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LOS CONTRATOS DE LOS TOREROS

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Buscando en las Tauromaquias de los clásicos nos encontramos que prácticamente, este tema no ha sido abordado y le consideramos de cierta relevancia principalmente en cuanto a las cantidades o sueldos que han llegado a cobrar algunas figuras de las llamadas «mandones», cantidades cuya importancia radica en lo desproporcionadamente altas en relación a los sueldos o salarios que percibían otros toreros, artistas y famosos contemporáneos. Y no solamente eso, sino algunas exigencias o canogias que los contratantes o empresas se veían obligadas a aceptar, así como la forma en que estos se especifican en los textos de los contratos, más adelante presentamos alguno que otro ejemplo, pero vamos por partes. Como antecedentes mencionamos que los primeros toreanderos, matadores de a pie que actuaron como profesionales: y aquí vale decir que profesional del toreo es aquel que conoce un oficio que le permite, junto con su valor, afrontar las enormes dificultades de enfrentar a un animal que ha sido creado – concebido – para morir, peleando en una plaza de toros.

Básicamente se señalan en el texto del documento contractual: lugar, fecha y hora de la actuación, en cuanto a lugar no solamente se menciona la población, sino la plaza. El espada queda comprometido a presentarse puntualmente al coso y a matar el número de toros acordado, según sea cartel de tres espadas; mano a mano o alguna otra variante. Se especifica claramente si el mismo espada cubre los gastos de su traslado, hospedaje, los emolumentos de su cuadrilla, mozo de estoques y ayuda. La variante ocurre cuando la empresa contratante se hace cargo de estos gastos, incluidos los de las cuadrilla, por así convenir a sus intereses o por su estructura empresarial, pero quedado claramente anotada la cantidad que corresponde al pago de honorarios del espada y sobre todo si estos emolumentos son libres de impuestos ¿Ó, no? Queda además definido el nombre de la ganadería de los toros a lidiar y el de los alternantes. Algunos contratos corresponden a actuaciones en ferias o temporadas formales y en ellos se señala el número de corridas que el contratado matará en la dicha feria o temporada, así como el origen de los toros y compañeros de cartel, quedando en algunos casos pendiente alguna fecha determinada, pero se entiende que dentro del ciclo anunciado. Y en otros casos dependiendo de la categoría de la «figura» se anota claramente si «abre» temporada o la fecha en que se presentará en dicho serial o feria. Así ocurre frecuentemente con los «mandones» de la fiesta, siendo ellos o sus representantes quienes señalan – exigen – determinadas ganaderías así como aceptar o rechazar el alternar con ciertos coletas.

En cuanto a las percepciones económicas de los toreros, el celebérrimo Monstruo de Córdoba Manuel Rodríguez en los tiempos de sus apoteóticas presentaciones; vino a México contratado por la cantidad de cien mil pesos por corrida, cuando la paridad cambiaria, del peso era de 4 pesos y 85 centavos contra un dólar; y «El Ave de las tempestades» Lorenzo Garza, llegó a firmar alguna actuación por 125 mil pesos ¡de aquellos! Lo que equivale a cerca de 26 mil dolares y como usted bien comprende, 26 mil de los verdes de aquellos, alcanzaban para mucho más cosas que los de ahora. Dato curioso y concluyente si consideramos que las figuras actuales llegan a percibir cantidades menores, salvo algunos cuantos: 65 años después viene a México, el más Hermoso de los rejoneadores cobrando 35 mil dolares por actuación, esto incluye movimiento y traslado de la cuadra desde España y su logística para desplazarse por las diversas plazas del país.

Otro dato curioso y de gran valor histórico, documental es el que comentamos a continuación en relación a una aplastante figura del inicios del siglo XX, su nombre va incluido en el texto de los detalles del contrato en comento: «Será satisfecha a Antonio Montes la cantidad de dos mil doscientos pesos como honorarios por su trabajo y el de su cuadrilla compuesta por tres picadores y cuatro banderilleros y un sobresaliente siendo los gastos por cuenta del matador». La contrata tiene las rubricas del empresario R. Campusano y del matador contratado Antonio Montes y la corrida fue para matar cuatro toros y se celebró el 6 de enero de 1904 en la plaza de Morelia. Esta cantidad resulta verdaderamente exorbitante si consideramos que algunos años antes en el 62 del mil ochocientos, y con motivo de la recién ganada batalla de Puebla contra los franceses, el gobierno de Puebla a través del regidor Labat organizó un festejo con la lidia de cinco toros en la plaza del Paseo Nuevo a beneficio de los hospitales llamados de «sangre» del Benemérito Ejercito de Oriente, dejando el festejo con plaza llena una utilidad neta de 2 180 pesos con 71 centavos cantidad muy similar a lo que cobraría Montes él sólo con sus cuadrillas por matar una corrida. Los toros de Atenco que se mataron en la corrida benéfica costaron 250 pesos, los cinco, y el Dr. Elizalurriti cobró por sus servicios de medico de plaza cinco pesos. Aplicando las correspondientes reglas de tres la cantidad cobrada por el torero equivaldría a alrededor de seiscientos cincuenta miles pesos de los actuales.

En el próximo Post, hablaremos de algo muy usual en este negocio de contratar toreros y que desde los primeros tiempos de la formalización de esto permanece como una tradición, de alguna manera regulada por lo que se llama «usos y costumbres» y que es el contrato oral o verbal y que entre la gente del toro se signa con «fuere apretón de manos», pero cosa que aunque persiste funcionando en nuestros días a dado lugar a trascendentes «incumplimientos» de la llamada palabra de honor o sagrada.

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¡Que par…de nalgas!

El relato aparece en las memorias de Pepe Dominguín se remonta a los años cincuenta del siglo recién concluido y hace alusión a la simpatía e ingenio de los «gritones» del tendido de sol. El mismo día domingo en el llamado embudo de Insurgentes los famosos gritones ya habían festejando un brindis de Jorge «EL Ranchero» Aguilar al genial compositor Agustín Lara que ocupaba su «barrera de sol, aquella que no cambiaba por un trono para ver torear a Silverio«. A lado suyo, su inseparable María Félix, y al volver a tomar asiento el músico y poeta, después de recibir el brindis y aprovechando el silencio que se hizo, después de la dedicatoria, se escuchó el grito del tendido alto: – ¡Maria, cuando nos regalas otro de tu ganadería! Momentos más tarde en el tercio de banderillas, toro que correspondía a Domingo Dominguin, traía éste en su cuadrilla a un simpático y bien querido sujeto de muy prominentes y abultados glúteos, mismos que con el ajustado traje de luces lucían en todo su esplendor. De apellido Cadenas era este peón de brega y banderillero, e iba saliendo de terminar de poner un muy buen par de banderillas en su turno; par, que el gritón del tendido festejó en tono admirativo: ¡Qué par….Qué Par! Y cuando Cadenas miró hacía el sitio de donde parecía salir la voz, y con un gesto del brazo levantado, queriendo agradecer el elogio, la misma voz clamó: ¡Qué par! ¡Qué par de nalgas…!

 

«Para Leer en Semana Santa. Los Toros y las Sagradas Escrituras.»

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Parafraseando al Poeta Heidi, podemos afirmar, que Dios hizo el mundo en seis días y el siguiente se puso a descansar. Para concluir su obra, ese séptimo día,  efectivamente; el Señor antes de iniciar su descanso; él mismo, se auto-iluminó el entendimiento y pensó; “Ahora voy a crear lo máximo de mi obra”; llamó entonces a Francisco – Curro – Arjona Herrera «Cúchares «; a José Delgado «Pepe – Hillo»; Rafael Molina Sánchez «Lagartijo» y Salvador Sánchez » Frascuelo» y dijóles:
– Haced ahora Ustedes ¡La fiesta de los toros !



Obedientes los diestros, se dieron a la tarea de crear y así nació la lidia por abajo; los primeros lances; el toreo por muleta; las estocadas; recibiendo, al volapíe y al encuentro.
Vinieron después otros tiempos difíciles, de grandes lluvias torrenciales que amenazantes, casi acaban con la fiesta, el mundo y la humanidad. ¡ Era el llamado Diluvio Universal !
Días antes de que se instalasen las lluvias, llamó Dios a un aficionado de barrera de primera fila, amante de la fiesta, de los buenos vinos y  de nombre Noé y le ordenó que construyera con maderas una enorme barca, de forma circular, cual plaza de toros, con sus chiqueros y toriles, y que pusiera en ella ejemplares de cada sexo de Santa Coloma, Marqués de Saltillo, Murube, Miura, Atenco, Torrecillas, Piedras Negras, Soltepec, Coaxamalucan, Tepeyahualco y de San Diego de los Padres..

Ordenó también el Pantocreator que subieran a la enorme barca: Rafael Guerra Bejarano «Guerrita«, José Gómez «Joselito«, Manuel Jiménez «Chicuelo« un tal Manuel Rodríguez llamado «Manolete», Juan Belmonte, Antonio Ordoñez y Luis Miguel Dominguín y de tierras aztecas, Rodolfo Gaona, Carlos Arruza, los hermanos Carmelo y Silverio Pérez. Los dos Fermines; Espinoza y Rivera, Fernando de los Reyes «El Callao«, uno más con órdenes de apaciguarse y estarse quieto; Garza, Lorenzo, a quien llamaban “El Magnifico” y un otro vestido en traje de charro Jorge «El Ranchero» Aguilar y del sexo bello, Juanita Aparicio, Conchita Cintrón, Cristina Sánchez y Karla Sánchez para garantizar la continuidad de la especie y la perpetuidad de la estirpe torera.
En el Nuevo Testamento, leyendo el Evangelio según San Pedro y San Pablo, — Pedro, Domecq y Pablo, Hermoso de Mendoza, encontramos aquel dramático episodio en el que Jesús literalmente perdió los estribos al tener que, fuete en mano, arrojar del patio de cuadrillas y alrededores de la Monumental Plaza de Jerusalén a los anti-taurinos que se habían aposentado ahí, e incluso habían pintarrajeado las paredes, muros y ventanillas de la taquillas con letreros como ¡Taurinos…Putos! Y bajezas así de insultantes, Por lo que el señor, con furia les expulsó diciéndoles: ¡Fuera…! ¡Asquerosos gañanes, pendencieros, mercachifles…vosotros habeís convertido la casa de mi Padre y del toro en mercado de gandallas!  
Y dicen las escrituras que vinieron después otros tiempos más difíciles que muchos llamaron el fin de la fiesta. Algunos, desesperados tiraban de sus cabellos gritando que era el fin del mundo! Otro aficionado «chipen», llamado Juan, cronista taurino fue señalado por el Señor y – durante una corrida en que toreaba alguno de los Armillas, descendientes de otro Maestro, «el de Saltillo»,- durmióse. Su sueño fue tan profundo que El Todopoderoso permitió que tuviera visiones llamadas por él mismo al escribir su crónica «Apocalípticas«.
De verdad, de verdad, que parecía el fin de la fiesta.
Jinetes fúricos y desalmados, blandiendo sus armas cabalgaban sobre briosos corceles,  amenazantes sobre la fiesta: Uno de ellos representaba la Reventa, el otro la Crítica mordaz y amargada, que otro escribano el «Filibustero» llamó; “La cofradía de la mano caída», integrada por críticos de pacotilla y destinada a «ensombrecer y censurar sistemáticamente todo lo que representase la fiesta brava». Otros terroríficos jinetes eran  el Despunte y los toros sin edad. Venían, tras de ellos,  cabalgando entre tolvaneras y la negrura del cielo las Comisiones Taurinas  con un gran  afán protagónico y pretensión de imposiciones altamente perjudiciales. Estas eran sus destructoras armas. Venía después la representación del Sobre con sus participaciones en moneda, dicotomías extorcionantes que agobiaban a alternantes y ganaderos.
Tal parecía que ciertamente, ¡Era el fin de la fiesta!

Cuando el Creador envió de los cielos, de su Estado Mayor al Santo Arcángel, que bajó entre tronos de nubes con su espada del «Buen Juicio» en la diestra. En otro trono celestial venía con el también El Señor del Gran Poder y del Buen Criterio. Les acompañaba  rodeada de ángeles y querubines vestidos de luces, La Santísima Virgen, Nuestra Señora de la Concertación, luciendo alta peineta y negra mantilla.   Juntos, todos, hicieron que predominasen sus virtudes; el Buen Criterio, El Buen Juicio y la Concertación…..y así la fiesta siguió existiendo y seguirá vigente por los siglos de los siglos y hasta el final de los siglos…. en todo el universo taurino y por supuesto, a pesar de los pesares en la Señorial, Puebla de los Ángeles.

N.R. Si este texto despierta en el lector cierta curiosidad, sobre de “cual fumó” el autor al escribirlo, puede preguntarle directamente en: Comentarios.

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Breve nota explicativa:
Se pronuncia “schhoma” y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como “jícara” para tomar el “neutle” o pulque, bien llamado “néctar de dioses” en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro.  — Ver foto: Rodolfo Rodríguez “El Pana” frente al ganadero Marco González, tomando de sus schhomas, durante un embarque en Piedras Negras. — y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, “pa´ que suelte el alacrán”. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama “sacudiendo la schomma”. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Va: Sacudiendo la choma…

Muchos se quejaron y llegaron hasta a cuestionar el porque del cambio de la ganadería anunciada: José Maria Arturo Huerta; por los siete que llegaron y al final se lidiaron en la pasada corrida del Relicario procedentes de Monte Cristo. Lo  cierto es que desdendenantes que el madrileño abordara el jet de Iberia que lo trajo; ya todos los portales decían y pregonaban que El Juli mataría de sus cuatro corridas en México, dos de MonteCristo. Luego el cambió no debió de sorprender a nadie. Además, la empresa de Puebla, así lo hizo saber por los medios de comunicación. Sin embargo y pese a todo, alguien me cuestiono vía sms, el porqué del cambio. Sereno, tranquilo, – como siempre estuve, le respondí: – Es que esa pregunta hay que hacerla a los C. Julián López y Roberto Domínguez. Y le aclaré con una nota explicatoria: – La “C” en ese caso no significa “ciudadanos”, significa: ¡Cabrones!

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Manuel Domínguez “Desperdicios”.

Existen casos de asombrosos de coraje taurino, rayando en el suicidio, casos estos, dignos de ser estudiados por la Psicopatología: Manuel Domínguez Desperdicios”. Toreros de romance de un valor inconcebible. De este torero, se cuenta, que habiendo recibido en el rostro tremendísima cornada, que prácticamente le vació el ojo, quedando éste colgando, sostenido por sus correspondientes músculos y obviamente el nervio óptico, el torero, en un arranque de valor – que no deja de ser patológico, y perdón por la redundancia que sigue – se arrancó los restos del ojo, arrojándolos al piso, diciendo que: -¡El no quería desperdicios!
De ahí, de éste acto su sobrenombre.
Otra versión de la misma historia nos dice que Manuel Domínguez quien por cierto, falleció en la enfermería de la plaza, — de otra cornada —  en Ronda el 26 de mayo de 1820. Y que, al arrancarse los restos de su ojo desprendido exclamó:
¡Bah. Estos son desperdicios!. Y con el apodo se quedó.

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