Semilla Terrestre: Una parábola que nos atrapa

“El Destino de Semilla Terrestre es enraizar entre las estrellas”

“El mundo está lleno de historias dolorosas. A veces es como si no hubiera más que esas y, aun así, me descubrí pensando en lo bonito que era aquel atisbo de agua entre los árboles”

Octavia E. Butler. La parábola del sembrador

Hace algunos días regresé a releer a la genial escritora estadounidense Octavia E. Butler. Descubrir en este año las novelas Parentesco y La parábola del sembrador —libros que todos deberíamos leer — aumentó más mi admiración por la gigantesca aportación de esta autora a la Ciencia Ficción.

En cada novela e historia, Butler siempre nos hace reflexionar; por ejemplo, en La Estirpe de Lilith (Trilogía Xenogénesis, publicada entre 1987 y 1989) se exploran temas tan diversos y complejos como el racismo, la identidad, el género y la propia naturaleza cuando surge el encuentro de la humanidad con una raza alienígena. Al principio deja al lector desconcertado por la historia de sus protagonistas para luego cuestionar sus prejuicios personales y plantear cientos de respuestas a lo que significa ser humano.

La parábola del sembrador, publicada en 1993, me hizo pensar en muchas cosas que hoy suceden en este mundo caótico. Butler esboza una sociedad destruida por el cambio climático, la violencia, la crisis y desigualdad económica, así como la avaricia de las grandes corporaciones, al que Lauren Olamina, adolescente afroamericana y protagonista de la historia, enfrenta. Su mundo de pobreza, escasez de agua, exceso de violencia, drogas que incitan a robar e incendiar a la menor provocación, se equilibra un poco con la seguridad familiar, los libros y la religión que intenta darle sentido a la vida. Su pequeño barrio con altos muros y vigilancia por parte de los cansados vecinos no tarda pronto en ceder ante el mundo exterior y violento. Los primeros capítulos son narrados en forma de diario por una Lauren que se plantea un mundo devastado y sin futuro para los jóvenes. La escasez de trabajo y la falta de recursos hacen que los jóvenes tengan pocas posibilidades de independizarse. En el caso de las mujeres, sólo pueden aspirar a casarse y, si tienen suerte, irse con su esposo lejos de ahí, rumbo a la ciudad, para servir a grandes corporaciones que explotan mucho a cambio de techo y seguridad. Conforme la historia se desarrolla, la situación cada vez empeora y la familia de Lauren, así como los vecinos, pierde las pocas comodidades que les quedan:

Sábado, 17 de octubre de 2026

Nos estamos desmoronando.

El vecindario, las familias, los miembros de cada familia… Somos una cuerda que está rompiéndose hebra por hebra. Anoche hubo otro atraco; más bien, un intento de atraco. Ojalá hubiera quedado en eso. Esta vez no fue un robo de huertos. Tres tíos pasaron por encima del muro y usaron una palanca para colarse en la casa de los Cruz. La familia Cruz, por supuesto, tiene alarmas antirrobo muy escandalosas, ventanas con barrotes y verjas de seguridad en todas las puertas, igual que los demás, pero parece que da igual. Cuando alguien quiere entrar, entra. Los ladrones usaron herramientas sencillas: palancas, gatos hidráulicos, cosas que cualquiera puede conseguir. No sé cómo desactivaron la alarma antirrobo.

[…]

Este es el séptimo incidente desde que asesinaron a Keith. Cada vez más gente pasa por encima de nuestro muro para llevarse lo que tenemos o lo que cree que tenemos. Siete intrusiones en casas o huertos en menos de dos meses (en un vecindario de once casas). Si esto nos está pasando a nosotros, cómo será para los que de verdad son ricos; aunque, tal vez, con sus buenas armas, sus ejércitos privados de guardas de seguridad y sus alarmas de última generación, están mejor preparados para contraatacar. A lo mejor por eso vienen más a por nosotros. Tenemos unas cuantas cosas que merece la pena robar y no estamos tan bien protegidos. De las siete intrusiones, tres les salieron bien. Los ladrones entraron y salieron con algo: un par de radios, un saco de nueces, harina de trigo, harina de maíz, joyas, una tele vieja, un ordenador… Huyeron con aquello que podían acarrear. Si lo que me contó Keith es verdad, nuestros ladrones son los más tirados. Sin duda, los ladrones más fuertes, más listos y más atrevidos van a por tiendas y negocios. Pero nuestros cacos de baja estofa nos están matando poco a poco (Butler, 118-119).

Lauren, al tener hiperempatía, es decir la capacidad incontrolable de sentir las sensaciones que observa en los demás, en particular el dolor que abunda en su mundo, empieza a prepararse al mundo despiadado que está más allá de las murallas del barrio. Sabe que al leer e informarse puede enfrentar los desafíos que la esperan. Ella, como una joven con esperanzas, cree que es posible empezar una nueva vida en otro lugar. Para Lauren el cambio es parte del destino, es cambio es inevitable y está lejos del mundo añorado de sus padres. Para nuestra joven protagonista Lauren, el éxito de la supervivencia está en la resiliencia, en abrazar el cambio y adaptarse a él; también a diferencia de su padre que es pastor de una iglesia, ella está abierta a la idea de Dios.

—Jo, vamos a tener problemas. Antes lo has reconocido.

—Sí, claro —dijo—. Más disparos, más intrusiones. A eso me refería.

—Y eso es lo que pasará durante un tiempo. Ya me gustaría a mí saber cuánto. Recibiremos un golpe tras otro y luego llegará el golpe final. Y, si no estamos preparados, pasará como en Jericó. —Jo seguía con la espalda muy tiesa, negándose a aceptarlo.

—¡Eso no lo sabes! No puedes adivinar el futuro; ni tú ni nadie.

—Sí que se puede —respondí—, si quieres. Da miedo, pero, una vez que superas el pánico, es fácil. En Los Ángeles, algunos barrios amurallados más grandes y fuertes que el nuestro han desaparecido. No quedan más que ruinas, ratas y okupas. Lo que les pasó a ellos puede pasarnos a nosotros. Vamos a morir aquí, a menos que nos pongamos ya manos a la obra y busquemos formas de sobrevivir.

—Si eso es lo que crees, ¿por qué no se lo dices a tus padres? Avísalos y a ver qué dicen ellos.

—Eso pretendo, en cuanto se me ocurra un modo de hacerlo que les llegue. Además… Creo que ya lo saben. Mi padre, por lo menos, lo sabe. Creo que la mayoría de los adultos lo sabe. No quieren saberlo, pero lo saben.

—A lo mejor mi madre tiene razón con lo de Donner. Quizá podría hacer cosas buenas.

—No, no. Donner no es más que una especie de barandilla humana.

—¿De qué?

—Me refiero a que es como…, como un símbolo del pasado al que agarrarnos mientras se nos empuja hacia el futuro. No es nada. No tiene sustancia. Pero tenerlo ahí, el último de una sucesión de dos siglos y medio de presidentes estadounidenses, hace que la gente piense que el país y la civilización en los que se crió siguen ahí, que saldremos de estos tiempos difíciles y volveremos a la normalidad.

—Pues a lo mejor —dijo—. Puede que sí. Yo creo que algún día será así.

No, no era verdad. Era demasiado inteligente como para que su autoengaño le proporcionara algo más que un alivio muy superficial. Pero incluso un alivio superficial es mejor que nada, supongo (Butler, 59-60).

Aferrarse al pasado es una forma de afrontar el caos del presente. Zygmunt Bauman, en su libro Retropía publicado poco después de su fallecimiento, analiza muchos de los malestares del siglo XXI. Acuña el término “retropía” para describir un fenómeno contemporáneo de este mundo líquido, globalizado, incierto y ansioso, donde la utopía (un futuro ideal) ha perdido su poder de atracción. Es un lugar imaginario, un lugar de regreso donde se reconstruyen pasados ideales para reconciliar la seguridad y la libertad, algo que la modernidad líquida no ofrece. Retropía emerge de un anhelo nostálgico por un pasado idealizado que se percibe como más seguro, ordenado y comunitario. Para Bauman, hay una especie de paraíso perdido que nunca existió Está alejada de la idea de Utopía propuesta por Tomás Moro (Bauman, 17-18). Las inseguridades y ansiedades de la modernidad líquida en este mundo cada vez más violento llevan a muchos a renunciar al esfuerzo de construir un futuro mejor y a volcarse hacia la “Retrotopía”. Bauman busca redirigir nuestra mirada hacia el futuro y entablar un diálogo, entendido como el arte de vivir juntos.

Para el sociólogo y filósofo de origen judío, Bauman, esta nostalgia no es natural ni un deseo genuino de historia, más bien es la construcción imaginada, es un síntoma del pánico ante un futuro que se ve con miedo. Este anhelo se manifiesta en movimientos políticos que prometen recuperar un gran pasado, cerrar fronteras y rechazar la diversidad. Es una utopía regresiva y hacia atrás. Otorga respuestas reactivas, evasivas frente al miedo, da la espalda al futuro y se refugia en un pasado mitificado. La falsa idea de recuperar el pasado lleva a soluciones simplistas, excluyentes y autoritarias; a represiones como las vistas en las distintas fronteras del mundo. Basta con echar un vistazo a los periódicos o sitios virtuales de importancia para contemplar el cumplimiento de dichas sentencias. Notamos las promesas de políticos en los países industrializados por regresar a ese pasado glorioso y próspero que es imposible sostener hoy.

Las devaluaciones económicas, las crisis emergentes por las guerras, la escasez de recursos naturales como el petróleo, pero sobre todo la falta de agua y los cambios climatológicos han llevado a la mayoría de los países, tanto del norte como del sur, a reconsiderar la existencia como tal y preguntar: ¿Valdrá la pena mirar hacia el pasado o replantearse el futuro? La cuestión es de vida o muerte y es una invitación a entregarse al esfuerzo prolongado, aunque no se garantice nada (Bauman, 58)

Octavia Butler escribió este libro hace más de tres décadas y hoy, frente a los acontecimientos mundiales, la piel se eriza ante el intento de comprender lo bastante que se acercó a la realidad de nuestros tiempos. Mucho de lo que leemos en La parábola del sembrador y en su secuela La Parábola de los talentos (publicada en 1998), se aproxima a nuestra realidad. Por fortuna, no llega hasta el extremo en algunos aspectos de la novela como las drogas, cuyos extraños efectos incitan a quemar todo a su paso, por suerte esto siguen siendo ficción. Vivimos marcados por la pobreza, el cambio climático, el uso de drogas, la escasez de agua, las condiciones deplorables de trabajo y la creciente violencia. Y aunque todavía no tenemos astronautas en Marte, sí existe una parte de la población que vive en colonias amuralladas con miedo a salir al exterior.

La filosofía “Semilla Terrestre”, de la protagonista Lauren Olamina, está basada en la premisa central de que “Dios es Cambio”, prepara a la concepción de un dios particular o religioso a la idea de una fuerza universal ineludible. Lauren considera de suma importancia la cooperación para la supervivencia. Apaciguar la violencia innata del hombre y decidir de forma consciente hacia el colectivo, es la dirección correcta para la prosperidad humana; el cambio de actitud hacia la cooperación es “dar forma a Dios”. La adaptación y unión es la única esperanza. La comunidad de Acorn se basa en estos principios con personas refugiadas, marginadas y de diferentes orígenes. La fuerza radica en la cooperación, el aprendizaje mutuo y una ética compartida que mira al futuro.

En La Parábola de los Talentos nos situamos frente a nuevos peligros: un senador radical, Jarred que arrastra el fanatismo y lanza frases prometedoras como “Ayúdanos a hacer que América vuelva a ser grande”, que hoy en día suenan conocidas. ¿Acaso nos recuerdan a alguien? Además están los constantes asaltos organizados por América Cristiana, un organismo semejante al Ku Klux Klan tanto en sus símbolos como su intolerancia frente a lo diferente. Lauren Olamina plantea alcanzar las estrellas:

La verdad es que prepararse para el viaje interestelar y luego enviar naves llenas de colonos será seguro una tarea tan larga, ingrata, cara y difícil que sospecho que sólo una religión podría llevarla a cabo.

La religión no es más que un medio para conseguir un fin.

Tanto las novelas La parábola del sembrador y La Parábola de los Talentos, de Octavia E. Butler, como el ensayo Retropía,de Zygmunt Bauman, nos plantean una crisis extrema que la humanidad tiene que enfrentar. Este es un punto de unión entre estos autores. Y aunque las primeras son ficción y el último es un profundo análisis hecho poco antes de la muerte del filósofo, las obras son respuestas a un presente problemático y un futuro percibido como amenazante. Ambos nos lanzan cientos de preguntas y pocas respuestas.

Bauman identifica el deseo de inmovilidad, de detener el cambio, de congelar el tiempo en un momento idealizado. Es una negación de la “modernidad líquida”, señala cómo los gobiernos anhelan controlar esa movilidad en un esfuerzo por defender sus territorios, por ofrecer una identidad sólida e ilusoria en un mundo cambiante, a costa de levantar muros. Butler, desde su ficción, coloca lo inevitable del cambio en el centro de su teología secular. “Dios es Cambio” desafía a “El Pasado es Seguridad”, y aunque se apueste por lo estático, sabemos que el progreso requiere aceptar la fluidez y trabajar con ella.

Tanto Octavia E. Butler, desde su ficción, como Zygmunt Bauman, con sus ensayos filosóficos, ofrecen un mapa y una advertencia crucial para nuestro tiempo. Vivimos en una era de cambios excesivos, de interconectividad agotadora, de comercio y movilidad global imposibles de detener. Algunos viven una época de añoranza no natural al pasado que justifica el arribo de gobiernos de ultraderecha. Debemos cuidarnos del auge de nacionalismos cerrados, neofascismos, fundamentalismos que provienen del anhelo retrópico, tal y como ocurre en La Parábola de los Talentos con la persecución, violencia y terribles actos ejercidos por la iglesia América Cristiana contra personas de diferentes creencias.

Bauman afirma que “Los habitantes humanos de la tierra nos encontramos (más que nunca antes en la historia) en una situación de verdadera disyuntiva: o unimos nuestra manos, o nos unimos a la comitiva fúnebre de nuestro propio entierro en una misma y colosal fosa común” (161). El desafío es elegir, colectivamente, si miramos con miedo hacia un pasado ilusorio o con valentía hacia un futuro que debemos construir, conscientes de que el cambio es la única constante. Octavia E. Butler nos recuerda que no hay pasado que valga la pena regresar. Debemos aceptar que “Dios es Cambio”, por lo tanto estamos aptos para los cambios, construyendo sitios comunitarios. Olamina hace el llamado a través de Semilla Terrestre: “No hay cielo / ni paraísos prometidos / pero hay un sueño / de tierras fértiles / de vidas que merezcan vivirse / y de formas de vivirlas”. Estamos invitados al cambio. La esperanza está viva cuando hay consciencia de unión y comunidad. La esperanza está en crear algo nuevo a partir de nuestras cenizas.

¡Felices fiestas! ¡Que la esperanza esté arraigada siempre en sus corazones!

Referencias

Bauman, Zygmunt. Retrotopía. (2017). Paidós. Barcelona.

Butler, Octavia E. La parábola del sembrador. Composición digital: leerendigital.com

Butler, Octavia E. La parábola de los talentos. Google Play Libros.

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Fabiola Morales Gasca

Fabiola Morales Gasca Licenciada en Informtica por el Instituto Tecnolgico de Puebla. Egresada de talleres literarios en la Casa del Escritor y la Escuela de Escritores. Termin el Diplomado en Creacin Literaria en la SOGEM-IMACP de Puebla. Maestra en Literatura Aplicada por la Universidad Iberoamericana. Autora de los poemarios Para tardes de Lluvia y de Nostalgia 2014 y Crnicas sobre Mar, Tierra y Aire 2016 Editorial BUAP. Libros infantiles Frasquito de cuentos y Confeti 2017, BUAP y Libro de minificciones El mar a travs del caracol Editorial El puente 2017. El nio que le encantaban los colores y no le gustaban las letras 2018. Lucirnagas 2020. Participante de varias antologas en Espaa, Paraguay, Chile, Colombia y Mxico. Lectora voraz y escritora incansable.

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