una mujer forzada a permanecer encerrada, sin la más mínima oportunidad de leer los poemas de otro, de formular comentarios o de escribir un verso.

Como siempre, querido lector, Usted, tiene la última palabra.

 

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Maritza Flores Hernndez

Cuentista, ensayista y tambin abogada. Egresada de Casa Lamm, donde hizo la Maestra en Literatura y Creacin Literaria. Considera el arte, la ciencia y la cultura como un todo. Publica dos columnas literarias cada semana, en distintos diarios. Su obra ha formado parte de la antologa de cuentos Cuarentena 2020.

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