Esperanza de vida (Nitro/Press, 2022), de la escritora mexicana Abril Castillo Cabrera, comprende una serie de relatos donde se exploran temas como los vínculos familiares o el proceso del crecimiento, visto desde una mirada íntima, cálida y femenina. Los relatos indagan en lo profundo del ser humano, en la parte más voluble: la infancia, la memoria y las heridas emocionales que se generan y heredan, y cómo éstas se repiten.
A primera vista, por el título, la lectura pareciera optimista. Sin embargo, Esperanza de vida revela precisamente la fragilidad de poseer esa esperanza en un mundo conocido por la desilusión y el desencanto. La esperanza no siempre es fácil y luminosa, y pareciera que la autora nos invita a mirar lo que ocurre dentro de los hogares donde esta cualidad ha escapado.
Castillo retrata cómo los adultos, la mayor parte del tiempo y sin darse cuenta, traspasan esas frustraciones a las infancias. Es ahí cuando las niñas y niños de los relatos intentan comprender el mundo desde esta mezcla de ternura, pero a la vez de mucha confusión.
Su lectura por momentos se percibe como invasiva: el lector siente estar observando el diario de distintas niñas y adolescentes, adentrándose en lo que cada una interpreta de sus vivencias. En la narrativa hay una sensación de intimidad en las voces con el lector, como si los cuentos fueran confesiones privadas que alguien nos comparte con confianza. Esto provocó que, como lectora, también me regresaran recuerdos, emociones de la propia infancia.
Al mismo tiempo aparecen la soledad y pequeñas (o no) violencias que se viven dentro del hogar, reflejadas en gestos cotidianos como en la falta de atención, palabras que hieren sin querer, en los silencios que pesan. La autora demuestra cómo estas experiencias marcan a las personas y cómo, a pesar de todo, siempre podemos refugiarnos en la ternura.
El estilo narrativo de Castillo Cabrera es muy visual y poético, quizá combinando su escritura con su formación como artista. Logra capturar sus narraciones con un lenguaje cuidadoso y, por ende, permite imaginar con claridad lo que describe. No hay palabras complicadas que te detengan a leer el párrafo nuevamente, sin embargo, cada frase está cargada de muchas emociones. La forma en cómo cuenta las cosas, por ejemplo, nos presenta el dolor sin exageración, pero con suficiente carga como para dimensionarlo.
El libro combina la ternura con la dureza, permitiendo que no aparezca el juicio prematuro, sino que observa y comprende a sus personajes desde la empatía. Como menciona Elma Correa en la contraportada, en estos cuentos breves pero muy significativos observamos cómo el niño aún habita en el adulto y eso resume a la perfección el espíritu de la obra: todos llevamos por dentro aún a ese niño que tiene miedos, sueños y esperanzas, recordándonos la importancia de la ternura incluso en medio del dolor.
Esperanza de vida nos invita a mirar lo que hay detrás de las historias familiares e infancias. Es una lectura que conmueve y genera una sensación de cercanía. Tal vez es como mirar a través de un espejo hecho con recuerdos de la infancia, en el cual cada uno muestra una emoción distinta y, por muy pequeño que sea el recuerdo, en realidad dice mucho de quiénes somos.






