{"id":999,"date":"2022-03-08T15:25:34","date_gmt":"2022-03-08T15:25:34","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/03\/08\/el-enigma-del-ser-mujer\/"},"modified":"2022-03-08T15:25:34","modified_gmt":"2022-03-08T15:25:34","slug":"el-enigma-del-ser-mujer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/el-enigma-del-ser-mujer\/","title":{"rendered":"El enigma del Ser mujer"},"content":{"rendered":"<h6>Portada: John Collier, <em>Lilith<\/em> (detalle), 1889<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Para un hombre, una mujer representa la hora de la verdad<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Jacques Lacan<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Para Diana, mujer extraordinaria<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el marco de la conmemoraci&oacute;n del D&iacute;a Internacional de la Muje vale la pena plantearse una vez m&aacute;s una pregunta que en pleno siglo XXI contin&uacute;a causando incomodidad para hombres y mujeres: &iquest;qu&eacute; significa ser mujer, qu&eacute; es lo femenino? Se trata de una cuesti&oacute;n que debe ser planteada sin prejuicios, sin coartadas. Vale recordar que hace dos a&ntilde;os, antes de que el mundo se detuviera por la Pandemia de Covid, la cuesti&oacute;n sobre lo femenino dominaba el panorama de reflexi&oacute;n y reorganizaci&oacute;n a nivel global. Es hora de retomar el punto.<\/p>\n<p>La sabidur&iacute;a ancestral ha dibujado dos posiciones en torno a la mujer. Por un lado, se le profesa culto a su misterio, y desde ah&iacute; se le dota de pureza y se destaca su ser virginal. Por el otro, se le hace objeto de odio y se le coloca del lado de la mentira, la oscuridad, lo falso, lo doble. Georges Duby y Michelle Perrot han realizado una monumental <em>Historia de las mujeres<\/em> en cinco tomos para decirnos que &ldquo;durante mucho tiempo las mujeres quedaron abandonadas en la sombra de su historia&rdquo;. Desde luego que la historia de las mujeres no puede sino ser tambi&eacute;n la historia de los hombres y, mejor a&uacute;n, se trata de la historia de las relaciones entre los sexos.<\/p>\n<p>La mitolog&iacute;a griega, cuna de las mentalidades de Occidente, coloca a las mujeres con frecuencia como instrumento de venganza o para concretar castigos de los dioses. Hes&iacute;odo, en su <em>Teogon&iacute;a<\/em>, nos hace saber que Prometeo ha robado el fuego a los dioses ol&iacute;mpicos y Zeus, en castigo, prepar&oacute; un mal para los hombres: &ldquo;Model&oacute; en la tierra el ilustre Patizambo una imagen con apariencia de casta doncella&rdquo;. Despu&eacute;s de darle una apariencia de irresistible para la raza de los hombres, &ldquo;la llev&oacute; donde estaban los dem&aacute;s dioses y los hombres, engalanada con los adornos de la diosa de ojos glaucos, hija de poderoso padre; y un estupor se apoder&oacute; de los inmortales dioses y hombres mortales cuando vieron el espinoso enga&ntilde;o, irresistible para los hombres. Pues de ella desciende la funesta estirpe y las tribus de mujeres. Gran calamidad para los mortales, con los varones conviven sin conformarse con la funesta penuria, sino con la saciedad.&rdquo;<\/p>\n<p>As&iacute;, en el origen mitol&oacute;gico, la mujer es puesta como portadora de la ruina para los hombres. Portadoras desde siempre del mal, las mujeres y lo femenino han sufrido de persecuciones y aniquilaciones. Se les asocia con lo insaciable, con lo transgresivo, con lo rebelde, con aquello que habr&aacute; de romper el orden. Muchos son los mitos que se han construido bajo estas ideas. Veamos otros de los que nos resultan m&aacute;s cercanos.<\/p>\n<p>Los mitos hebreos, materializados en el G&eacute;nesis, tambi&eacute;n nos muestran esta condici&oacute;n doble de la mujer: transgresora del orden y sumisa. En la Biblia nos podemos enterar de que hay dos versiones referentes a la creaci&oacute;n de la mujer. Por ejemplo, en G&eacute;nesis 1:27 se lee: &ldquo;Y cre&oacute; Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo cre&oacute;; var&oacute;n y hembra los cre&oacute;.&rdquo; Vemos que la mujer y el var&oacute;n fueron creados al mismo tiempo. Pero tambi&eacute;n se puede leer en G&eacute;nesis 2:7 &ldquo;Form&oacute;, pues, Jehov&aacute; Dios al hombre del polvo de la tierra y sopl&oacute; en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre alma viviente&rdquo;; y m&aacute;s adelante, en G&eacute;nesis 2: 18 &ldquo;Y dijo Jehov&aacute; Dios: No es bueno que el hombre est&eacute; solo; le har&eacute; ayuda id&oacute;nea para &eacute;l&rdquo;; y en G&eacute;nesis 2, 20-23 &ldquo;Y puso Ad&aacute;n nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo animal del campo; m&aacute;s para Ad&aacute;n no se hall&oacute; ayuda que <em>fuese <\/em>id&oacute;nea para &eacute;l. 21: Y Jehov&aacute; Dios hizo caer un sue&ntilde;o profundo sobre Ad&aacute;n, y &eacute;ste se qued&oacute; dormido. Entonces tom&oacute; una de sus costillas y cerr&oacute; la carne en su lugar; 22: y de la costilla que Jehov&aacute; Dios tom&oacute; del hombre, hizo una mujer y la trajo al hombre. 23: Y dijo Ad&aacute;n: &Eacute;sta es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; &eacute;sta ser&aacute; llamada Varona, porque del var&oacute;n fue tomada.&rdquo;<\/p>\n<p>Como apreciamos, seg&uacute;n esta narraci&oacute;n b&iacute;blica, la mujer ha sido creada dos veces; pero, &iquest;qu&eacute; pas&oacute; entonces con la primera mujer? Aunque hay varias versiones, Robert Graves, retomando la interpretaci&oacute;n de Ben Sir&aacute;, en una <em>midrash <\/em>o explicaci&oacute;n del siglo X, relata que la primera mujer de Ad&aacute;n no fue Eva sino Lilith. Jehov&aacute; Dios cre&oacute; a Lilith desde el polvo, como a Ad&aacute;n, es decir, en igualdad en tiempo y materia que al var&oacute;n, s&oacute;lo que en lugar de polvo puro utiliz&oacute; inmundicia y sedimento. El mito sostiene en dos versiones la causa de que Lilith haya sido desterrada del Para&iacute;so. La primera es que al momento de la copulaci&oacute;n ella se mostr&oacute; insumisa y pidi&oacute; tambi&eacute;n estar arriba, como Ad&aacute;n. La segunda relata que al momento de la copulaci&oacute;n, en medio del orgasmo, Lilith pronunci&oacute; el nombre de Dios, lo que est&aacute; prohibido. Sea cual sea la causa, es por su insumisi&oacute;n o su goce excesivo, que Lilith es castigada y mandada a vivir con los demonios lascivos. Entonces, a cambio, Dios le dio a Ad&aacute;n una mujer que fuese &ldquo;<em>ayuda id&oacute;nea<\/em>&rdquo;. De aqu&iacute; desprendemos dos rasgos asociados con el <em>ser<\/em> mujer: la insumisi&oacute;n y el goce excesivo.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n en Grecia, pero ya no en la mitolog&iacute;a sino en la filosof&iacute;a, en <em>La Rep&uacute;blica<\/em> de Plat&oacute;n, en el libro V, Polemarco exige a S&oacute;crates que defina el papel de las mujeres en la nueva Rep&uacute;blica, lo que ven&iacute;a posponiendo en tanto que considera que &ldquo;la decisi&oacute;n que pueda tomarse sobre este punto es de una gran importancia o, m&aacute;s bien, es completamente decisiva para la sociedad&rdquo;. El fil&oacute;sofo se encuentra totalmente convencido del &ldquo;enjambre de nuevas disputas&rdquo; que se presentar&aacute;. Propone educar a las mujeres para que puedan compartir el cuidado del &ldquo;reba&ntilde;o&rdquo;, por lo que &ldquo;hay que educarlas como hombres, formarlas para la guerra, adem&aacute;s de ense&ntilde;arles m&uacute;sica y gimnasia&rdquo;. Tambi&eacute;n propone educarlas igual porque para &eacute;l &ldquo;no hay otra diferencia que la de que el var&oacute;n engendra y la mujer pare&rdquo;.<\/p>\n<p>Aunque siempre ha sido un tema relevante, los estudios sistem&aacute;ticos sobre las mujeres se han venido sucediendo desde la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, Sigmund Freud, el inventor del psicoan&aacute;lisis, desde finales del siglo XIX se pregunta ya sobre &ldquo;el continente oscuro&rdquo; que es la mujer. Nos muestra, por ejemplo, que para poder dilucidar qu&eacute; significa <em>ser mujer<\/em> las consideraciones anat&oacute;micas poco aportan: la singularidad de lo femenino no est&aacute; determinado en lo anat&oacute;mico, no se trata de una diferencia de &oacute;rganos o de cromosomas, se trata de una diferencia de sexo en tanto que significante que hace diferencia.<\/p>\n<p>La virulencia y el encono (s&iacute;ntoma, le llama el psicoan&aacute;lisis) que las mujeres generan no es cuesti&oacute;n nueva. La ola de feminicidios que azota M&eacute;xico es una expresi&oacute;n m&aacute;s del odio que las mujeres han suscitado a lo largo de la historia de la humanidad: &iquest;Qu&eacute; hacer con aquellas que ponen en cuesti&oacute;n el orden establecido? &iquest;C&oacute;mo vivir, ahora, con dos discursos cuando la humanidad casi toda ha vivido con uno solo? &iquest;Qu&eacute; lugar damos a esa forma de <em>Ser <\/em>sostenida por poco m&aacute;s de la mitad de la humanidad? &iquest;Qu&eacute; tienen las mujeres que ponen en cuesti&oacute;n a hombres y a mujeres? Esas son cuestiones que nos interrogan y que no aceptan salidas f&aacute;ciles como &ldquo;la renovaci&oacute;n de los valores&rdquo;, &ldquo;el empoderamiento de la mujer&rdquo; o simplezas semejantes.<\/p>\n<p>Bernad Moras, monje benedictino, quien escribe en 1583 su <em>Summa de los pecados y su remedio<\/em>, propone escribir la palabra mujer como acr&oacute;stico. As&iacute;, MVLIER ser&iacute;a: M, mujer malvada que es el mal de los males; V, vanidad de las vanidades; L, lujuria de las lujurias; I, las iras de las iras; E (Erinias), la furia de las furias; y R, ruina de los reinos.<\/p>\n<p>Ante estas expresiones es necesario preguntarse: &iquest;De d&oacute;nde tanto encono? &iquest;Qu&eacute; han tenido y qu&eacute; tienen las mujeres como para que despierten tanto temor y odio? &iquest;Qu&eacute; saber oscuro las hace estar en el lugar del Otro, del Otro radical que viene a poner en cuesti&oacute;n lo establecido?<\/p>\n<p>La sexualidad de la mujer, obligada a ser ocultada, no ha pasado, pese a todo, sin oposici&oacute;n, sin que sordamente se gestaran movimientos de rebeld&iacute;a a la represi&oacute;n institucionalizada. As&iacute; surgi&oacute;, por ejemplo, <em>La querella de las mujeres<\/em>, un complejo debate que ata&ntilde;e a la filosof&iacute;a, lo pol&iacute;tico y lo literario, desarrollado al inicio de la Edad Media. El punto a debatir, como se puede pensar, es la inferioridad de las mujeres ante la superioridad de los hombres, seg&uacute;n la vieja clasificaci&oacute;n aristot&eacute;lica. Se discut&iacute;an entonces cuestiones como si la mujer deb&iacute;a o no maquillarse. Los argumentos son sencillos: si la mujer se maquilla, dicen algunos, se hace cargo de su belleza, de s&iacute; misma, pero por otro lado, se dice que cualquier afeite es corregir la obra de Dios, por tanto un pecado, el de vanidad. Durante este movimiento, el primero propiamente feminista, las mujeres renunciaron al orden establecido, es decir, renunciaron al matrimonio y a la vida religiosa, que eran los &uacute;nicos lugares permitidos para una mujer. La prostituci&oacute;n es el otro lugar que quedaba para una mujer. La radicalidad de estas mujeres querellantes (y de muchos hombres, hay que decirlo) llev&oacute; al grupo conocido como las <em>Beatas<\/em>, ubicadas fundamentalmente en la regi&oacute;n de Flandes. Algunas de ellas, ante tal represi&oacute;n y segregaci&oacute;n de la vida social, reclamaron ser emparedadas o &ldquo;muradas&rdquo;, es decir, practicar un enterramiento voluntario y as&iacute; vivir entre muros y s&oacute;lo por una min&uacute;scula ventana ser alimentadas por la caridad. Lo que se discute es que no hay sino una posici&oacute;n sexual, la masculina; la otra, la femenina, no es sino sexualidad atrofiada.<\/p>\n<p>No se trata aqu&iacute; de hacer un recuento exhaustivo de la posici&oacute;n de las mujeres en la historia de la humanidad, sin embargo, era necesario se&ntilde;alar que desde los griegos, fundadores de las mentalidades en Occidente, y hasta el siglo XVII, la diferencia sexual no exist&iacute;a propiamente dicha (aun y que las mujeres ya eran perseguidas y se&ntilde;aladas por el s&oacute;lo hecho de serlo). La sexualidad era concebida seg&uacute;n el modelo masculino, as&iacute; que las mujeres eran como hombres pero a la inversa. El c&eacute;lebre m&eacute;dico Galeno escrib&iacute;a: &ldquo;Fig&uacute;rese usted las partes genitales que se ofrecen a vuestra imaginaci&oacute;n, no importa cu&aacute;les, retorne hacia afuera las de mujeres y repli&eacute;guelas aquellas del hombre y usted las encontrar&aacute; similares las unas a las otras&rdquo;. Aquellas que se opon&iacute;an a ese orden ten&iacute;an tres destinos: la hoguera, la prostituci&oacute;n o el pabell&oacute;n psiqui&aacute;trico.<\/p>\n<p>Hasta aqu&iacute; parece que el <em>ser<\/em> mujer se busca descifrar en la anatom&iacute;a o su posici&oacute;n social, siempre queri&eacute;ndolas equiparar a un modelo masculino. Habr&iacute;a que esperar hasta que a finales del siglo XIX, en que aparece un m&eacute;dico vien&eacute;s, Sigmund Freud, para quien el cuerpo se constituye en otra dimensi&oacute;n. As&iacute;, en 1905 publica un pol&eacute;mico libro: <em>Tres ensayos para una teor&iacute;a sexual<\/em> y produce un esc&aacute;ndalo con tres propuestas fundamentales: la sexualidad infantil, el descentramiento de la homosexualidad como enfermedad y la aseveraci&oacute;n de que no hay relaci&oacute;n de completud entre el sujeto y el objeto de satisfacci&oacute;n. Y m&aacute;s a&uacute;n, introduce desde enes una diferencia sexual radical entre los hombres y las mujeres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: John Collier, Lilith (detalle), 1889 &nbsp; Para un hombre, una mujer representa la hora de la verdad. 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