Amores desiertos

Si volviera el amor

Si tuviera un hermano, un amigo, un sueño en la mano

Moriría ese dolor

de buscar el calor en el cruel laberinto

de este vaso de alcohol

de estas calles sin sol…

Rockdrigo González

 

Es indiscutible: José Agustín legó a la literatura mexicana algunos de los libros que marcaron a generaciones de lectores en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI. La tumba (1964), De perfil (1966), Tragicomedia mexicana (1990), La panza del Tepozteco (1992), entre otros. Todos grandes íconos culturales que dieron voz a un estilo y una soltura narrativa propia de la juventud, de la adolescencia efímera. Aún en la actualidad, sesenta años después de publicados, los adolescentes se deleitan con las obras del maestro acapulqueño. Cuando se las presto a mi sobrino, noto su genuina emoción al leerlas. Como si en la época del Tiktok y las redes sociales el eco de las letras agustinas siguiera hablándole al tú por tú a la chaviza.

Podría redactar un ensayo académico sobre la literatura de La Onda, de sus influencias musicales, del rock y del desmadre que los autores Parménides García Saldaña y Gustavo Sainz compartieron con José Agustín. También es conocida su melomanía o la irreverencia de sus personajes contraculturales. Sin embargo, solo hablaré de una obra, mi favorita: Ciudades desiertas (1982).

Ciudades desiertas es un buildungsroman, término alemán que la teoría literaria utiliza para definir obras que narran las peripecias de personajes adolescentes o jóvenes adultos en periodo de transición, que buscan por todos los medios respuestas a su educación sentimental. Es decir, este tipo de novelas relatan eventos que forjan el carácter y transforman el destino de los individuos influyendo en sus vidas para bien y para mal. En este sentido, ¿acaso existirá un estudiante mexicano de literatura que a sus veinte años ojee Ciudades desiertas sin estremecerse ante la noción de amor y ruptura que quizás es similar a la que está atravesando con más o menos los mismos elementos? Es una novela acerca de la vida, de los sentimientos, de las emociones, de las broncas que generan las primeras experiencias amorosas fallidas. Pura pinche desolación, pura desertificación entre las costillas.

La historia trata de Susana y Eligio, un matrimonio joven que se fragmenta debido a las múltiples infidelidades de él. Durante los días aciagos, Susana gana una beca para asistir al centro de escritores de una universidad en Estados Unidos en la pequeña ciudad de Arcadia, Illinois, y deja atrás su matrimonio frustrado. Eligio la sigue, cruza la frontera y llega a la academia donde Susana estudia; pero la dulce amada no está sola: otro becario, un gigantesco polaco de nombre Slawomir, mantiene relaciones sexuales con la mujer. Con esta descripción, José Agustín confronta a sus lectores mexicanos nacidos y formados en una cultura que a veces niega la libre sexualidad femenina. Eligio se entera que su esposa coge delicioso con un hombre más grande, más prolífico, y probablemente más fuerte que él. El protagonista enloquece de celos y desamor. Pero el ego herido no se rinde tan fácil, se rehúsa a dejarse vencer. El esposo enfrenta al polaco, lo apedrea en la nuca, lo insulta… no se resigna a aceptar que ni siquiera esa brutalidad traerá de regreso el amor de Susana. No obstante, los esposos lo intentan, parece que las cosas se compondrán, que resolverán la infidelidad y superarán el problema. Sin embargo, cuando todo indica una reconciliación, Susana escapa con Slawomir a Chicago. Eligio los sigue subrepticiamente solo para comprobar que la infidelidad física es demasiado intensa. Slawomir penetra a Susana mientras Eligio los observa a través de la ventana de un motel. Su corazón se rompe. Y aquí se presenta una de las grandes críticas que la obra agustina hace del, en aquel entonces (1982), machismo mexicano. Susana es la esposa de Eligio, pero eso no la convierte en un objeto; ella es libre de disfrutar su sexualidad con quien le plazca. ¡Vaya bomba para una sociedad donde los matrimonios eran para siempre! En la cual las infidelidades masculinas eran el pan de cada día, estaban normalizadas, pero las femeninas eran impensables. Los matrimonios duraban décadas quizá porque en aquellos años las esposas aguantaban todo tipo de engaños sin rechistar. En la centuria pasada era popular el dicho: tengo catedral (la esposa) y capillitas (las novias fuera del matrimonio). Ante el panorama adverso Eligio se sabe vulnerable, poco importante, sufre una derrota física y cultural. Los cimientos de su mundo ideológico se derrumban.

 

En ese momento Susana abrió los ojos y se dio cuenta claramente de que Eligio la miraba por detrás del vidrio empañado. En ese momento también el polaco empujó contra ella salvajemente y Susana ahogó un grito y se desmadejó entre convulsiones, con la boca abierta, salivante, los ojos totalmente blancos. Eligio apenas reparó en que la mirada que le dedicó Susana había sido la más terrible, un destello de luz neutra, sin coloración, que penetró sin obstrucciones hasta lo más profundo de él (…) Apenas pudo darse cuenta de que había perdido el equilibrio y estaba a punto de caer; trató de sujetarse como pudo pero no lo logró y cayó pesadamente, de espaldas, sobre la nieve. (José Agustín. Ciudades desiertas)

 

El placer intenso de Susana, su calor vaginal experimentado como un refugio por Slawomir, y la derrota total de Eligio representada tácitamente con el suelo invernal cubierto de nieve. ¡Vaya composición simbólica!

Seguro existen lectores varones de la obra que comparten el mismo trauma[1] con su protagonista: la sensación de convertirse repentinamente en el otro, el segundo, el no querido, el suplente. La mujer amada deja de ser amiga y cómplice para ser cómplice de otro, jugar en el equipo de otro, abre su cuerpo para amparar a otro hombre, nunca más a ti. En tal situación lo mejor sería apretarse los huevos[2] y huir de ahí con el rabo entre las patas, pero Eligio, epítome del machismo mexicano, se queda para llorar, para rogar, para no perder al objeto de culto de su deseo. Al verlo disminuido, derrotado, humillado, Susana se aleja, la pierde en cuerpo y alma, lo manda a la fregada.

La novela desacraliza el amor. Al final, las relaciones amorosas no son, ni siquiera para los machistas, un cuento de hadas. El amor no solo se alimenta de buenos deseos, necesita acciones, compromisos, construcción permanente. El amor de pareja intenta oponerse a la entropía en la que se desenvuelve toda experiencia humana, pero al final es la pulsión erótica la que impone sus reglas.

Esta historia está enmarcada en un aprendizaje extranjero multicultural. ¿Qué escritor en ciernes no sueña con ir becado a otro país para escribir? Lo grandioso y lo desolador. Los dos polos del bildungsroman.

La novela tiene una versión cinematográfica titulada Me estás matando, Susana (2016), dirigida por Roberto Sneider y protagonizada por Verónica Echegui, Gael García Bernal y Björn Hlynur Haraldsson, muy poco recomendable para ver durante una ruptura amorosa debido a que, entre otras cosas, es tan buena que hace llorar. Con un soundtrack espectacular y una fotografía impecable, la recomiendo a los lectores. La disfrutarán tanto como si hubieran leído la novela pues es una gran adaptación. Sin embargo, ya se sabe: el libro es infinitamente superior en todo sentido.

 

Referencias

AGUSTÍN, José (2010) Ciudades desiertas. México. Ed. Mondadori

Videocine (19 de agosto de 2016) Me estás matando Susana – Trailer Oficial. (Archivo de video) Youtube. https://youtu.be/dyYJmRERVpQ?si=8M5GD1b59ik-yNip

 

[1]En el sentido etimológico de la palabra.

[2] Así se refieren los machistas a tener dignidad.

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Isaac Gasca Mata

Maestría en Literatura Hispanoamericana, con mención Cum Laude, por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Maestría en Educación y Aprendizaje y Licenciatura en Lingüística y Literatura Hispánica. Ha presentado sus cuentos en diversos foros a nivel nacional como la FIL Guadalajara, la FIL Monterrey y la FIL del Instituto Politécnico Nacional. Como investigador participó en foros internacionales, entre los que destaca el “Coloquio estudiantil sobre identidades en América Latina”, celebrado en Ciudad de México y en Bogotá, Colombia. Algunos de sus textos aparecen en revistas como Neotraba, Círculo de Poesía y Oficio. Fue jurado del V Concurso Nacional de Poesía Joven Amapola Fenochio. Realizó una estancia en Texas, Estados Unidos de América, para compartir estrategias educativas con docentes del área de lenguaje. Participó en el “II Encuentro Latido Latino, región LATAM”, de la red global Teach For All, realizado en Lima, Perú. Es autor de los libros Genealogía de los infames (2024), Teatro cocodrilo (2024), Yo, el maldito (2022), Guerra y Rabia (2021), El libro de las personas invisibles (2020), Tristes ratas solas en una ciudad amarga (2019) e Ignacio Padilla; el discurso de los espejos (2016). Fue becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes del Estado de Puebla, en el rubro poesía. Laboró en escuelas públicas y privadas de Monterrey, Nuevo León, y Los Cabos, Baja California Sur. Actualmente es docente de Humanidades en un proyecto académico que atiende estudiantes destacados de Nuevo León.

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