{"id":909,"date":"2022-01-07T14:30:37","date_gmt":"2022-01-07T14:30:37","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/01\/07\/la-decena-tragica-en-voz-de-salvador-quevedo-y-zubieta\/"},"modified":"2022-01-07T14:30:37","modified_gmt":"2022-01-07T14:30:37","slug":"la-decena-tragica-en-voz-de-salvador-quevedo-y-zubieta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/ensayo\/la-decena-tragica-en-voz-de-salvador-quevedo-y-zubieta\/","title":{"rendered":"La Decena Trgica en voz de Salvador Quevedo y Zubieta"},"content":{"rendered":"<p>En 1921, un viejo Salvador Quevedo y Zubieta public&oacute; <em>En Tierra de Sangre y Broma<\/em>, una novela que trata sobre los funestos sucesos acaecidos entre el 9 y 19 de febrero de 1913, durante la Decena Tr&aacute;gica y el sitio en La Ciudadela, que pusieron fin al breve gobierno de Francisco I. Madero. Dicha obra, fuera del cat&aacute;logo que comprende el prestigioso g&eacute;nero de Novela de la Revoluci&oacute;n, est&aacute; excluida tambi&eacute;n de todos los cat&aacute;logos, antolog&iacute;as, listados, bibliotecas y bibliograf&iacute;as de narrativa nacional de inicios del siglo XX. S&oacute;lo existen menciones escuetas en p&aacute;ginas de internet y textos especializados, como algunos de Emannuel Carballo o Christopher Dom&iacute;nguez Michael, quienes poco atienden al em&eacute;rito escritor de Jalisco, que fue profesor de lengua y literatura, adem&aacute;s de un brillante doctor en medicina galardonado por la Facultad de Par&iacute;s. Se sabe de una edici&oacute;n jalisciense de este libro en 1935, quiz&aacute; para hacer honores al escritor tapat&iacute;o que falleci&oacute; ese mismo a&ntilde;o (no podr&iacute;a asegurar ese dato), pero dicha edici&oacute;n es imposible de encontrar. Sin embargo, otra reimpresi&oacute;n de 1956, puesta en marcha por &ldquo;Colecci&oacute;n Econ&oacute;mica. Libros de bolsillo: Buenos bonitos y baratos&rdquo;, volvi&oacute; a poner en circulaci&oacute;n dicha novela de tema revolucionario, en lo que parece una reimpresi&oacute;n del manuscrito original de 1921, dividida en dos partes debido a su extensi&oacute;n de 431 p&aacute;ginas, pero a&ntilde;adiendo dos ilustraciones magn&iacute;ficas hechas al <em>gouache<\/em> que dan la impresi&oacute;n de ser para un libro de aventuras en el lejano oeste, quiz&aacute; para poder atraer algunos lectores a tan extenso y raro ejemplar (no podr&iacute;a asegurar ese dato). Hasta ah&iacute; no hay m&aacute;s, ni del autor (a quien apenas mencionan), mucho menos del ilustrador an&oacute;nimo (quien me parece formidable).<\/p>\n<p><em>En tierra de sangre y broma<\/em> es una novela muy complicada, escrita en una prosa muy pulida de marcado tono intelectual, con referencias po&eacute;ticas a la cultura cl&aacute;sica y barroca, que por momentos adquiere tonos modernistas. Un texto de dif&iacute;cil lectura que tiene enormes referencias hist&oacute;ricas y cient&iacute;ficas que sirven de apoyo al autor para ejemplificar o alegorizar ciertos pasajes, pero que para un lector poco entrenado resultan ininteligibles. La novela no se parece a ninguna escrita en el periodo y por momentos puede parecer anacr&oacute;nica, debido a su excesivo cultismo conservador y tono decimon&oacute;nico; tal vez esa fue la raz&oacute;n de su escaso &eacute;xito, ya que carece de la impactante y sobrecogedora simpleza estil&iacute;stica de Azuela, por ejemplo. No obstante, a la luz de un siglo, puede verse como un texto brillante que, si bien no puede ni debe ser catalogado como parte del g&eacute;nero de Novela de la Revoluci&oacute;n, s&iacute; se merece su esca&ntilde;o en la literatura nacional por m&eacute;ritos propios. Se divide en cinco partes que el autor quiere mostrar como si fueran actos de una puesta en escena absurda: &ldquo;Pre&aacute;mbulo: lo tragic&oacute;mico del poder&rdquo;; &ldquo;Primera parte: M&aacute;s broma que sangre&rdquo;; &ldquo;Segunda Parte: Tanta sangre como Broma&rdquo;; &ldquo;Tercera parte: M&aacute;s sangre que broma&rdquo;; &ldquo;Ep&iacute;logo: La sucesi&oacute;n de Jorge Alb&aacute;n&rdquo;<em>.<\/em> Dicha disposici&oacute;n, permite al narrador centrarse en los hechos hist&oacute;ricos como si de una farsa se tratase, colocando hechos, personajes y motivaciones en el absurdo para despu&eacute;s ir recrudeciendo el tono hasta la tragedia maderista y sus desenlaces; unos que cambiaron para siempre la Historia de M&eacute;xico. La novela narra los acontecimientos previos a la Decena Tr&aacute;gica desde muchas aristas, muchas voces y muchos escenarios pol&iacute;ticos y sociales que pueden concatenarse por medio del personaje Jorge Alb&aacute;n, un profesor &ldquo;agringadito&rdquo;, muy intelectual y <em>fif&iacute;<\/em>, que se desenvuelve con facilidad en diversos escenarios sociales y pol&iacute;ticos, desde los ranchos del altiplano y la huasteca, pasando por los palacios y las mansiones de <em>La Petit Paris <\/em>(nombre que se le daba a la Ciudad de M&eacute;xico en esos a&ntilde;os), code&aacute;ndose con la crema y nata de la sociedad porfiriana y francesa, como Madame Capel, una hermosa extranjera de muy finas formas que es el centro de la atenci&oacute;n aristocr&aacute;tica e inter&eacute;s amoroso del protagonista, quien sostiene al mismo tiempo una complicada relaci&oacute;n sentimental con una mujer ranchera de la huasteca llamada Tana, conciliando as&iacute; ambos mundos, marcando las diferencias sociales y la naturaleza femenina en ambos extremos de la balanza. Y es que cuando la matanza, hacia el final de la novela, de la mano con el circo pol&iacute;tico que se desat&oacute; durante esos d&iacute;as de confusi&oacute;n y muerte en la capital, la distinguida dama y la dura ranchera dibujan las condiciones sociales y carnales de forma magistral: una rehuyendo al compromiso y manteniendo el privilegio mientras la otra se entrega como soldadera a una causa tan incomprensible como absurda.<\/p>\n<p>La novela, adem&aacute;s, pone en juego nombres hist&oacute;ricos que s&oacute;lo pueden corroborarse a fuerza de un trabajo extenuante de investigaci&oacute;n: mandos militares felixistas, huertistas, maderistas y zapatistas que se &ldquo;volteaban&rdquo; y traicionaban unos con otros, esperando, casi como en un chiste, a ver qui&eacute;n iba &ldquo;perdiendo&rdquo; para irse &ldquo;acomodando&rdquo;, vendi&eacute;ndose al mejor postor. Generales y coroneles borrachos que brindaban con Victoriano Huerta un d&iacute;a y con Gustavo Madero al otro, como el general Jos&eacute; M. Cauz, uno de los &ldquo;volteretas&rdquo; olvidados por la historia. &Oacute;rdenes y contra&oacute;rdenes confusas y embadurnadas de explicaciones espurias, caballer&iacute;as cargando a prop&oacute;sito contra ametralladoras; artiller&iacute;a que no daba en los blancos, pero s&iacute; en el edificio Nueva Era y dem&aacute;s peri&oacute;dicos maderistas. Patrullas de soldados sin hacer nada, excepto matar a los transe&uacute;ntes, &ldquo;por puro gusto&rdquo;. Charcos de sangre coagulada y caballos destripados en la plaza del Z&oacute;calo, rodeada de estatuas de deidades grecolatinas, agujereadas por obuses, metrallas y morteros. Y el Palacio Nacional y la Catedral como mudos testigos de la horr&iacute;sona tragedia que, por momentos, como apunta en secas y chocantes iron&iacute;as, el autor hace parecer una enorme broma.<\/p>\n<p>Resulta obvio el tono antimaderista del autor, quien no oculta su desd&eacute;n hacia el finado m&aacute;rtir de la democracia mexicana y a quien juzga como un espiritista de doble moral cuya prominente familia de Coahuila hab&iacute;a vivido de la desgracia del pueblo mexicano por generaciones y que, una vez tomado el poder, &ldquo;Panchito&rdquo; volvi&oacute; a las mismas pr&aacute;cticas arist&oacute;cratas que tanto conden&oacute;, traicionando as&iacute; la revuelta social que se alz&oacute; en su nombre. Quevedo y Zubieta juzga duramente su falta de decisi&oacute;n y mano dura en los momentos claves de la restauraci&oacute;n del poder, mientras que la firmeza del presidente le resulta intransigente y rid&iacute;cula en decisiones que poco o nada serv&iacute;an a la naci&oacute;n. Empero, reconoce la tragedia que se ci&ntilde;e con su infame asesinato, adem&aacute;s de que condena la inhumanidad y la brutalidad con que martirizaron tanto a Gustavo Madero como a Belisario Dom&iacute;nguez, quienes aparecen como personajes que alzan la voz de la cordura en un mundo de locos. Salvador Quevedo y Zubieta, cuyos exilios, durante el gobierno de Manuel Gonzalez, cambiaron abruptamente su relaci&oacute;n con el conservadurismo y el liberalismo porfiriano, adquiere un tono renovado en su literatura ya avanzado el siglo XX. <em>En tierra de sangre y broma<\/em> es una novela donde el viejo escritor ya observa muy lejos las pugnas del poder que vivi&oacute; en su juventud, cuando sus pronunciamientos a favor del Segundo Imperio o sus roces con el compadre de D&iacute;az le costaron su salida de M&eacute;xico, al menos dos veces. Y es que la Revoluci&oacute;n lo tom&oacute;, como a todos, por sorpresa, e indudablemente el mundo que conoci&oacute; hab&iacute;a desaparecido para siempre. Esa es tambi&eacute;n la enorme broma que se insin&uacute;a a lo largo de la novela, ya que la Decena Tr&aacute;gica y su barbarie pone fin a la <em>Belle &Eacute;poque <\/em>mexicana<em>: <\/em>la ciudad porfiriana se vuelve una ruina y el mundo de los arist&oacute;cratas se va para no volver. Muere junto a Madero &mdash;por qu&eacute; no decirlo&mdash; todo el siglo que se arrastr&oacute; con guerras fratricidas, y la idea del &ldquo;liberalismo&rdquo; llega a su fin. La revoluci&oacute;n armada que provoc&oacute; el infame Victoriano Huerta, tras su traicionera y espuria ascensi&oacute;n al poder, se levantar&iacute;a con m&aacute;s violencia, m&aacute;s brutalidad y abrir&iacute;a el paso a un nuevo orden pol&iacute;tico y social en M&eacute;xico donde ya no figuraban los viejos modelos. Un nuevo parto para la naci&oacute;n mexicana; uno m&aacute;s doloroso y con nefastas consecuencias. Para 1921, a&ntilde;o en que se public&oacute; la novela, casi todos los protagonistas de la Revoluci&oacute;n Mexicana estaban muertos y ascendi&oacute; al poder, de la mano del general &Aacute;lavaro Obreg&oacute;n, una nueva clase pol&iacute;tica, la de la Revoluci&oacute;n Institucional, que dar&iacute;a forma al partido hegem&oacute;nico que dominar&iacute;a todo el siglo XX. &iquest;No es acaso esa tambi&eacute;n una broma? Seguramente para el viejo escritor s&iacute; lo fue, y su novela lo plasma magn&iacute;ficamente: la enorme broma llena de sangre que es la historia nacional.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1921, un viejo Salvador Quevedo y Zubieta public&oacute; En Tierra de Sangre y Broma, una novela que trata sobre los funestos sucesos acaecidos entre el 9 y 19 de febrero de 1913, durante la Decena Tr&aacute;gica y el sitio en La Ciudadela, que pusieron fin al breve gobierno de Francisco I. Madero. 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