{"id":949,"date":"2022-02-01T13:25:29","date_gmt":"2022-02-01T13:25:29","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/02\/01\/la-barbarie-ya-ocurrio\/"},"modified":"2022-02-01T13:25:29","modified_gmt":"2022-02-01T13:25:29","slug":"la-barbarie-ya-ocurrio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/la-barbarie-ya-ocurrio\/","title":{"rendered":"La barbarie ya ocurri"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Es imposible escribir despu&eacute;s de Auschwitz<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Theodor Adorno<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>La liberaci&oacute;n es no sentirse ya nunca m&aacute;s avergonzado de uno mismo<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Nietzsche<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p>El pasado 27 de enero se conmemora la liberaci&oacute;n de los 60,000 prisioneros de los campos de concentraci&oacute;n de Auschwitz. El nazismo es, sin duda, la expresi&oacute;n mayor de los cr&iacute;menes de la raz&oacute;n instrumental, con la <em>Sho&aacute;<\/em>&nbsp;nazi, la raz&oacute;n nos mostr&oacute; su costado m&aacute;s oscuro. El mal que habita lo humano mostr&oacute; las fauces y los apetitos. <em>La barbarie ya ocurri&oacute;<\/em>, como dir&aacute; Adorno. El nazismo, m&aacute;s que cualquier otra acci&oacute;n humana, nos ha mostrado lo oscuro que nos habita, se nos mostr&oacute; el abismo del horror y ahora no debemos nunca olvidarlo. Algunos de los sobrevivientes al Holocausto, como el qu&iacute;mico italiano Primo Levi, dir&aacute;n que escriben sobre el horror que les ha tocado padecer justamente para no olvidarlo, porque si se olvida se repite. En muchas zonas de olvido, en diversas &eacute;pocas, podemos ver el sello del nazismo: de las entra&ntilde;as de la cultura se hace surgir la barbarie. Con el nazismo vivimos eso que Hannah Arendt se&ntilde;ala como la racionalidad banalizada del Mal.<\/p>\n<p>&ldquo;La verg&uuml;enza de ser hombres&rdquo; es la frase con que Primo Levi resume el hecho tr&aacute;gico del nazismo y los campos de concentraci&oacute;n. Cargaremos como civilizaci&oacute;n con la verg&uuml;enza de que el genocidio haya sido posible, el que no se haya podido impedir. Su apuesta es radical: los campos de concentraci&oacute;n nos habr&iacute;an inoculado, para siempre, esa &ldquo;verg&uuml;enza de ser hombres&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; hacer con esa verg&uuml;enza que nos fue inoculada hace 75 a&ntilde;os?<\/p>\n<p>El fil&oacute;sofo franc&eacute;s Gilles Deleuze, en su <em>Cr&iacute;tica y cl&iacute;nica<\/em>, es quien nos devuelve a la realidad del presente y nos pone ante esa misma verg&uuml;enza de ser hombres, que causan no solo las inmensas tragedias de los campos nazis, sino la cotidianidad de nuestras vidas acomodadas, la verg&uuml;enza ante &ldquo;una gran vulgaridad del pensar, ante una emisi&oacute;n de variedades, el discurso de un ministro o las proposiciones de los <em>bont-vivants<\/em>&rdquo;. Y abunda: &ldquo;no hay Estado democr&aacute;tico que no est&eacute; comprometido hasta el alma en esta fabricaci&oacute;n de la miseria humana. Lo que nos averg&uuml;enza es que no tengamos ning&uacute;n medio seguro para preservar, ni tampoco fuertes razones para liberar devenires, incluso en nosotros mismos&hellip;&rdquo;. Pero ya antes de llevar el sentir de la verg&uuml;enza, en particular la de ser hombre, como nos se&ntilde;ala Deleuze, este sentimiento es llevado al plano de la vida cotidiana contempor&aacute;nea, determinada por las &ldquo;sociedades de control&rdquo;.<\/p>\n<p>Arist&oacute;teles, en la &uacute;ltima parte del libro IV de su <em>&Eacute;tica a Nic&oacute;maco<\/em>, en su examen de las virtudes &eacute;ticas, nos dice parad&oacute;jicamente que no puede hablarse del pudor o de la verg&uuml;enza como si fuera una virtud; es, al parecer, una afecci&oacute;n pasajera, m&aacute;s bien que una verdadera cualidad, una perturbaci&oacute;n del &aacute;nimo y se la puede definir diciendo que es una especie de miedo a la deshonra. Los que se sienten con verg&uuml;enza, se ruborizan luego; a la manera en que los que tienen miedo a la muerte se ponen instant&aacute;neamente p&aacute;lidos. Son dos fen&oacute;menos puramente corporales, que son m&aacute;s bien caracter&iacute;sticas de una emoci&oacute;n fugitiva que un h&aacute;bito o cualidad. Arist&oacute;teles piensa que esta afecci&oacute;n misma de la verg&uuml;enza o pudor no tiene el mismo peso en todas las edades. Suele tener su asiento natural en la juventud, en tanto que los j&oacute;venes sean muy susceptibles de esta afecci&oacute;n, y esto es porque viven entregados casi exclusivamente a la pasi&oacute;n, y por ello est&aacute;n expuestos a cometer muchas faltas y el pudor les puede ahorrar muchas. De esta manera, dice el fil&oacute;sofo, alabamos entre los j&oacute;venes a los que son t&iacute;midos y pundonorosos; pero no puede alabarse esta timidez en un anciano; porque no creemos que un anciano pueda hacer jam&aacute;s cosa de la que tenga que avergonzarse. En tanto que se trata de una pasi&oacute;n o afecci&oacute;n, la verg&uuml;enza nunca se da en el hombre de coraz&oacute;n completamente recto, puesto que aqu&eacute;lla se produce como resultado de las malas acciones, y un hombre de bien jam&aacute;s debe cometerlas.<\/p>\n<p>Para Arist&oacute;teles, una cosa vergonzosa solo un coraz&oacute;n viciado es capaz de hacerla. Pero si alguno que por naturaleza es capaz de cometer un acto de este g&eacute;nero cree que solo por el hecho de ruborizarse de ello es ya un hombre de bien, incurre en un gran absurdo. La verg&uuml;enza &uacute;nicamente se aplica a los actos voluntarios, y el hombre de bien nunca har&aacute; voluntariamente una acci&oacute;n vergonzosa. El fil&oacute;sofo griego termina se&ntilde;alando que ciertamente la impudencia, que no conoce el pudor, es un vicio; y el que no se ruboriza del mal que hace es un miserable; pero no se hace m&aacute;s hombre de bien por el hecho de ruborizarse despu&eacute;s de haber cometido cosas tan culpables.<\/p>\n<p>Para el inventor del psicoan&aacute;lisis, Sigmund Freud, la verg&uuml;enza es un afecto que responde al hecho de estar expuesto al otro. Asociada a la moral y el asco, la verg&uuml;enza opera como un dique ps&iacute;quico. La causa est&aacute; en la p&eacute;rdida s&uacute;bita del sost&eacute;n del ideal, seg&uacute;n la representaci&oacute;n imaginaria que el sujeto se hace de &eacute;l. Su mecanismo es la p&eacute;rdida de la envoltura enga&ntilde;osa del yo ideal. Si atendemos a este planteamiento sostenido por el psicoan&aacute;lisis, el holocausto nazi nos dej&oacute; desnudos como sociedad moderna y civilizada, nos oblig&oacute; a perder la envoltura enga&ntilde;osa de la civilidad.<\/p>\n<p>&ldquo;Morir de verg&uuml;enza&rdquo; es el significante con el que Jacques Lacan comenzaba su &uacute;ltima lecci&oacute;n del <em>Seminario 17. El reverso del psicoan&aacute;lisis<\/em>. &ldquo;Es preciso decirlo, morir de verg&uuml;enza es un efecto que rara vez se consigue.&rdquo; Lacan va a cerrar esta &uacute;ltima lecci&oacute;n de este modo: &ldquo;si hay en vuestra presencia aqu&iacute;, tan numerosa, razones poco menos que innobles, es porque llego a darles verg&uuml;enza&rdquo;. Para el psicoan&aacute;lisis, la verg&uuml;enza es un afecto que forma parte de la serie de la culpabilidad; sin embargo, no se confunden. Lacan hab&iacute;a elegido puntualizar la verg&uuml;enza antes que la culpabilidad, agregando tambi&eacute;n que ese &ldquo;dar verg&uuml;enza&rdquo;, &ldquo;hacer verg&uuml;enza&rdquo; no supon&iacute;a un perd&oacute;n. As&iacute; como Deleuze, en la filosof&iacute;a, y Primo Levi, desde la vivencia, hablan de la &ldquo;verg&uuml;enza de ser hombre&rdquo; y hacen referencia a la tragedia del nazismo y la tragedia que se repite en la vida cotidiana bajo la instauraci&oacute;n de las &ldquo;sociedades de control&rdquo;, Lacan elige a la verg&uuml;enza para concluir su <em>Seminario 17. El reverso del psicoan&aacute;lisis<\/em>, donde quiso situar el discurso anal&iacute;tico en el contexto del momento entonces actual de la civilizaci&oacute;n contempor&aacute;nea.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De alguna manera, Lacan hace en este seminario una nueva edici&oacute;n impl&iacute;cita de <em>El malestar en la cultura<\/em>. En este seminario se puede decir, con Lacan, &ldquo;ya no hay verg&uuml;enza&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; sucede cuando la civilizaci&oacute;n tiende a disolver, a hacer desaparecer la verg&uuml;enza? No es cuesti&oacute;n menor si se considera que es tradicional plantear que la civilizaci&oacute;n va aparejada con la instauraci&oacute;n de la verg&uuml;enza.<\/p>\n<p>La barbarie ya ocurri&oacute; dice Adorno y, por tanto, la verg&uuml;enza de ser hombres se instal&oacute; en la sociedad moderna, esa que privilegi&oacute; a la raz&oacute;n. Bien podr&iacute;amos decir que la verg&uuml;enza es un afecto necesario para sostener la vida, no tener verg&uuml;enza implica que la ley no opere, es tomar una posici&oacute;n del sinverg&uuml;enza, la verg&uuml;enza es sost&eacute;n del deseo, es m&aacute;s a&uacute;n, si la verg&uuml;enza es un dique ps&iacute;quico, para Lacan es el &uacute;nico afecto que merece la muerte, morir de verg&uuml;enza. &iquest;Se puede escribir despu&eacute;s de Auschwitz? S&iacute;, y si escribir lo trasmutamos en vivir, mejor a&uacute;n; pero hay una condici&oacute;n que Lacan se&ntilde;ala: &ldquo;Avergonzarse por no morir de verg&uuml;enza dar&iacute;a tal vez un tono distinto, el tono de que lo real est&aacute; concernido&rdquo;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es imposible escribir despu&eacute;s de Auschwitz Theodor Adorno &nbsp; La liberaci&oacute;n es no sentirse ya nunca m&aacute;s avergonzado de uno mismo Nietzsche &nbsp; El pasado 27 de enero se conmemora la liberaci&oacute;n de los 60,000 prisioneros de los campos de concentraci&oacute;n de Auschwitz. 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