Cada año, en México, conmemoramos el Día de Muertos y Todos Santos; celebraciones que coinciden en las geografías de todo el país, por lo que es indispensable colaborar con las tradicionales “Calaveritas”, que consisten en versos dedicados a la Muerte y a un personaje famoso o público, ya sea un artista, científico, político; o a alguien de nuestra vida privada o círculo más cercano, por ejemplo, los padres, nuestros maestros, amigos, ya sea que estén vivos o que ya hayan trascendido.
En esta ocasión, comparte en este espacio, el poeta y ensayista Alejandro Muñoz Mata, su “Calaverita a los Abuelos”:
Calaverita a los abuelos
En San Luis Potosí, tierra de encanto y calor,
nací en primavera… ¡con mucho sabor!
Barrio de San Sebastián, de los encuerados,
donde santos ríen… ¡y bailan encarnados!
Allí vivieron mis abuelos, con alma y corazón
Febronio, alegre y bromista, ¡siempre con su canción!
Asunción, cariñosa y tenaz como un rito,
que tejía esperanzas con hilos de infinito.
Vecino también, con historia que el viento trae al andar,
está Aniceto, mi abuelo, ¡revolucionario sin par!
Con fusil y pobreza, luchó por la nación,
la abuela Juana no conocí… ¡su ausencia es emoción!
Hoy en Puebla me quedo, ciudad de tradición,
amores y recuerdos van al unísono con esta oración:
y en estas fechas solemnes, con cempasúchil y pan,
voy al panteón a cenar… ¡con mis muertos, qué afán!
¡¡Salud!! con atole tibio, les cuento de mi largo andar,
aunque ya no están conmigo… ¡acá los vuelvo a encontrar!
Porque en cada calaverita, en cada altar y flor,
revivo a mi gente… ¡con risa, fe y amor!
Como se observa, la Calaverita de Muñoz Mata está consagrada a la familia, a los antepasados que se han marchado, conservando el recuerdo como principal manjar de esta tradición.
Se une a esta propuesta, el acuarelista Gerardo Saldaña Gómez, quien narra con humor cómo respondería a la petición de La Catrina.
Retratro por encargo
Ahí viene la Catrina con sus acuarelas
busca que la pinte el artista, el buen Gera.
Más llega tarde, agua no hay
las lluvias fueron pasajeras
las tormentas, peregrinas
las cisternas están vacías.
Más, Ella no acepta malas respuestas
El buen Gera se apura
un charco clarea
se extiende el azul del cielo
se esparce un árbol verde
y grises, sombras como de hielo
y en las profundidades
el cráneo con un par de hoyuelos
Ay, qué gran artista es el Gera.
Igualmente, presento mi Calaverita, ofrendada a la memoria de nuestra astrofísica mexicana, Julieta Fierro Grossman. Merecedora de diversos premios como divulgadora científica, sumado a su riquísima vida privada, de luchas personales contra enfermedades que padeció desde niña, de lo que nos enteramos un poco después de su muerte —acaecida en septiembre de 2025, en la Ciudad de México—, sin que eso le impidiera formar una familia y destacar en el ámbito profesional. Logró la simpatía de la gente común, se comprometió con los lenguajes matemáticos y de uso corriente; y, además, una luciérnaga descubierta por investigadores de la UNAM fue designada con su nombre y ya es conocida en la taxonomía como Pyropiga julietafierroae.
A Julieta Fierro, nuestra luciérnaga
Julieta Fierroae luciérnaga
girante rubia es concéntrica
la miran físicos y astrónomos
también la siguen los fotógrafos.
La Parca sueña en canícula
dorada, casa de la psíquica
que bebe té de nuez y pétalos
tatuados en cielos galácticos,
divulga versos y métodos.
Susurros, vientos fríos, sin brújula
despiertan sus huesos sin escápula
cabeza y huecos como oráculos
no hay cadabras, flashes ni bálsamos
que endulcen su tiempo y espacio.
Uno a uno van dando volteretas
todos tocan galaxias y vías vastas
Marte rojo convida a sus expensas
pues alguien, colérica, los avanza.
Fierro de alas de hada vuelta paz
uno a uno susurra normas primarias
tomen número, ética y palabras
todo tiene su era o no será jamás.
Parca y Fierro, poema y ciencia, eternas
sin medida ni anchura, nos esperan.
Con el respeto y deseo de que estos días de reflexión estén acompañados de alegría, dejamos abierta la posibilidad de que Usted, querido lector, escriba sus propias Calaveritas.
Como siempre, Usted, querido lector, tiene la última palabra.






