{"id":970,"date":"2022-02-18T13:09:52","date_gmt":"2022-02-18T13:09:52","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/02\/18\/la-punalada-de-amalia\/"},"modified":"2022-02-18T13:09:52","modified_gmt":"2022-02-18T13:09:52","slug":"la-punalada-de-amalia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/ensayo\/la-punalada-de-amalia\/","title":{"rendered":"La pualada de Amalia"},"content":{"rendered":"<p>La Uni&oacute;n Telef&oacute;nica con sede en Londres surgi&oacute; en <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/1882\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">1882<\/a>. En <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/1946\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">1946<\/a> (64 a&ntilde;os m&aacute;s tarde), el edificio donde funcionaba pas&oacute; a ser propiedad del Estado y en <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/1948\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">1948<\/a> fue nacionalizada, as&iacute; como otras empresas de servicios, por el gobierno de Per&oacute;n y pas&oacute; a llamarse, primero, Empresa Mixta Telef&oacute;nica Argentina y dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/ENTel_(Argentina)\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Empresa Nacional de Telecomunicaciones<\/a> (ENTel), hasta que fue nuevamente privatizada en la <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/D%C3%A9cada_de_1990\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">d&eacute;cada de los noventa<\/a>, durante la presidencia de Menem. Fue despu&eacute;s de esa privatizaci&oacute;n que la historiadora feminista Dora Barrancos investig&oacute; en los archivos de la ex ENTel, apilados en un galp&oacute;n de la capital, cerca de donde hoy est&aacute; el casino flotante, y en esos archivos se encontr&oacute; con la historia de Amalia Carreras y la punta del hilo de una reivindicaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Barrancos llega a Amalia interesada en la historia de las mujeres que trabajaron en la telefon&iacute;a. As&iacute; se hundi&oacute; en el archivo para analizar los legajos de las empleadas ingresantes en la d&eacute;cada de 1900 hasta la llegada del peronismo; se top&oacute; con el expediente de Amalia y descubri&oacute; la restricci&oacute;n que exist&iacute;a para casarse. Era parte del reglamento. Una norma adoptada por las compa&ntilde;&iacute;as que desarrollaron la comunicaci&oacute;n telef&oacute;nica en Occidente. Si bien los reglamentos de cada compa&ntilde;&iacute;a variaban, la b&uacute;squeda laboral se orientaba a la contrataci&oacute;n de mujeres muy j&oacute;venes (no mucho m&aacute;s de 18 a&ntilde;os al ingresar) y solteras (no se admit&iacute;an casadas, tampoco viudas, por lo que imagino que el peligro empresarial era sobre todo la maternidad). La feminizaci&oacute;n de la tarea se justificaba por las habilidades de motricidad fina y por un sistema de motivaci&oacute;n y premios por rendimiento, docilidad, obediencia y prontitud en el cumplimiento de la tarea, aunque el argumento hacia las empleadas y hacia la sociedad fuera que &ldquo;los abonados prefer&iacute;an la amabilidad de las mujeres&rdquo;. Solo el servicio nocturno qued&oacute; reservado a los varones. El trabajo era duro, sin tiempos muertos, con gran disciplinamiento y control excesivo. Ten&iacute;an prohibido entablar conversaciones con los abonados por fuera del &ldquo;m&eacute;todo&rdquo; que regulaba los intercambios, y las distracciones y equivocaciones eran severamente sancionadas con un sistema de multas que permaneci&oacute; hasta comienzos de la d&eacute;cada de 1920. La retribuci&oacute;n era baja, aunque superior a la de una operaria en una f&aacute;brica, pero el status social era completamente otro.<\/p>\n<p>En el legajo de Amalia, a Dora le llam&oacute; la atenci&oacute;n un papelito enganchado entre las hojas. Un mensaje an&oacute;nimo que dec&iacute;a que la joven se hab&iacute;a casado. La nota iba dirigida al director general: &ldquo;Muy se&ntilde;or nuestro: Varios abonados a esa Compa&ntilde;&iacute;a ponen en su conocimiento que <em>fulanita de tal<\/em> se cas&oacute; el pasado s&aacute;bado 30, y como el reglamento dice que las empleadas tienen que ser solteras, lo ponemos en su conocimiento para que tome las medidas que son del caso. Creemos que sobra cumplir como corresponde&rdquo;. Ten&iacute;a por firma la frase Varios Abonados. Hab&iacute;a tambi&eacute;n un peque&ntilde;o papel corroborando que: &ldquo;A.C.C: &aacute; (<em>sic<\/em>) contra&iacute;do matrimonio el mes pasado con F.P.B. en la Secci&oacute;n 8a. Informe oficial del Sr. Albarrac&iacute;n, jefe del Registro Civil de la secci&oacute;n 20&rdquo;.<\/p>\n<p>Amalia hab&iacute;a nacido en Cuba en 1890, de padre espa&ntilde;ol, comerciante, y madre costarricense, y al menos por alg&uacute;n tiempo la familia hab&iacute;a gozado de cierto bienestar. Por alguna raz&oacute;n, posiblemente econ&oacute;mica, emigraron a Argentina y se instalaron en el barrio de Montserrat, donde ella y sus hermanas terminaron trabajando como telefonistas. Una vez descubierto el casamiento fue despedida y, aunque propuso todas las posibilidades que encontr&oacute;, como por ejemplo que se la retuviera transfiri&eacute;ndola a otras centrales, la medida no se revirti&oacute;. Dora piensa que, en la insistencia de Amalia, estaba la necesidad de trabajar, pero seguro tambi&eacute;n el gusto por el trabajo que realizaba, porque ten&iacute;a a su cargo un grupo de empleadas y porque ese trabajo le hab&iacute;a posibilitado, adem&aacute;s de cierto bienestar, una fuente innegable de respetabilidad. Llevaba a&ntilde;os haciendo eso y a la vez &mdash;en el imperativo social de la &eacute;poca, en el que, para realizarse, una mujer deb&iacute;a tener un marido y ser madre&mdash; iba por los treinta y se le estaba, como sol&iacute;a decirse, pasando el tren.<\/p>\n<p>Se cas&oacute; en secreto, la descubrieron, la delataron y la despidieron, poniendo blanco sobre negro la injusticia a la que eran sometidas las mujeres y la desigualdad laboral para con ellas, ya que los hombres trabajadores de la Uni&oacute;n Telef&oacute;nica, operadores o en otras funciones, si pod&iacute;an casarse. El desenlace que tuvo el despido de Amalia termin&oacute; en los diarios porte&ntilde;os. El 24 de agosto de 1921, al mediod&iacute;a, ella esper&oacute; que el director general llegara a su casa, en una de las zonas m&aacute;s ricas de la ciudad, para el almuerzo, y le recrimin&oacute; que la hubiera cesanteado. &Eacute;l respondi&oacute; que eso era asunto de su jefe y que &eacute;l no pod&iacute;a hacer nada. Cuando el hombre atraves&oacute; el cancel, ella se arroj&oacute; por atr&aacute;s con un cuchillo y lo lastim&oacute; en la zona de las costillas. El llam&oacute; a los gritos a su chofer, quien detuvo a Amalia y ella, asustada, declar&oacute; que acababa de &ldquo;matar a un hombre&rdquo;. No fue as&iacute;: la cuchillada hab&iacute;a sido superficial y el director pronto fue dado de alta; a ella le dieron una pena de 8 meses de prisi&oacute;n domiciliaria porque se trat&oacute; de una lesi&oacute;n leve y por una consideraci&oacute;n muy patriarcal del juez (que en este caso, result&oacute; afortunada), quien consider&oacute; que <em>c&oacute;mo era posible que, siendo esencial la funci&oacute;n del matrimonio y la maternidad, se la sancionara por casarse.<\/em><\/p>\n<p>Los diarios de la &eacute;poca titularon de un modo que tambi&eacute;n favoreci&oacute; a Amalia: &ldquo;Prest&oacute; sus servicios durante 14 a&ntilde;os y se la dej&oacute; cesanteada por ser casada&rdquo;, de modo que la noticia sirvi&oacute; para abrir un debate sobre el reglamento que imped&iacute;a a las mujeres casadas trabajar en la compa&ntilde;&iacute;a, debate en el que participaron autoridades municipales y algunos miembros del Concejo Deliberante, en especial de la bancada socialista. El hecho abri&oacute; paso a una discusi&oacute;n sobre la condici&oacute;n femenina y el trabajo. En un art&iacute;culo, el diario <em>La Raz&oacute;n<\/em> se sumaba a los esfuerzos por exigir la licencia por maternidad, cuya primera ley de amparo llegar&iacute;a tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde. La conmoci&oacute;n social producida por la pu&ntilde;alada de Amalia oblig&oacute; a la Uni&oacute;n Telef&oacute;nica a examinar la discriminaci&oacute;n de las casadas, pidieron consejo a la central en Londres, la casa matriz recomend&oacute; flexibilizar y despu&eacute;s de m&aacute;s de una d&eacute;cada se logr&oacute; por fin hacer caer la restricci&oacute;n.<\/p>\n<p>Dora nos dice que <em>La actitud individual que ella tuvo, la conect&oacute;, sin que se lo propusiera, con una causa colectiva; que su insurgencia, surgida de sus sentimientos individuales, no pudo evitar el lenguaje de la solidaridad.<\/em> Esa fue la pu&ntilde;alada de Amalia. En su homenaje, la C&aacute;tedra Libre de G&eacute;neros y Sexualidades, de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la UBA, lleva su nombre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Uni&oacute;n Telef&oacute;nica con sede en Londres surgi&oacute; en 1882. 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