{"id":964,"date":"2022-02-15T13:07:53","date_gmt":"2022-02-15T13:07:53","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/02\/15\/impresiones-del-bosque\/"},"modified":"2022-02-15T13:07:53","modified_gmt":"2022-02-15T13:07:53","slug":"impresiones-del-bosque","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/impresiones-del-bosque\/","title":{"rendered":"Impresiones del bosque"},"content":{"rendered":"<p>En el &uacute;ltimo domingo, mi marido y yo salimos temprano para caminar por un bosque propiedad de un amigo donde abundan los &aacute;rboles centenarios, que abrigan la historia de muchos viajeros que cabalgaron o caminaron por el lugar cuando no hab&iacute;a camino carretero, all&aacute; por los tiempos del capit&aacute;n espa&ntilde;ol Melchor de Rodas, en 1586, cuando &eacute;l fue a refundar San Miguel de la Laguna, despu&eacute;s que los Guaran&iacute;es Mapae, Area, Kandio, Tend&iacute;, con m&aacute;s de 2000 guerreros, atacaron a la poblaci&oacute;n y mataron a todos sus pobladores, incluido su fundador Miguel Mart&iacute;n y el padre Antonio Gallegos Berm&uacute;dez.<\/p>\n<p>El bosque ocult&oacute; a los guerreros antes del ataque a San Miguel de la Laguna, ya estaba all&iacute; surcado por arroyos, abrigando algarrobos, lloques, tipas, sotos, acacias, ceibos, bandores, satajchis y otras especies como el nogal, el pino de cerro, el aliso, el molle, el sahuinto y la kewi&ntilde;a, &aacute;rboles tan antiguos, que tienen el tronco tan grueso, que cuando los tocamos, pudimos sentir la energ&iacute;a que emanan.<\/p>\n<p>H&aacute;bitat de venados, liebres, oso de anteojos, pumas, zorros, zarig&uuml;eyas y otros, en el bosque hay una cantidad impresionante de kewi&ntilde;as de m&aacute;s de diez metros de altura con el tronco retorcido y grueso, con m&aacute;s de un metro y medio de circunferencia, con incontables camadas de l&aacute;minas delgadas, desprendi&eacute;ndose de la corteza que protege su tronco.<\/p>\n<p>Apoy&eacute; las manos sobre las l&aacute;minas de un robusto tronco de una kewi&ntilde;a centenaria, cerr&eacute; los ojos y esper&eacute; por un momento hasta entrar en consonancia con el &aacute;rbol que, sin mayores proleg&oacute;menos, cont&oacute; que el bosque est&aacute; repleto de plantas que curan y dijo: &ldquo;Mira d&oacute;nde pisas porque hay plantas que alivian las dolencias del humano, tambi&eacute;n en otros &aacute;rboles, porque aqu&iacute; est&aacute; la mejor botica del planeta, hay: guayaba, matico, wira-wira y otras especies&hellip;&rdquo; Estuve muy absorta asimilando las lecciones, cuando escuch&eacute; una bandada de loros ruidosos, que, autom&aacute;ticamente, rompieron la conversaci&oacute;n telep&aacute;tica con la kewi&ntilde;a.<\/p>\n<p>Entonces me sent&eacute; a su sombra sobre el espeso follaje y pude observar algunas aves, como la garza blanca, el hornero y algunos otros bellos p&aacute;jaros cuyos nombres no conozco y que hacen ruido en el bosque como si se tratara de una gran urbe con sus imparables sonidos.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n observ&eacute; las ra&iacute;ces de los &aacute;rboles, retorcidas y un poco salidas de la tierra, formando figuras impresionantes. Los gajos gruesos cubiertos por l&iacute;quenes que, seguramente, son morada de duendes. Al liquen, en mi ni&ntilde;ez, llam&aacute;bamos &ldquo;barbas de palo&rdquo;, tal vez reconociendo la inteligencia perfecta que representa cada ser vivo llamado &aacute;rbol.<\/p>\n<p>Caminamos en la espesura del bosque, que es naturalmente sombreado, fresco y escueto en su paleta de colores en tonos verduzcos y marrones. Lugar precioso, que emana energ&iacute;as que logran renovar, en una especie de limpieza, nuestras energ&iacute;as citadinas, cargadas de tecnolog&iacute;as.<\/p>\n<p>Abrac&eacute; a un frondoso pino y pude escuchar algunos nombres que no me eran para nada familiares como: Abilio, Abundio, Afrod&iacute;sio, Baudilio, Belarmino y otros, tan antiguos cuanto el pino que susurraba a mi o&iacute;do aquellos nombres&hellip;<\/p>\n<p>Con los ojos cerrados, me concentr&eacute; en el nombre Ermelo y pude ver a un hombre pensativo, de baja estatura, muy robusto, con los ojos redondos bajo unas cejas tupidas, que estuvo apoyado en el mismo pino cientos de a&ntilde;os atr&aacute;s (se notaba por su vestimenta que correspond&iacute;a a un tiempo lejano). Trat&eacute; de saber en qu&eacute; pensaba el hombre y ver cu&aacute;ntos otros le acompa&ntilde;aban, pero no fue posible porque el pino no se callaba y segu&iacute;a susurrando nombres: Alamanda, Epaminondas, Cr&iacute;spula, Cristeta, Cutacia&hellip; Pens&eacute;: &iquest;qui&eacute;nes ser&iacute;an esas mujeres? &iquest;Las novias? &iquest;Madres o hermanas? &iquest;Las que se quedaron all&aacute;, al otro lado del oc&eacute;ano, con sus rosarios? &iquest;O quiz&aacute;s eran los nombres de las valientes que vinieron a descubrir y a fundar esas tierras chuquisaque&ntilde;as y tambi&eacute;n se acercaran al pino? No lo s&eacute;, tal vez nunca lo sepa, por qu&eacute; el pino balbuceaba esos nombres aprendidos hace tanto tiempo.<\/p>\n<p>Cuando me alej&eacute; del pino, busqu&eacute; algunos mont&iacute;culos de piedras, imaginando que pod&iacute;a encontrar algunas tumbas, alg&uacute;n cementerio antiguo&hellip; Pero no hab&iacute;a nada. Entonces me qued&eacute; pensando que quiz&aacute;s, el pino haya aprendido mi nombre y un d&iacute;a, en un futuro muy lejano, lo murmure al o&iacute;do de alguien que lo abrace.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el &uacute;ltimo domingo, mi marido y yo salimos temprano para caminar por un bosque propiedad de un amigo donde abundan los &aacute;rboles centenarios, que abrigan la historia de muchos viajeros que cabalgaron o caminaron por el lugar cuando no hab&iacute;a camino carretero, all&aacute; por los tiempos del capit&aacute;n espa&ntilde;ol Melchor de Rodas, en 1586, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":131,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-964","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-desde-el-sur"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/964","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/131"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=964"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/964\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=964"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=964"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=964"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}