Mal presagio sobre el pan y las palabras

Las lagunas que siempre avistamos desde las alturas están casi secas. Las primeras lluvias están atrasadas y también la siembra. Creo que este año los campesinos no estarán felices con su suerte. Es un mal presagio que me inunda, así de la nada, porque sí. Los precios están subiendo y nadie dice nada. Cuando fracase la cosecha, dirán que la inflación es por la sequía. Se olvidarán que la guerra empezó primero. Es siempre así: los mega intereses andan por delante de todos. No hay nada apasionante o conmovedor en vaticinar la escasez que se avecina. El arte perderá espacio para el pan, como fue en otros tiempos, cuando no había inteligencia artificial.

Ahora hay todo, solo no hay voluntad para hacer bien las cosas. Nadie piensa en reconstruir el planeta después de tantas atrocidades. Algunos ilusos e interesados baratos apuestan por un candidato a la presidencia que haga un milagro en su país, cuando en realidad los tipos están listos para hacer millonarios a sus tataranietos, porque de una y mil maneras saben que no llevarán a la tumba las riquezas acumuladas.

Las lagunas casi secas recuerdan los días de emergencia de la pandemia. Tal vez predigan verdades opuestas a alegres regocijos que no estamos listos para comprender y tendremos que enfrentar en seguida. Porque en el hambre y en la miseria no existe poesía. La miseria prescinde del arte y todo el tiempo da muestras intrínsecas y objetivas de sus múltiples necesidades.

Hace casi un año que los misiles vienen reventando los ojitos azules de los niños y que escaseó para muchos el trigo. De todas las señales, la que más me preocupa es la escasez del trigo, porque sin pan no adelanta reunir palabras. Ya nadie podrá escribir de una forma llana, ya las palabras no resultarán naturales. Los gritos y sollozos no servirán para nadie, como no sirven ahora bajo los astillazos de granada.

A menudo, durante unos segundos, ya no sé si la escena de las lagunas casi secas tuvo lugar antes o después, si en el mes de agosto ventoso o en el mes de septiembre asfixiado por una ola de calor inusual. Tan solo sé que cuando las avisté percibí que todo faltaría para todos, muy pronto. En eso no hay nada de poesía. En caso de que ocurra lo que me imaginé al ver las lagunas secas, muchas cosas se perderán en un mes venenoso cualquiera.

Tal vez fue solo un mal augurio violento y desmesurado que se apoderó de mi conciencia y me hizo sentir el cuerpo tembloroso, tambaleante; que pasó dejando la fuerte impresión de que las cosas que andan mal se quedarán peores y que las palabras serán abandonadas.

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Márcia Batista Ramos

Es escritora, filósofa y Cónsul Honoraria de Brasil en Oruro, Bolivia. Autora de más de una decena de libros en diversos géneros, su obra ha sido traducida a 16 lenguas, consolidándola como una figura clave del intercambio cultural iberoamericano. Es columnista internacional en medios de Europa y América, y presidente para Bolivia de la Cámara Internacional de Escritores & Artistas. Distinguida con múltiples Doctorados Honoris Causa, su trabajo combina la creación literaria con una profunda labor de crítica y gestión cultural. A la fecha fue publicada en 38 países.

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