Conocí a Daniel Gerber hace ya algunos años. Siempre lo he visto como un referente del psicoanálisis en México, así es reconocido en nuestro país y fuera de él. Lo que Daniel nos entrega en su libro Narcisismo, goce y lazo social es la constancia de una larga y productiva trayectoria en el campo del psicoanálisis. Nos presenta 23 trabajos sobre temas diversos que, sin embargo, se entrecruzan en tres significantes de los que no puede escapar cualquier recorrido que se proponga desde el psicoanálisis, ya sea en lo que atañe a la dimensión clínica, que es su escenario natural, como en lo social y la cultura.
Ya en el prólogo, Daniel nos muestra el eje que atraviesa a los textos que aquí nos presenta. Se trata de un equívoco pensar que el psicoanálisis se ocupa de lo “individual” excluyendo lo social. Esa lectura revela un profundo desconocimiento de lo planteado por Freud y Lacan. Es desde este “equívoco” que Daniel traza sus recorridos por una diversidad de temáticas de absoluta actualidad. Nos muestra en cada trazo al psicoanálisis como el paradigma que “permite pensar el concepto de sujeto más allá de la (falsa) dicotomía individuo-sociedad”.
Con la rigurosidad que le permite su profundo conocimiento del psicoanálisis, en sus dimensiones clínica y teórica, pero a la vez con una maestría en la escritura que lo hace accesible, Daniel traza, con rigor y ala vez con claridad, cuestiones que atañen a la naturaleza, a los mitos, a la relación entre Bataille y Lacan, pero también analiza el concepto de pulsión de muerte y su relación con el narcisismo. En todos los textos podemos encontrar, de alguna manera presentes, los tres significantes del título: Narcisismo, Goce y Lazo social.
Daniel nos invita a pensar al psicoanálisis como un nuevo tipo de lazo social (que se suma a otros tres preexistentes: el discurso del amo, el de la universidad y el de la histérica), y desde ahí, al considerar la experiencia analítica como un lazo con el otro, aborda la dolorosa cuestión del odio, la exclusión y la segregación. Daniel aquí aborda de manera crítica la propuesta del mercado de los fármacos, la instrumentalización de los cuerpos, la sexualidad (una sexualidad sin sexo), en fin, la política y sus mentiras y engaños. Daniel, fiel a la recomendación de Lacan de estar a la altura de la época, nos llama la atención sobre el lugar de la intimidad en la época de las “redes sociales”… donde todo se muestra. No rehuye a pensar una época que hace pornogafía de la imagen. En fin, tendrán en sus manos un texto que nos acerca con maestría a pensar el malestar que nos atraviesa como sujetos y los imperativos de goce, como discurso dominante en lo social, y una exigencia de gozar siempre más, rendir más… lo que hace que el sujeto quede abatido, crucificado entre la exigencia super yoica de gozar y la exaltación narcisista de la imagen que la época impone: estas dos tendencias se pueden condensar en esa intensa incitación al consumo, siempre más, como dice Daniel, un mandato insensato: “¡Goza! ¡Te lo ordenamos! ¡Que nada te detenga!”
Algo que resulta sumamente grato durante la lectura del libro de Daniel Gerber es que cada texto es un tejido realizado con múltilples hilos sacados de la literatura, la filosofía, la antropología, el arte, etc. Es sumamente grato ver como Daniel nos lleva a otras disciplinas, a otros saberes, para ilustrar lo que desde el psicoanálisis está mostrando. Hace realidad esa condición del psicoanálisis como construcción dialógica. Lo singular del psicoanálisis se construye como una práctica dialógica.
En algún momento, por ejemplo, se refiere a un fascinante pensador florentino del siglo XV, Giovanni Pico de la Mirandola, quien hace un Discurso sobre la dignidad humana, donde sostiene, en una concordancia teológica con el psicoanálisis, que lo más específico del hombre no es lo que tiene sino lo que le falta.
Daniel Gerber, para pensar el devenir del sujeto, analiza la función de la voz del Otro (un “ven a gozar y perderte como sujeto”). Nos hace pensar, por una parte, en el canto de las sirenas en la Odisea. Homero califica a esa voz como un grito, la experiencia sonora del grito, incluso el gruñido; por otra parte, nos refiere al mito de Orfeo quien logra neutralizar el llamado peligros de esos seres mitad mujer, mitad pájaro, que con su canto encantan a los marinos para conducirlos a la muerte. Daniel destaca esta voz (las sirenas, los pájaros, lo femenino) como mortífera, no va dirigida a causar y sostener el deseo, no, lo que expresa esa voz es más bien un imperativo de goce.
Si por algo hay que reconocer a Daniel es por la facilidad con que aborda los conceptos más fructíferos, pero a la vez áridos del psicoanálisis, tal como ocurre con los tres significantes que hacen de título al libro que nos convoca: Narcisismo, Goce y Lazo Social.
Con respecto al narcisismo, aunque se encuentra en todo el libro, Daniel dedica dos trabajos que llevan explícitamente en el título la palabra narcisismo. Pasión narcisista y pulsión de muerte y Narcisismo, gemelidad y sacrificio.
Con el concepto de narcisismo, que es introducido por Freud en 1914, me resultó sorprendente y sumamente interesante que Daniel haga al narcisismo freudiano precursor del concepto fundamental de pulsión de muerte de Más allá del principio el placer, de 1920. Daniel ubica el fundamento de esta vinculación con Lacan, en 1936, cuando presenta su texto sobre el estadio del espejo, donde plantea el estrecho lazo que liga al narcisismo con la agresividad y, desde ahí, con la pulsión de muerte. Para Lacan el yo es definido como esencialmente narcisista, y la agresividad es un componente fundamental que permite concebirlo como paranoico, más aún, la paranoia es el corazón mismo del yo humano. Es desde ese vínculo entre narcisismo y pulsión de muerte que, dice Daniel: “…la subjetividad se estructura de un modo diferente a lo que se supone. En ella el yo será más bien un síntoma, sometido a las otras instancias”. Esas otras instancias a las que está sometido el yo son el ello, el superyo y además la agresividad y la pulsión de muerte. Y para terminar, y para rematar, Daniel nos recuerda que para Lacan la relación con el otro, desde el comienzo, es definida como “mala”, agresiva, intolerante, mortífera.
Pero entonces, si estamos constituidos con esa instancia esencialmente paranoica y agresiva que es el yo, ¿por qué no nos terminamos de destruir?, parece que nos queremos matar de a poquito. Al respecto, Lacan, a lo largo de su enseñanza, se propone la búsqueda de un significante “pacificador”, lo busca en el lenguaje mismo en tanto que es productor de discurso que es matriz del lazo social. Así, el narcisismo, con su agresividad, y el lazo social están aquí entrelazados.
El concepto de goce atraviesa todos los trabajos aquí presentados, pero quisera mencionar lo que Daniel nos enseña en su texto “Lo real y el semblante sobre el goce en su relación con la sexualidad”, trabajo que permite mostrar algo de lo que Daniel hace a lo largo del libro, que es desbaratar lecturas y hacer precisiones sobre lo que el psicoanálisis propone. Nos dice por ejemplo que las posiciones masculina y femenina son posiciones de goce, los sujetos podrían tomar alguna de ellas con independencia de su anatomía, es una división que señala una relación con la función fálica y no con la elección de objeto. Lacan formula una diferencia sexual que no depende los juicios de atribución, no funciona de acuerdo con la forma, como dice Colette Soler, “los hombres son esto, las mujeres aquello”. En este trabajo, Daniel nos acerca a ese tesoro que son las fórmulas de la sexuación, lo hace con la maestría y conocimiento profundo de la teoría que lo caracteriza, nos dice que con esas fórmulas del seminario Aún, Lacan formula el concepto de un goce femenino que excede al goce fálico, un goce al que no solamente los seres hablantes que se inscriben del lado mujer tienen acceso a un goce Otro, suplementario, sin embargo, también nos señala que este goce Otro no está al alcance de los portadores del órgano fálico, a menos que se sitúen del lado femenino.
Se agradece siempre el tiempo, la pasión, el trabajo que Daniel ha realizado para abordar temas tan complejos como lo humano y su subversión de la naturaleza, el mito, lo imposible, lo real, el semblante, el odio, la segregación, la sexualidad, la muerte de Dios, el duelo, la guerra, la comedia de los sexo, el arte, la política y sus mentiras y engaños, la violencia, la pornografía, la locura, la libertad… Gracias, Daniel.






