Mi amor por la Literatura se fue gestando mientras leía la trilogía de El Señor de los Anillos de JRR Tolkien, cuando yo tenía unos 19 años. Ya era lector, desde mis años en secundaria, pero no amaba a la Literatura.
Tuve la característica de haber leído la obra de Tolkien antes de que salieran las películas de Peter Jackson a principios de milenio. Cuando supe de las adaptaciones cinematográficas, tuve mis dudas de que fueran a gustarme, porque el lenguaje de Tolkien no me parecía del todo apto para el cine. Sin embargo, me di cuenta de que Jackson hizo las películas con profundo respeto a la obra original, se notó la pasión y el esmero en muchos de los detalles en la elaboración fílmica y yo quedé maravillado en las salas cine cuando cada año se estrenaba un capítulo diferente de la trilogía. La Academia norteamericana terminó de validar tan notable esfuerzo al darle 17 premios Oscar.
Pedro Páramo es el debut como director de Rodrigo Prieto, destacado fotógrafo que puede presumir de haber trabajado con gente de la talla de Martin Scorsese. Rodrigo comentó, previo al estreno de la película, que se trataba de una versión personal de su lectura del gran clásico de Juan Rulfo. Cuando terminé de ver la película, me di cuenta que ese comentario fue sincero.
Guardando toda proporción, al igual que Peter Jackson con Tolkien, Prieto muestra un profundo respeto por la obra de Rulfo y se esmera con sus talentos en mostrar una obra personal, teniendo como pilar los diálogos, escenarios y personajes de la novela mexicana por antonomasia. Pedro Páramo es también una de mis obras favoritas, lugar común de un lector mexicano, quizás incluso de un lector latinoamericano, quizás también de un lector del mundo. Me he negado a ver las versiones fílmicas previas porque no he escuchado comentarios favorables de las mismas; el prejuicio, también, como lugar común. Siguiendo con los tópicos: “Pedro Páramo es una obra imposible de filmar por su poderosa prosa poética que se apega a los poderes de la literatura que despierta la imaginación en el lector, más allá de los explícitas que son las imágenes del cine”. No, no es una cita creada con inteligencia artificial con la suma de diversa pompa académica, es acaso un intento de cotorreo autoral o un breve tributo personal a Walter Benjamin.
Considero que la película Pedro Páramo es una aceptable adaptación de una obra muy compleja de trasladar al lenguaje cinematográfico, sí. El filme de Rodrigo Prieto tiene una escenografía con planos abiertos que son poesía visual, se evidencia su talento como fotógrafo, su Comala es de tonos gótico-anaranjados, lúgubres, ardientes. Las actuaciones, en su mayoría, son convincentes; las caracterizaciones funcionan, unas más que otras. Percibo que le falta solvencia al mando de toda la obra a un iniciático director, mayor dominio de todos los elementos de los que dispone, pero no falta de ímpetu.
Contemplamos una obra intervenida que termina siendo otra respecto a la original; sin embargo, se agradece el respeto, la distancia y la sinceridad con que fue concebida, y aún si las adaptaciones no tuviesen ese respeto, no les priva de volverse obras maestras, pensemos en Kubrick, por ejemplo.






