Al empezar la lectura de Profecía autoincumplida, de Hugo Ernesto Hernández Carrasco, un libro de cuentos que publicó el IMACP en 2025, me llamó la atención el epígrafe de Roberto Artl que dice: “Cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte. Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal”. Recordé un análisis que hizo la crítica de arte Avelina Lésper sobre el libro El Resplandor, de Stephen King. Hizo una lectura meticulosa de la obra en donde nos revela que King pretende a lo largo del libro burlarse de aquellas personas que se dicen escritores, pero que requieren de ciertas condiciones para escribir. Es lo que le ocurre a Jack Torrance: al principio de la novela busca aislarse de la ciudad para pasar una temporada en un hotel solitario ubicado en las montañas; es la antesala a la locura del personaje, que a final de cuentas termina escribiendo nada.
En la antología de cuentos de Hernández Carrasco hay protagonistas que padecen de algo similar a la experiencia de Jack Torrance en El Resplandor, como son los cuentos “El motel del falso poeta” y “Metacuento”. En ellos, dos hombres obsesionados con un extenso bagaje de clichés se autoimponen ciertas condiciones para aspirar a la grandeza artística, ya sea pasar a la posteridad como un autor de culto o siquiera aspirar a una beca literaria. El libro en general posee una fuerte carga de humor, sobre todo humor negro bien cimentado, lo cual agradecí bastante, considerando que mis últimas lecturas habían sido muy solemnes, algo además muy común en la literatura contemporánea.
También está el cuento inicial, “Amarillo Vanidad”, en donde una prenda de vestir se personifica y es su soberbia la que le terminan asestando su Profecía autoincumplida, pues se resiste a ser adquirida por ciertos clientes en una tienda de ropa para terminar con un destino fatuo.
“Roído” es un texto que me gustó mucho porque me parece de los más “poblanizados” del libro, junto con “Huehuecóyotl”. Hay una bien elaborada correspondencia entre la narrativa y el entorno poblano en ambos textos. En el primero, un secretario de un consultorio dental libra una lucha encarnizada contra una mujer joven y su diestro uso de nuevas tecnologías; una historia cargada con una sátira que hace juegos verbales desde el nombre y apodo del personaje “Juanito Nunca pierde”, será su terquedad, también, su peor enemiga. Una terquedad por la tradición y el espacio que también manifiesta José Antonio en “Huehuecóyotl”, el cual considero el cuento mejor logrado del libro, se toma su tiempo para mostrarnos el conflicto del personaje. Una bruma siniestra que se forma con la arena el desierto del Sahara está provocando un apocalipsis que llega incluso a la zona de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl. José Antonio y su perro, aislados, luchan contra lo inevitable en un entorno rural donde tradición y memoria hacen simbiosis de una forma por demás entrañable.
Quizá con este libro Hugo está explorando un discurso narrativo en el cual se evidencia la terquedad por escribir, ya sea como parodia, recreo y refugio contra el caos.






