Consumir todo: la droga y su mandato

la droga es lo que permite romper el casamiento con la cosita de hacer pipí

Jacques Lacan

 

El consumo de sustancias psicoactivas ha existido en todas las épocas. Cada cultura, sus “drogas”. Las toxicomanías, sin embargo, las adicciones, el consumo por el consumo mismo, son algo propio de nuestra época. El alcohol y los derivados del opio se han consumido por lo menos desde el año 5000 a. C. De más o menos por la misma época data el cultivo del cáñamo (cannabis) en China, pero también en el Imperio Inca se cultiva la hoja de coca, utilizada tradicionalmente como analgésico o energizante. En México, las plantas alucinatorias, los entheogénos (las plantas divinas. principalmente los hongos y el peyote), se consumen desde épocas ancestrales, fundamentalmente con fines mágico-religiosos. Los motivos también son diversos, lo mismo que se ingieran drogas con fines recreativos o medicinales que por placer o para huir de la realidad, etc.

Un clásico sobre los estudios de las drogas es justamente el trabajo que el filósofo español Antonio Escohotado publica en 1983 bajo el título de La historia general de las drogas. Ahí aborda fundamentalmente las llamadas sustancias psicotrópicas. Habla, por ejemplo, del uso del cornezuelo, un hongo parásito del centeno utilizado en las ceremonias de los misterios de Eleusis, se trata del precursor del LSD, ácido descubierto por Albert Hoffman. A Escohotado le interesan particularmente las llamadas sustancias éntheógenas, es decir, aquellas que generan una experiencia de conexión divina, aquellas plantas que revelan en quien las ingiere la existencia de “un dios interno”. Es curioso entererse que Escohotado escribió su historia de las drogas estando (o después de haber estado) en prisión por tráfico de cocaína, es decir, lo escribe alguien cercano a las drogas. No sabemos si sólo traficaba o también consumía. Hay en el texto de Escohotado algo más que mencionar, y esto de caracter ético, en su texto el filósofo siempre se planta en la defensa de la libertad y el derecho de cada cual para decidir su consumo.

El psicoanálisis también, aunque poco, hay que decirlo, se ha ocupado de las adicciones: Sigmund Freud decía, en 1930, en El malestar en la cultura, que las drogas han sido desde siempre utilizadas para paliar los dolores de esa fuente de sufrimiento humano que es el cuerpo. También en Freud es conocido el periodo llamado “sobre la la cocaína en Freud”, periodo que el futuro inventor del psicoanálisis llamara alotrión. Freud escribe cuatro escritos sobre la cocaína. Investigó sus efectos y usos potenciales, contaba entonces con 27 años y trabajaba en el Hospital General de Viena. Hay que decir que se trata de trabajos realizados antes de la invención del psicoanálisis. Para el joven médico Freud, la cocaína era un analgésico que tenía efectos sobre el dolor profundo y vio en ella una panacea muy eficaz para los trastornos digestivos, la fatiga y, sobretodo, para tratar la adicción a la morfina. La “sustancia maravillosa” fue llamada la cocaína. Über coca es el primero de los cuatro trabajos, publicado en julio de 1884. Freud, quien ya desde entonces mostraba el rigor de sus planteamientos, hace un análisis profundo de la sustancia y termina por establecer algunos efectos subjetivos en su consumo: a) sensación de optimismo y ligereza, b) euforia, vigor y un marcado poder estimulante, y c) la hiposomnia cuando se consumía e hipersomnia en abstinencia. Paulatinamente, el joven Freud se va desencantando de la cocaína, pasa de un periodo rosa y un periodo de formación de una necesidad coercitiva, fundamentalmente por la fatiga que le producía, un cierto letargo que limitaba sus capacidades de producción y creatividad, lo que le lleva a cerrar el periodo con la cocaína, aunado a la muerte por sobredosis de un querido amigo suyo por el consumo de cocaína que Freud le prescribe.

En Jacques Lacan, las referencias a las drogas o la toxicomanía son realmente muy pocas.

Sin embargo, al respecto, existe una referencia que nos deja una expresión que es rica en significación con respecto a las adicciones o toxicomanías, el consumo sin límites, sin orden, el consumo por el consumo. La expresión ocurre en la Sesión de clausura de las jornadas de los cartes en la Escuela Freudiana de París, en 1975, ahí Lacan dirá que la droga es lo que permite romper el casamiento con la cosita de hacer pipí. El éxito de la droga es que cualquier sustancia es bien recibida, la finalidad es suspender el matrimonio con el falo.

El psicoanalista francés, al hablar de las drogas, nos pide poner en primer plano del análisis la función de la droga antes que la persona del toxicómano o los componentes de las sustancias. En el toxicómano, como ocurre con en el adicto al consumo, ahí se presenta una soldadura entre la sustancia y el adicto, entre ambos se establece una relación de inmediatez, un goce autoerótico que tiene al onanismo como símbolo: el adicto ama a la sustancia como a sí mismo.

Con el consumo, el toxicómano se liga a una satisfacción que no se encuentra anudada al falo, es decir, una satisfacción no regulada, entregada al goce, una manía por consumir. La droga es una vía para alejarse del Otro, el consumo mandata gozar sin límites. En otras palabras, la droga es para el adicto una suplenecia que le permite sortear el conflicto sexual por el sometimiento a un goce del Otro agobiante. Intoxicado, el adicto evade la relación en falta con el Otro: a-dicción implica quedar sin-palabras, prescindiendo de la palabra se produce una ruptura con el Otro. La sustancia sutura, momentáneamente, la falla en la relación con el Otro.

En psicoanálisis nos referimos con frecuencia a un Otro, con mayúscula, pero qué es ese Otro. El Otro con mayúsculas es, según el Diccionario introductorio de psicoanálisis lacaniano de Dylan Evans: “el gran Otro designa la alteridad radical, la otredad que trasciende la otredad ilusoria… Lacan equipara esta alteridad radical con el lenguaje y la ley”, es lo simbólico, pero también la cultura, lo social, el otro cuerpo, en una palabra, el campo del Otro.

El campo del Otro es un entremado entre el discurso del amo, la política y las identificaciones sociales. El rostro moderno de este entramado, lo que se llama el campo del Otro, en nuestro tiempo, es el consumo; las drogas son objetos de consumo y por tanto están sujetas a las leyes del mercado, estas leyes, implacables, exigen la sumisión al mercado; el mercado, por su parte, oferta ilimitados objetos de satisfacción. 

El objeto droga, objeto de consumo, nos muestra la tendencia del sujeto a sustraerse de todo aquello que lo regula, es decir, busca evadir la realidad, sus demandas y sus malestares. La droga es la vía por la cual se sustrae; el toxicómano se ve arrojado al consumo sin reglas, sin tiempo y sin espacio, sin límites, atrapado justamente en la manía al tóxico. Así, la sustancia, el objeto droga no es causa del deseo sino un medio de goce. El adicto, al quedarse sin palabra, se realiza puntualmente el guion del capitalismo salvaje: el adicto, como el consumidor, se encuentra enganchado al insensato mandato de consumir todo, hasta consumirse.

 

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Antonio Bello Quiroz

Psicoanalista. Miembro fundador de la Escuela de la Letra Psicoanaltica. Miembro fundador de la Fundacin Social del Psicoanlisis. Ha sido Director fundador de la Maestra en Psicoanlisis y Cultura de la Escuela Libre de Psicologa. Ha sido Director de la Revista *Erinias*. Es autor de los libros *Ficciones sobre la muerte*; *Pasionario: ensayos sobre el crimen* y *Resonancias del deseo*. Es docente invitado de diversas universidades del pas y atiende clnica en prctica privada en Puebla.

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