El libro prohibido en todos los medios

Del libro se pueden decir muchas cosas. Tiene tantas caras como lecturas, pues depende no sólo del número de personas que lo lean sino también de las veces y edades en que cada uno lo haga. Querido lector, ¿recuerda el primer libro que leyó?

Para muchos el libro, en sí mismo es un dispositivo; en otros términos, un soporte donde se deposita información de todos los tipos y áreas de la actividad humana —ciencia, arte, oficios, técnicas— y es también un artefacto cultural, entendido como un objeto creado por el hombre que refleja las tradiciones, usos, costumbres, floklore, etc.

Esto implica que el libro contiene igualmente literatura y poesía; ficciones y lo que se ha dado en llamar no ficciones que, del mismo modo, desvelan los avatares, angustias y anhelos de la humanidad.

Tal vez por todo esto los libros resultan divertidos, amenos, fuente de conocimiento y de preocupación en distintas épocas. Por ejemplo, durante el Siglo de Oro español, los libros de caballería fueron censurados porque se creía que los lectores, especialmente las mujeres, quedaban sujetas al embrujo de los magos, de los dragones y de los caballeros que vencían a todos estos personajes.

A esta serie de libros de caballería pertenecen la saga de El Rey Arturo, Excalibur, Amadís de Gaula, etc., en los que la magia y la hechicería atraparon la fantasía de los lectores, especialmente, se dice, de las mujeres.

En toda Europa se sabía del intercambio de los libros; de la atención constante para no perderse las siguientes aventuras de los personajes; incluso, eran escondidos entre aquellos destinados a la oración. Este apego exagerado a los libros de caballería se estimó insano provocando su censura, a partir del primer tercio del siglo XVI.

En consecuencia, para inicios del siglo XVII ya habían sido suprimidos de las bibliotecas particulares, sin exceptuar las de los reyes, pues la propia Juana de Austria, esposa del príncipe heredero de Portugal, se había hecho adepta a esta literatura.

Esta clase de nerviosismo se repetiría con la novela gótica de finales del siglo XVIII, ya que se creía que embotaba el pensamiento de las jóvenes, sustrayéndolas de la realidad. Posteriormente, algo semejante aconteció con la novela inglesa romántica, cuya representante más famosa es Jane Austen, de finales del siglo XVIII y principios del XIX.

En ese tiempo, suscitaba inquietud que los protagonistas centrales eran mujeres, lectoras frecuentes; por lo tanto instruidas, tocaban el piano y no buscaban formalizar un matrimonio por conveniencia sino por amor.

No obstante, es pertinente recordar el primer párrafo de la novela Orgullo y prejuicio, de Jane Austen, bajo la traducción de Roser Vilagrassa:

 

Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.

Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arraigada en las mentes de algunas familias que lo rodean, que algunas lo consideran de su legítima propiedad y otras de la de sus hijas…

 

 

Esto es, la autora inglesa, Austen, siendo mujer, habla de la obligación que tienen hombres y mujeres de contraer matrimonio, cuestionándose el impacto que ello causa en los sentimientos del hombre, generalmente ignorados. De esta manera, la narradora se presenta como una observadora del paisaje social en la que se desarrolla su historia.

Hoy, los libros de caballería, las novelas góticas y las sentimentales no sólo se siguen leyendo, sino que al despertar la creatividad e imaginación de niños y adultos son llevadas a todos los medios: televisión, series, teatro y cine.

Recordamos brevemente los obstáculos que el libro ha tenido en esas etapas en ocasión del Día Nacional de Libro que se conmemora en México cada 12 de noviembre, aprovechando el natalicio de la insigne poeta Sor Juana Inés de la Cruz.

Seguramente el libro pasará por otros inconvenientes: mercado, nuevas tecnologías, otras censuras, pero difícilmente desaparecerá.

Como siempre, Usted, querido lector, tiene la última palabra.

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Maritza Flores Hernndez

Cuentista, ensayista y tambin abogada. Egresada de Casa Lamm, donde hizo la Maestra en Literatura y Creacin Literaria. Considera el arte, la ciencia y la cultura como un todo. Publica dos columnas literarias cada semana, en distintos diarios. Su obra ha formado parte de la antologa de cuentos Cuarentena 2020.

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