Trabajé en Tecamachalco durante 2015 y 2016, periodo en el cual el robo de hidrocarburo a tuberías de PEMEX estaba en su momento más álgido. Yo laboraba para la Fiscalía General del Estado de Puebla, como notificador del área de justicia restaurativa o medios alternos. Me tocaba salir a visitar a algunos criminales para notificarles sobre procesos de mediación. Todo el tiempo estuve en el centro de balaceras y atentados contra compañeros del área de seguridad. Municipios como Palmar de Bravo, Tecamachalco, Yehualtepec, Acatzingo, Tepeaca forman el conocido Triángulo Rojo, que a la fecha se sigue considerando una zona muy peligrosa. En 2016 publiqué un libro de crónicas que narra algunas de las travesías más complejas que viví en mi estancia en aquellos municipios, pasando por amenazas de muerte, la desaparición de compañero de la Fiscalía y hasta un enamoramiento, entre otras cosas más. Procuré mantener un tono solemne, aunque también habita en el libro un poco de humor, porque considero importante hablar de las problemáticas sociales desde la comedia para despertar un agudo sentido crítico entre lectoras y lectores. El libro se llama Diarios de Teca. Sus páginas narran algunos de los días más intensos de toda mi vida. A pesar de ser una zona violenta, yo le tomé mucho cariño a esos pueblos porque hice amistades entrañables que me permitían ver otro mundo respecto al que tanto se hablaba en los diarios de nota roja.
En 2024, el escritor Ricardo Cartas publicó la novela El baile de los que sobran con Editorial Gato Blanco. La diégesis se desarrolla en la comunidad de Pueblo Prieto, un lugar imaginario que me hizo recordar mucho a la Junta Auxiliar de Palmarito Tochapan y a otras comunidades aledañas al Triángulo Rojo. La novela alterna capítulos que son narrados por una gallina y una rata de campo, la primera focaliza el relato al interior de los hogares y la rata nos permite ver a través de sus ojos las calles de Pueblo Prieto. El humor negro está presente en todos los capítulos del libro y se manifiesta de forma solvente, lo cual se agradece. Se agradece en general que haya creadores que apuesten por satirizar realidades terribles. Casos como el de Cartas o el icónico Ibargüengoitia no abundan en la literatura mexicana, que pareciera tender más a la solemnidad. La ejecución de un acertado humor narrativo no es fácil, pero Ricardo Cartas utiliza recursos literarios, entre ellos el de un lenguaje coloquial de los narradores combinado con letras de canciones, muy de sonideros, que animan el espíritu humorístico del texto.
En El baile de los que sobran están evidenciados ellas y ellos, los que sobran, los que la pobreza arrincona para llevarlos voluntaria e involuntariamente al crimen organizado. La historia cuenta cómo Pueblo Prieto tiene un aparente desarrollo económico desde que la extracción del huachicol se vuelve la principal fuente de ingresos de varios. Ellos controlan todo: al presidente municipal, a la policía, y no les gusta perder, menos en partidos de futbol contra los odiados vecinos de Teca. Y es precisamente en un partido contra ellos que la novela explota para ver el perfil más radical de los personajes. La gallina y la rata nos cuentan una violentada historia de amor entre dos hombres, que me hizo recordar un poco la película Secreto en la montaña, aquel enamoramiento entre dos vaqueros, ambos contextos desarrollados en un ambiente rural, condicionados por el machismo imperante en el entorno. Además, aparece un profesor de Física que llega al pueblo para enseñar los beneficios de la ciencia a los alumnos de la comunidad, pero rápidamente entrará en conflicto con los mafiosos del pueblo que no creen en el conocimiento como medio de desarrollo, en todo caso se entregan al discurso de la riqueza rápida y a la mala.
Muchos de los hechos que se narran son terribles. ¿Por qué tendríamos que recurrir a la risa para exhibirlos? Quizá como un sentido de liberación de esta y tanta violencia reinante en un país como México y porque también es un necesario ejercicio crítico. Como lector, quedo agradecido con Ricardo por llevar la literatura al tema del huachicol, del cual me parecen se pueden desprender más narrativas que visibilicen a muchas comunidades y sus problemáticas olvidadas por la mano de Dios, como dice el dicho.






